Estupidez humana

La evolución del conocimiento crece de forma exponencial gracias a la aplicación de las Nuevas Tecnologías. Para no quedarse rezagada, la estupidez lo hace a la misma velocidad. Matar al ser vivo más viejo hasta ahora encontrado para conocer su edad es muestra evidente de esta segunda afirmación que puede confirmar la primera, porque ambas, da la sensación, de que van íntimamente ligadas. Estamos en un momento en el que lo veterano solo posee el valor del rédito que aporta al instante, sin más pretensión para el futuro, por lo que cualquier sacrificio es válido con tal de cobrar ese valor de inmediato. Pasaron las épocas en las que el refrán “quien quiera saber que se compre un viejo” tenía valor. Ahora, la humanidad ha conseguido alargar la vida humana hasta edades insospechadas, pero corremos el riesgo de que sean sacrificados aquellos que no puedan justificar sus años para averiguarlos. Mientras tanto, la sociedad, y en ella la economía como principal activo (o pasivo, según de quién se trate), organizan todo a su alrededor en función de intereses a corto plazo. Y así, las empresas se permiten el lujo de prescindir de su personal que apenas media la centuria, con su carga de conocimiento y saber hacer, por ahorros económicos y agresividad. Es la guerra en la que solo son valorados los de espada en mano, dejando la estrategia y la proyección a las estadísticas y a los balances de beneficios inmediatos. Lo demás no importa, aunque esto genere en sí mismo problemas añadidos, entre ellos cargar a las arcas de las pensiones cada vez con gente más joven, que a su vez tiene una mayor proyección en su vida, y que a la par hará disminuir sus pensiones por esta misma circunstancia. Pero la contradicción radica en que además no son reemplazados por jóvenes. En absoluto, sencillamente no se sustituyen, y sus puestos son amortizados. Las máquinas son las que responden, y el deterioro del servicio ya no importa, porque nos volvemos a acostumbrar a ser números y anónimos.  Las calles se llenan de paseantes de edades medias, plenos de conocimientos y saber hacer, que se cruzan con jóvenes buscando empleo. Las empresas miran sus beneficios sin contemplar la función social por la que fueron creadas; si se duda de la edad de alguien a la hora de valorarlo, sencillamente se acaba con él para pasarle el carbono 14 en forma de jubilación anticipada. Después, se publicará un artículo con los resultados en una revista de alto impacto. Mientras, los viejos llenan los asilos en los que apenas unos pocos empleados pierden su juventud intentando llegar a todos porque falta mano de obra. Los mayores callan, solo tienen tiempo para ayudar a sus hijos en sus necesidades básicas, porque la sociedad también les ha dado la espalda. Aumenta el conocimiento de forma exponencial, aunque no sabemos para qué, el para quién es más fácil de averiguar, cada vez hay más ricos.

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