Y II: Un toque de gracia. Pero con picardía.

Vótame en Granada Blog

 

 

Me he dado cuenta de que lo único flexible es la realidad, el momento presente, como dijo Quevedo “ el tiempo ni vuelve ni tropieza”. Un día caminas y al otro no, porque yo si que puedo tropezar. Un día estás vivo y en menos de un minuto estas muerto y ya nada es. Andaba en ese bucle mental que no me dejaba vivir el momento, lo pasado y lo futuro, lo futuro y lo pasado. Y es aquí cuando la realidad flexible, se torna.

 

 Cojo la bici, muy temprano por la mañana antes de irme a esquiar. Llevaba una semana reorganizándome y readaptándome a mi nuevo presente, a mi nuevo futuro, regocijándome en mi soledad de la que no dejo de aprender. La ciudad estaba nevada desde hacía unas semanas. Me había acostumbrado a ese paisaje y a sortear los obstáculos en bici, me creía invulnerable. Así me había dado cuenta de que era peligroso. Pero vivimos en la sociedad del miedo, del peligro. Qué no es peligroso hoy en día. Tome la curva y cruce un paso dice peatones, teniendo siempre cuidado de los tramos helados, como siempre lo hacía. La bici deslizó e intente equilibrarme en marcha pero me fue imposible. Entonces supe que caía. Todo fue rápido. Me vi desparramado en el suelo de repente. Levante la cabeza y vi la bici a lo lejos, a unos metros por detrás de mi. Una señora que venía de comprar el pan me preguntó que si estaba bien.

 

        Ça va, ça va.

 

 Me dijo que tuviera cuidado con la pintura de los pasos de cebra que se solían forma placas de hielo y que no se veían mucho. Curioso truco, muy útil para viajar en bici por una ciudad medio helada. Al subirme de nuevo a la bici, note un pequeño dolor en el pie derecho al que no presté demasiada importancia hasta que me vi en lo más alto de la estación de esquí de Les 2 Alps. Después de dos horas de viaje en autobús el pie se me había enfriado y ahora me hacía cojear. Estaba bastante lejos de mi casa, el pie no estaba hinchado así que no creí que debiera preocuparme. Tome el telecabina y fue al apretarme las botas cuando vi que el dolor se incrementaba. Descendiendo por las pistas noté que la pierna derecha no me funcionaba muy bien y que el dolor no remitía sino que aumentaba. Hasta aquí llego el punto de calma y empecé a preocuparme. Busqué la salida más rápida y después de descender sobre las pistas encontré un telecabina de vuelta a la estación. El dolor cada vez era más fuerte. Cuando llegué a la estación podía andar todavía pero después de quitarme las botas en aquel cochambroso telecabina que se tambaleaba de un lado a otro, el pie ya no me permitía ni siquiera un leve apoyo. La parada estaba como a un kilómetro de donde me dejó el telecabina. Ahora ya estaba del todo preocupado, había subido sólo y ahora casi no podía  andar. Estaba claro que algo no iba bien. Llevaba la mochila, las botas y los esquís.  Para colmo , la estación estaba atestada y había que reservar obligatoriamente un billete de vuelta si no quería quedarme allí tirado. Recordaba haber visto una enfermería cerca de la Gare Routier, así que decidí ir andando de nuevo. A cada paso que daba el dolor aumentaba, estuve a punto de quitarme las zapatillas y meter el pie en uno de esos montículos de nieve a ambos lado de la carretera pero preferí esperar y llegar a reservar el billete. Cuando tuve mi billete, le pregunté al monsieur de la taquilla si había alguna enfermería pública en la estación. Me dijo que no pero que justo al lado había una. Era la que recordaba pero estaba cerrada. Me desesperé, me volví a sentr débil y solo. Nadie me había ofrecido ayuda en todo el kilómetro que había recorrido hasta la enfermería, tampoco yo la demandé. Llamé a la persona que ocupa mis pensamientos durante el día y la noche, durante mis sueños, al despertar… Necesitaba consejo, me quité la zapatilla y el calcetín pero el pie no estaba hinchado, tampoco el tobillo. No tenía claro si entrar en la enfermería, aquí en Francia el panorama sanitario está bastante más cerca del norteamericano que del español. La llamada me dejó más tranquilo, sobre todo después de escucharla sonreír. Me dijo que había lesiones que no se manifestaban con hinchazón o derrame. El pie era el mismo, olía igual de mal que siempre, los cayos y el pie amorfo no habían cambiado de aspecto pero cada vez me dolía más y mientras más se me enfriaba menos podía apoyarlo. Así que decidí que debía actuar, sobre todo porque ya no podía caminar. No podía llegar solo a mi casa de aquella manera. Entre de nuevo a la Gare Routiere apoyado en un bastón de esquiar y prácticamente como si tuviera una pata de palo pero sin ella, dando botes a la pata coja. Ahora llamé más la atención del hombre de la taquilla, le pregunté que me indicará la ubicación de la enfermería más cercana y el señor muy amable y profesional me saco un mapa y con su bolígrafo me indicó mi ubicación exacta en aquél momento y a dónde tenía que ir.

