Aterrizaje forzoso.
Antes de que mis ojos se abrieran estaba de nuevo en Grenoble, no regresé solo sino junto a la persona que lo había cambiado todo. Ahora todo tenía un matiz y un sentido distinto. Ya no hacía el camino solo sino acompañado y no siempre de una forma física. Luego cuando se fue, volví a quedarme solo. Pero eso es algo que ya sabía. Tenía que aprender a convivir con esa sensación, ahora que tenía a alguien la sensación de soledad era más aguda cuando ella me faltaba. Habíamos pasado unos días extraordinarios conociendo una ciudad que todavía no había descubierto. Ahora la ciudad entera me recordaba a ella, ahora mi mundo era su mundo. Una despedida más en la estación entre otras muchas, una estación que cambiaba en el tiempo y de un lugar físico a otro pero que siempre parecía ser la misma. Como si de algo seguro se tratase, acordamos vernos en Estambul, en la ciudad merecida del Atlas de Borges, la que fue Constantinopla. La única ciudad del mundo que alberga la cultura y el sabor de dos grandes continentes; a un lado del Bósforo Europa, al otro Asia. Volví la vista para no mirar atrás. Desde aquel instante solo pensaba en aquella ciudad maravillosa que desde ahora es símbolo de nuestro reencuentro en un futuro próximo. Pensaba en cómo sería el verla de nuevo en uno de esos cochambrosos aeropuertos o un algún lugar premeditado como el zoco o el downtown de la ciudad. Cogí el tranvía y me fui a dormir a casa. Cuando me desperté la luz inundaba la habitación filtrándose a través de las cortinas. Ya nadie había a mi lado. Era tarde, tenía que volver a preparar el petate, todavía medio hecho o quizás medio desecho. Cédric y Antoin llamaron a la puerta. La police! la police! gritaba Antoin con su humor característico. Nos marchábamos a una zona cercana a Italia. No sabía dónde. Y luego a la concentración de escalada en hielo que se celebraba en Briançons. Ahora retomaba de nuevo mi otro mundo; el de las gélidas montañas.
Nos habían dejado una casa en el valle de l’ Ubaye, cerca del valle de Mourin en donde íbamos a empezar de nuevo a escalar en hielo. La casa era gigantesca, de piedra tosca, con ventanas bajas, los muros parecían propios de un castillo. La nieve atascaba la puerta y hacía un frío que te estiraba el cutis. Montamos campamento en el salón que es donde estaba la caldera. El frío había llegado y el termómetro marcaba los -18ºC. Durante los dos siguientes días bebemos mucha sopa, comemos mucha pasta con aceite y atún y nos atiborramos de leer junto a la caldera que tanto nos gusta. El primer día escalamos dos cascadas de V grado como toma de contacto. Y el segundo, se levanta hostil, el mal tiempo entró rápido y puntual y la mañana amaneció poco amistosa. Cédric se levanta en cuanto suena el despertador y calienta el té. Antoin remolonea un poco y mientras desayunamos todos nos miramos como diciendo:
- ¿ realmente está el día para escalar?.
Parece que los franceses lo comprueban todo al pie de la cascada y sin decir palabra, nos montamos en el coche y nos adentramos de nuevo en el valle.
El cartel del puerto anuncia que está cerrado pero continuamos y unos kilómetros más adelante el cielo se abre y el sol se abre paso entre las nubes. La pequeña ventana de buen tiempo nos deja escalar hasta después del medio día, lo necesario porque. Tenemos que hacerlo rápido pues por la tarde nos esperan en Briançons. Ese día escalamos el cigarro de Badieu WI 6 con algún paso de mixto. Una cascada preciosa que los franceses ascienden con un estilo impecable. Luego de acabar el barril de cerveza continuamos nuestro viaje hacia Argéntiere la Bessée. Allí conozco al resto del Equipo Nacional de Alpinismo francés. Simón y el resto del equipo junto con el femenino vienen de camino y tienen que atravesar todo el temporal de nieve que se acerca a la zona.
