La librería de los Alpes
Me había detenido unos cientos de veces delante de esas vitrinas, la primera vez me llamó la atención el letrero que se sostenía misteriosamente sobre una putrefacta viga de madera, carcomida por la humedad, el frío y el tiempo: “Librairie des Alps”. Libros descatalogados anunciaba en un cartel. Pasó mucho tiempo hasta que entré por primera vez en aquel establecimiento pero siempre que pasaba por allí me fijaba en el señor mayor con barba postrado frente a su mesa inundada de papeles. Siempre estaba rodeado de colegas que parecían tertuliar con devoción sobre un altillo que daba paso a una especie de almacén.
Quería que la primera vez que entrará allí fuera con tiempo y así poder hurgar con la tranquilidad necesaria. Cuando abrí la puerta empujando un poco con la muleta, el anciano con barba de media tarde y chaqueta de cuero disculpó a sus colegas y se levantó a recibirme. La estancia desprendía ese aroma que desprenden los lugares antiguos, el aroma amargo de la pasta agrietada, a libro de páginas amarillentas y desgastadas. Le dije que no buscaba nada en concreto, que sólo quería ojear. Le mentí porque estaba deseando encontrar todos esos libros que no han sido traducidos, que han marcado hito en la historia de la cultura del alpinismo y a los que no imaginaba tener acceso. Todos esos sentimientos, aventura, información que se ha mantenido en su lengua oriunda. Le dije que por el momento sólo quería otear los libros descatalogados que anunciaban a la entrada y, seguidamente le pregunté que si tenía algún libro de Lionel Terray. Desde que leí Los conquistadores de lo inútil, uno de los grandes clásicos de la literatura de montaña convertidos por el mercado en un libro de moda y de culto.El anciano me sacó un libro de un estante alejado de aquellos que estaban en liquidación y mientras me decía con tono de advertencia que allí estaban los libros caros, me mostró un libro antiguo conservado en el interior de una funda de plástico. Era un ejemplar de Los Conquistadores de lo Inútil firmado por el mismo Terray.
No podía centrarme en ningún libro en concreto porque del título de uno mi vista cedía al título del otro, parecían sonarme todos y de un estante pasaba al otro. El librero me dejo a solas en mi abstracción y tras unos minutos, decidí centrarme en los libros apilados sobre cajas que vendían a buen precio, por si acaso alguna joya había pasado desapercibida para acabar mezclándose con el olor del cartón. Aquella librería parecía llevar abierta desde la época de Herzog. Tenía todo el aspecto de negocio familiar. El anciano continuó conversando con sus colegas que parecían o al menos aparentaban discutir sobre algo ciertamente interesante, sobre la conciencia ordinaria quizás, no sé porque la verdad que el tipo se las daba algo de listillo. Por otro lado fumaban sin complejo, cuando en Francia resulta casi inconcebible que la gente fume en establecimientos públicos. Así que por otro lado aquél podía ser uno de los últimos reductos anarquistas de la Francia revolucionaria:
- Oui, oui… Il est socialiste… - decían…
Estuve un rato absorto en los libros y en parte de la conversación que mantenían con devoción, intentando comprender algo. Y en mi abstracción me llamó la atención un libro azul de carácter antiguo con la pasta agrietada, “Premier de Cordée”. Era el libro de Frison-Roche, el clásico por antonomasia de la literatura de montaña, también el más vendido. Era la segunda edición de este libro, terminado de imprimir en 1942. Famosa novela que fue publicada en castellano en una sóla y única edición, publicada por la Editorial Juventud y de la cual no existen, hoy en día, más ejemplares publicados. De este libro se han vendido desde su publicación en 1941, alrededor de un millón de ejemplares. Paradigma de la novela de montaña y allí estaba, descatalogado. Lo cogí mirando a los lados casi como si de un robo se tratase, como si alguien me lo fuera a arrebatar de las manos. No podía creer que estuviera allí. Iba buscando libros que por no haber sido traducidos me resultaban seductores, podía aprender francés y al mismo tiempo ampliar el campo de conocimiento. La literatura de montaña en Francia tiene una trayectoria mucho más prolífica que en el resto de los países sobre todo por su tradición, además este género nació aquí, justo detrás del contrafuerte del Belladone con los hermanos Deluc y Saussure, de manera que la producción en este país es mucho más apabullante que la de cualquier otro. Ni que decir tiene que no es la capacidad intelectual la que ha determinado esta notable diferencia sino la situación geográfica que como sabemos es privilegiada. El hombre valoraba la firma de Terray sobre un Libro de los Conquistadores de lo Inútil pero se le había escapado una novela mítica que produjo un antes y un después en la forma de contar historias sobre montañas y también en la forma de entender el alpinismo clásico. No sé cuanto tiempo estuve pasando libros de un lado a otro como si de cromos se tratasen. Apilé algunos cuantos para luego elegir algunos de entre los que me parecieron interesantes. El librero que empezaba a incordiarme me dijo que contara los libros que cada uno costaba tres euros y algunos incluso cinco. El resto no descatalogado evidentemente se multiplicaba exponencialmente.
- Se contar señor, - le dije – y en francés se contar hasta el “cuatro veces veinte” así que todavía tengo margen de presupuesto me parece.
Quería hacerle un regalo a algunos amigos, así que empecé a elegir el más adecuado por lo que me inspiraba el título del libro y la persona a la que iba dirigido. Para Martín cogí un libro de Paul Vincent, un guía de Chamonix de la edad dorada de los Alpes que escribió un libro sobre las diez reglas del alpinismo y cómo construir tu propio chalet en diez pasos. En aquella época estaba de moda entre los alpinistas del momento aquello de construirte tu propia casa y me pareció apropiado para un tipo que a parte de ser un gran alpinista es de oficio, carpintero. Una cualidad nada común en los tiempos que corren. Para Germán encontré el Montañés en el Exilio anónimo de la editorial Arnaud, muy famosa en Francia y de total compromiso con la literatura de montaña. Para Christian un libro sobre Ordesa del francés Lucien Briet, Bellezas del Alto Aragón, otro clásico cuyo original se conserva en el museo de los Pirineos de Lourdes. No encontraba nada para Simón, pero cuando ví el de Frison – Roche, no pude evitar pensar en él y al mismo tiempo dije: - mierda. Sabía que era un libro muy conocido, un clásico y difícil de conseguir. Pero el argumento de la novela; el viaje inmediato de varios guías con el objetivo de rescatar a un compañero en el Himalaya y su carácter simbólico como novela “cisma” me hizo comprender que era más apropiado que acabara en las manos de alguien que supiera valorarlo, era un libro de coleccionista y yo ya encontraría otro ejemplar cuando pudiera apreciarlo lo suficiente. Ahora estoy a la búsqueda de el libro David Harris y su mezcla de droga, sexo y montaña, un conjunto explosivo y altamente sugerente para la mente atrofiada de los alpinistas, en “Des prises sous la neige” que me quedaré para luego intercambiarlo por el de Frison-Roche y por el de Paul Vincent…







Hasta hace unos años en el Wadi Rum sólo existía un puesto fronterizo que controlaba el paso entre Jordania y Arabia Saudí. La población del Wadi Rum empezó a desarrollarse en los años ochenta. Fue iniciativa del gobierno Jordano la de subvencionar expediciones


Pedro Soto, Rubén de Francisco y Alex Corpas abren SULAYR ( ED + 7b/+, 800m ) 



