El futuro con optimismo, a pesar de todo

Hemos de darle la vuelta al estado de ánimo que asola nuestros pensamientos. En Granada esta vuelta ha de ser total. Esta tierra saldrá de su adormecimiento, porque ahí está nuestro futuro y el de nuestros hijos. Por mucho que se empeñen los gobernantes en que fuera se está mejor que dentro, fuera hace mucho frío, para los jóvenes también. Y más cuando aquí pueden crear aquello que necesitan, y lo que esta tierra precisa de ellos, que a veces parece que se favorece a quien trabaja, cuando lo que se hace es cambiar tiempo y esfuerzo, rendimiento y producción por un salario, que a veces no se ajusta a los primeros.

Granada es tierra con una potencialidad enorme. Su capacidad de producir no parece ser acorde con la realidad que en ella se vive. Nos centramos solo en problemas de la calle, tráfico, obras, suciedad, ruidos, etc., todos señales de malas decisiones o de proyectos a medio hacer. Lo cierto es que aquí hay más aspectos positivos y que pueden generar riqueza y prosperidad que estas lamentaciones que arrastran nuestra historia. Esta es tierra de arte, donde la creación ha sido siempre un estandarte. Cierto es que con frecuencia se autofagocita, pero tal vez por la mala o nula delimitación de sensibilidades, por el caudillismo a veces imperante, por la falta de libertad al vender las creaciones. Si cada cual desarrollase su capacidad sin más límites que la capacidad misma, con una selección natural de calidad, sin manijeros ni contratantes que especulen para sí, el arte estaría en las calles, música, poesía, narración, escultura, pintura, diseño, imagen…, todos en su espacio, generar importantes dividendos, no solo a sus creadores, también a un movimiento empresarial de mentes diáfanas y propulsoras que creyese y apoyase desde el primer instante. Pocos lugares hay en Europa con la capacidad de Granada, y sin embargo, muchos de esos pocos sí han sabido poner en valor la esencia de sus creadores, y todos acuden hasta allí para vivirlos. Tras estas fuentes llega un turismo ávido de cultura, con un poder económico estimable, que pondría otros sectores en alza, como las comunicaciones internas, gastronomía, rica como donde más, hostelería, comercio, ligado al sector productivo del arte, la puesta en valor de productos autóctonos, tanto agrícolas como ganaderos, el turismo rural, la grandiosidad de la sierra, el sosiego de la costa, el magnetismo de la Alpujarra… Tantas y tantas posibilidades de autogeneración que uno piensa que con una buena tripulación este barco podría navegar por maravillosos mares. Y ahí es donde hay que empezar a buscar, después diseñar, ejecutar, ir construyendo, porque todo lleva su tiempo, pero si se sabe hacia dónde se va las cosas son más fáciles. Y dejar de mirar a los vecinos en las envidias que puedan despertar, si acaso en aquellas otras cualidades en las que podamos cuanto menos igualar, si no mejorar.

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