Mañana es el día de la mujer

Mañana es el día de la mujer, de todas las mujeres, de las que solo trabajan en casa, de las que lo hacen en el campo y en casa, de aquellas que trabajan en una oficina, o escuela, u hospital, o comercio, o de policías, o de guardias civiles, o de barrenderas, o de arquitectas, o de taxistas, o de conserjes, o de conductoras, o de políticas, o de limpiadoras, o de altas ejecutivas, o de presentadoras, o de camareras, y en casa. Mañana es el día de la mujer, de la que decide cuándo quiere tener un hijo, y de la que decide cuándo no es el momento, o sencillamente no quiere tenerlo; de la que va a misa y la que se va de copas, o de compras, o a tomar un té con sus amigas, o con sus amigos cuando le da la gana. Es el día de la mujer a la que su compañero o marido ama y respeta y cuida, y de la que es atormentada cada día con palabras soeces y gritos y voces e insultos y golpes, y aun así sigue en casa. También es su día. Y es el día de la mujer que dice basta, que es tan persona o más que ese otro que se aprovecha de ella cada jornada en el trabajo, o en la casa, o en la cama, o simplemente la ignora porque no hace lo que a él le gustaría, y le coloca dispositivos de seguimiento en el teléfono para saber dónde anda. Mañana es el día de la mujer que ha optado libremente por anteponer a los demás a sí misma, y también de la que no se ha querido complicar más la vida y ha decidido quererse a ella, y mimarse y cuidarse y darse lo que a ella le gusta, y es libre. Mañana es el día de la mujer que cada día se mira al espejo y no se gusta, e intenta maquillar aquellas cosas que no la convencen, y sale a la calle y pisa fuerte porque piensa que esa es su obligación; y también es el día de la que se mira al espejo y se transforma porque el mundo de fuera no tiene nada que ver con su mundo interior. Y también es el día de la que rompió con los espejos el día que antepuso su mente a su rostro y se aceptó por encima de otros; y de aquella que mueve el mundo con su pensamiento, o con su voz, o con sus decisiones, o con un ordenador, o con su silencio, o con su misterio, o con un bolso en la mano, o con una sonrisa, o con su presencia, o con sus manos. Mañana es el día de la mujer que con su vida le da sentido a este planeta que sin ella no existiría, y si lo hiciera sería un mundo de mierda, porque ya nos encargaríamos nosotros de que así fuese. Pero mañana es su día por ella misma, ni por el mundo, ni por el ser humano, ni por los hijos, ni por sus maridos o compañeros. Ni siquiera por ese que ya empieza a ser un fantasma de la política, el ministro Gallardón, que tal vez no le enseñaron en sus caras escuelas que cada cual debe ser al menos dueño de su cuerpo, es lo que queda cuando te lo quitan todo.

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