2º FASE OCÉANOS DE ROCA: TAGHIA.
Es una progresión lógica de paredes, crecientes en dificultad, altura y compromiso de las rutas elegidas, finalizando en una Gran pared dentro de una gran montaña, como puede ser las “Torres de Trango” (Pakistan) o el “Shivling” (Nepal) ambas por encima de la cota 6000m, o en rutas técnicas sobre grandes paredes del planeta, como podría ser el Cerro Torre (Patagonia), o una gran ruta en libre en El Capitán (USA), o en una cara difícil de las Torres del Paine.
La primera parte del proyecto ha quedado consumada tras volver de la expedición a los Alpes Italianos con 4 primeras repeticiones nacionales en el estilo más vanguardista posible. Además dos de las actividades fueron reconocidas por la FEDME ( Federación Española de Deportes de Montaña y Escalada) que junto con el aval del Consejo Superior de Deportes galardonaron a estas escaladas con el Premio FEDME 2008 a la mejor actividad de Alpinismo Europeo así como a la mejor actividad de escalada en pared. Lo que coloca al equipo del Proyecto Océanos de Roca como puntero en su especialidad y una excelente proyección con resultados que le avalan. Toda la información y prensa se adjunta en el dossier.
En esta segunda fase, después de unas modificaciones inesperadas dentro del proyecto inicial, marchamos a Taghia, de nuevo mañana por la mañana. Cambios el destino de la Coordillera Blanca ( Perú ) por unas tierras y paredes no muy lejanas que renovaron nuestra inspiración en el pasado Mayo, una bocanada de aire fresco se filtro por los poros de nuestros sesos y ahora tenemos unos 120 kg de material pesado esperándonos en Marrakech y que emplearemos para poder encaramarnos a la roca y ascender por líneas desconocidas; abrir, aunque sea con la ayuda de toda esta chatarra. Volvemos en cuestión de un mes para seguir disfruntándo de la vida en nuestra tierra. Mientras tanto disfrutaremos de la paz que se respira en el Atlas, de la sencillez de la vida bereber, del cous cous y del té a la menta, de la vida…

“Todo pone a prueba al hombre, dice<span st
LOS ALPINISTAS NO SOMOS HÉROES
La época de entre guerras forjo un aura de heroicidad sobre la figura del alpinista. La gesta de la primera ascensión de la cara Norte del Eiger es un ejemplo claro de ello. La foto de Hitler junto a los héroes del Ogro con Hermairck y Henrry Harrer a su lado sonriendo lo representa claramente. Luego Bonatti sobrevive a un vivac a 8000 metros a tan solo unos pocos metros de la cumbre del K2.
Los alpinistas no somos héroes, los alpinistas somos ante todo atávicos egóistas porque solo hacemos lo que nos gusta. Recorremos miles de kilómetros para desempeñar una tarea que en esencia es inútil y no productiva. Por eso sufrimos la marginalidad con indiferencia, regocijándonos en ella. Y a veces rechazamos la sociedad porque no nos gusta, porque muchos no hacen lo que les gusta, porque muchos no gustan nada ni quieren buscarlo. Buscamos la soledad que como apunto Roberto Bolaño deriva de la vertiente egoísta del ser humano. Y practicamos sin pudor el individualismo metodológico por que ante todo el alpinismo, es un uso y disfrute y un sueño infinito que esconde, entre bambalinas, al más puro lobo solitario que pretende enfrentarse a sí mismo y conocer sus límites mentales y físicos hasta soslayar la ambición y afrontar la destrucción de su ego sintiéndose una auténtica mierda frente a la hermosa grandeza de la naturaleza, frente a la fuerza del viento y la furia de la tormenta, frente a la inmensidad inasible de las montañas. No buscamos la perfección ni la gloria pues solo queremos sentirnos salvajes y fuertes como animales en celo. Buscamos ante todo el mero disfrute, es una especie de hedonismo masoquista.
Con gente como nosotros el sistema financiero nunca se reanimaría pero si que lo ayudaría a lograr para si algo que infundiría en las personas una visión mucho más simple de la vida que nos acercaría a la comprensión de su ansiada búsqueda de sentido. Hace poco tuve la suerte de ver una película que expresaba claramente desde la perspectiva de un niño inocente la sencillez de nuestra existencia. La aparente banalidad de las historias sencillas a veces representan la inherente tendencia de la persona humana a convertir en complejo lo sencillo. El niño empezó a ahorrar en una hucha con forma de cerdito, obligado por su padre que intentó enseñar a su hijo el valor del esfuerzo como método humanista para alcanzar cualquier meta. Pero el niño, pasado un tiempo y cuando el cerdito ya no hacía ruido al agitarlo comprendió que su esfuerzo en el ahorro y en un sueño que se plasmaba en el deseo de posesión del muñeco de moda se invirtió en el amor que el niño sentía por aquél cerdito que destruyó al ansia de consumo. Así entendí que el amor actúa como elemento equilibrador dentro del mundo que nos ha tocado. Así creí entender que sólo hay que amar y valorar el mundo que nos rodea en su estado más salvaje y natural, por eso el niño se deshizo del cerdito para no darle con el martillo y acabar con él. Aprendió a valorar lo material desprendiéndose del objeto y transmitiendo la idea de que no hay que practicar el consumo desacerbado sino orientarlo y hacerlo de forma consciente y responsable. La crisis no la sufren más los más pobres sino aquellos que están acostumbrados a tirar con poco. Por eso nosotros somos los antihéroes, no somos nada. Somos personas que se dedican ante todo a realizar una práctica que tuvimos la suerte de descubrir y más tarde amar y odiar a la vez. Siempre podremos ser felices con unos pocos metros de roca vertical.