Esa noche comienza el Festival de Hielo de Briançons, todos los franceses me preguntan por Simón, por el equipo. Dónde están, dónde están. Le digo a todo el mundo que están de camino aunque realmente se que es bastante difícil que lleguen esa noche. Me dicen que claro, llegan a la hora de los españoles… Qué mordaces son los franceses. El ambiente, es el propio de los Alpes, mucha marca, mucho ego rebosante frente a posters de Petlz con el bolígrafo en la mano. Mucho gesto de a ver quién me mira. Sin embargo parte de los alpinistas se desmarcan de todo este baluarte de esnobismo y parecen permanecer al margen. Conozco a Christophe Moulin y a Stéphane Benoist que presenta una proyección muy interesante sobre su última apertura a la norte del Nupste; Are you experienced? homenajeando al debut de Jimi Hendrix. Aunque no sé si es un paralelismo o una ironía. La actividad no representa precisamente un debut dentro de la prolífica carrera de estos dos alpinistas pero si que puede ser una provocación. La vía está abierta en un estilo impecable; dos alpinistas y dos sherpas, un estilo alpino de lo más purista. La última nominada al Piolet d´0r 2010.
Después de la proyección los franceses me dejan en la Gite que nos han reservado para la concentración. Como el coche no sube con toda la nieve acumulada, me dejan en la parte baja del pueblo y tengo que hacerme toda la carretera andando hasta llegar a la casa. Cuando llego a la Gite llamo a Simón para que me dé el parte del viaje, me dice que han estado a punto de matarse en un accidente pero que están bien. Me relajo, estoy cansado de abrir huella de un lado a otro con los franceses y la competición sobre plafón con piolets es algo que no me motiva demasiado. La competición nunca ha sido mi fuerte. Intento evadirme pero Simón me dice que compita, tú a dar la cara me dice que nosotros ya llegaremos. Cabr… Son las una de la mañana y tengo que estar a las siete en el pueblo para presentarme a la competición. Resignado pongo el despertador y a las cuatro de la mañana cuando ya llevaba unas horas durmiendo, Simón abre la puerta de la habitación y me dice:
- hola bicho! ya hemos llegado y hemos estado a punto de matarnos pero estamos bien. ¿A qué hora es la competición de hielo?
- Tenemos que estar a las siete de la mañana en el pueblo.
La expresión en los ojos de Simón me hace entender que es mejor que desconecte el despertador y así lo hago.
El día siguiente es un día de descanso, durante la noche vamos a ver a Mathiu el organizador del evento que nos tiene mareados de un lado a otro. Estamos hartos de este tio que nos dice una cosa y luego otra y para colmo la competición resulta ser un espectáculo bochornoso de vigorésicos que saltan de un lado a otro con los esquís y otros que se desnudan mientras hacen tracciones de un brazo con un piolets en la mano y sacan la lengua mientras pretenden alcanzar un maniquí desnudo. Estos alpinistas de los Alpes se han vuelto locos. En qué se ha convertido la élite, parecen payasos acróbatas. Es el colmo. Lo mejor de la noche; el vino caliente y la chucrut que se cocina en sartenes gigantes para todo el mundo. En este momento decidimos que esto no nos conviene nada y dadas las condiciones de las cascadas y el pronóstico de la meteo, lo mejor que podemos hacer es irnos a esquiar a La Grave, una de las estaciones más salvajes de los Alpes. Escalamos un día más, pero después de aprovechar los dos días de buen tiempo, la ventana vuelve a cerrarse y el nuevo temporal llega a la noche. El parte anuncia unos veinte centímetros, los franceses hartos de escalar los muy cabrones deciden que es hora de irse, es posible que el puerto quede cerrado al día siguiente y tengamos que dar un serio rodeo por Gap para llegar a Grenoble. No merece la pena quedarse con mal tiempo y yo aunque no he escalado mucho prefiero no arriesgar y volver a Grenoble para empezar a organizarme de nuevo con los estudios y en general, replantear un poco todo. Esa misma noche nos echamos de nuevo a la carretera y atravesamos toda la tormenta que viene del norte. Las ráfagas de viento nos obligan a parar el coche por completo en alguna ocasión y por un momento tememos poder pasar la noche en la cuneta. Pero con suerte conseguimos sortear la tormenta y a las una de la madrugada llegamos a Grenoble. Los franceses se quedan a dormir en mi casa. Es hora de descansar.
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