 

-         Tu estas aquí y la enfermería está aquí.

 

La enfermería estaba justo donde estaba el telecabina en el que me había bajado. Más o menos a un kilómetro de distancia. No podía deshacer ese kilómetro otra vez. Opté por pedir ayuda y pedí al lánguido señor que llamara a alguien para que me llevara a la enfermería porque ya no podía andar. Llamó a un autobús gratuito que circulaba por el pueblo y que me llevó a la misma puerta de la enfermería. Cuando entre en la clínica con los esquís y las botas enganchadas al cuello y la cara enrojecida por el ahorcamiento, la enfermera me dijo: – Bonjour!.  Le dije que me dieran un poco de hielo, por favor, a poder ser con un chorreon de whisky.

 

Después de una sesión de radiografías que hicieron que mi pie se sintiera importante, el doctor me dijo que lo que tenía era una distensión de ligamentos y que debía de guardar reposo durante al menos quince días. Como el pie cada vez me dolía más, pensé que podía estar roto así que casi me alegre por la distensión. Cualquier lesión para un deportista es una soberana putada. Unas más que otras, siempre podía haber sido peor. Aunque nunca dejas de pensar: y si el sol hubiera asomado, tras las nubes esa mañana y hubiera derretido la placa de hielo. Nunca puedo evitar pensar en esas cosas. Ayer me angustiaba sobre algo, algo cuyo origen no entendía; el sentido de la vida, la soledad… Y, hoy un día más tarde solo pienso en lo que me gustaría estar como ayer, corriendo por el parque o entrenando en el rocódromo. Inevitablemente la realidad cambia en un instante y no nos queda más remedio que aceptarla si no queremos que nos consuma. Tengo claro que no dejaré de aceptar mi propia y cambiante realidad en todo momento ni de aceptar mis propios prejuicios sobre ella, tampoco de modificarlos. Lo que ha acaecido no lo cambia ni Dios y es irrevocable. No obstante la vida siempre futuriza y está abierta a cambios, aquellos a los que se presta la realidad flexible. Hace poco ley algo que me dejó más tranquilo sobre mis dudas; “ … hay que saber sentir dolor y empatía; y saber dudar por consiguiente con vigoroso y templado sentido crítico” no recuerdo su nombre pero sé que son palabras de otro matemático.

 

Ahora solo me queda pensar en mi temprana recuperación.

 

A veces siento que la vida te dá el toque cuando más lo necesitas, quizás sea mi forma de encajar todo lo que me pasa. Hace unas semanas me sentía desmotivado, me sentí un poco apático, preocupado ciertamente por asuntos banales. No me daba cuenta de todo lo que esta pasando a mi alrededor. Creo que estaba perdiendo el norte, todo me iba tan bien que ya no era capaz de valorarlo. A veces, si no tienes la capacidad para verlo tu mismo, necesitas un cambio. Algo que te haga replantearte la historia desde otra perspectiva. Ahora la perspectiva ha cambiado.

 

 

2 Comentarios

  • Por la luisa, January 25, 2010 @ 6:58 pm

    cuerpo! que nos dise tu mama dendel feisbuq questás lesionao y que te digamos algo por el blós daquín o algo d’animos. y regreso de melilia de cambiar la perspestiva y me meto en el blós y me doy cuenta de lo muncho que llevas ya’scripto y de lo muncho que tengo que leerte. asín que quédame pendientico. te mejores, primor. y ya te iré contandillo. salud, poesía, monte y este abrazo en el que quepa el mundo, l.

  • Por Alejandro Corpas, January 26, 2010 @ 6:54 pm

    Qué tal barbas? Si ya me daba a mí que la Lola habría corrido la voz. Pues aquí estoy jodido pero aprendiendo. Me hacía falta un poco de amargura… uN besazo bicho y un abrazo y a ver si nos vemos cuando subas del sur al norte aunque haga mucho frío. Aquí la perspectiva también se cambia jop.

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