El humor es parte imprescindible de la vida. Muchas de las circunstancias que nos rodean se hacen más llevaderas si tratamos de adornarlas con una sonrisa. Algunos, por nuestra forma de ser, casi exigimos que nuestro círculo de amistades sea capaz de hacernos reír cuando peor lo pasamos o en aquellas ocasiones que nos reunimos para pasarlo bien. Es natural. Como también lo es que desde los medios de comunicación se invite a tratar los temas de actualidad desde una perspectiva jocosa. Una opinión vertida desde cualquier tribuna se hace más digerible si se caracteriza por si ingenio, independientemente de si se comparte o no ese punto de vista. Pero no siempre se consigue el efecto pretendido, que es el de ser irónico, ya que algunos son incapaces de distinguir entre objetividad y subjetividad y a otros la naturaleza no les ha encauzado por el camino de la sátira.
Muchos programas de humor, tanto en radio como en televisión, tienen que convivir con las críticas que provienen de quienes consideran que la risa tiene sus momentos, aislados eso sí. En Francia existe un espacio para la distensión como en su momento lo tuvimos aquí, ‘Los Guiñoles’ que emite Canal +. En los últimos días se ha suscitado una creciente polémica con motivo de algunos ‘sketches’ en los que se veía a deportistas ilustres de nuestro país manifestando, de diversas formas y estilos, ser unos dopados. En un primer momento, y a raíz de la sanción a Contador, se entendió como un posible ajuste de cuentas entre la prensa gala y el de Pinto, a quien siempre han tenido entre ceja y ceja. Aunque ya habían desprestigiado antes a Nadal. Eso sí, posteriormente aprovecharon la repercusión de su iniciativa, y la consiguiente marea levantada en España, para ahondar en su propósito.
El propio Nadal, Gasol y Casillas han sido representados jeringuilla en mano, situación en la que, de eso estoy seguro, a nadie le gustaría verse reflejado. La parodia de un profesional, de su forma de ser o de actuar, es el ABC de Los Guiñoles. Aquí lo pudimos ver. Criticar el modo en que ejercen su profesión determinados personajes relevantes y sacarle punta a algunos errores que hayan podido cometer forma parte del show. Otra cosa muy diferente es la de atacar a un profesional yendo más allá de lo legal. No creo que a ninguno de nosotros nos agradase observar cómo alguien sostiene que para llegar a ser lo que somos, que para hacer carrera en nuestra profesión, sea ésta de la naturaleza que sea, hemos recurrido a algún tipo de favor, enchufe o sustancia prohibida.
Ya no insinuar, sino asegurar, que un deportista se ha dopado automáticamente significa que lo conviertes en un criminal. Tratamos con el peor fantasma de ese mundo. Es una acusación grave que, de ninguna de las maneras, se encuadra en los parámetros de lo cómico. Ahora asistimos a una lucha desigual: la de unos moñigotes contra iconos mundiales, no solo españoles. El enfrentamiento entre unos cobardes que se escudan en cartón piedra para tratar de culpar a unas cuantas personas sin aportar la menor prueba. No creo que se trate de chovinismo, ni que se aproxime siquiera a una envidia mal administrada como se ha podido leer y escuchar. Se ha querido hacer el gracioso y se ha perdido la compostura. El humor queda muy lejos de hechos así. La calumnia es lo que más se acerca y los Tribunales debería ser su más inmediato destino.
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