Ciudadano presidente

Tal vez el ciudadano presidente Rajoy no haya entendido nada la realidad de una importante cantidad de ciudadanía española. Mientras han aumentado en un cuarenta por ciento los ricos en esta crisis, una enorme cantidad de personas se han visto abocadas a una situación personal desastrosa. Y él ahora viene a enmendarse la plana con algunos gestos más propios de peluquería que de cirugía. No se le cae la cara de vergüenza, si es que son ciertas las noticias que van apareciendo, con las medidas que parece quiere adoptar en los próximos meses, justo antes de las elecciones. Devolver la paga extra extraída a los funcionarios, o unos días moscosos, o algunos detalles más con los que pretende maquillar una situación cargada de jóvenes emigrando a otros países para buscar trabajo, personas con cuarenta y cinco o más años destinados a dar tumbos para ser contratados, salarios de miseria que están fortaleciendo las economías de los pudientes aspirando a los mil euros mensuales como meta, recortes en educación que han conseguido que no se puedan sustituir ni a quienes se jubilan, hospitales que no cuentan ni con los materiales básicos para atender a los pacientes, universidades en estado precario en personal, carreteras a falta de reasfaltados que pueden producir accidentes por ello, y un sinfín de situaciones que han venido a deteriorar la vida de los comunes ciudadanos no se soslayan con un maquillaje superficial. Hacen faltan cambios de calado, cambios en profundidad, que consigan implicar a la inmensa mayoría en la productividad de un país que no es solo de unos pocos, que cambie mentalidades en lo personal y social, que supongan mejoras en la vida de las personas, y no solo en materia laboral o económica. No es más feliz quien más tiene, sino aquel que puede vivir la vida con dignidad, con plenitud, sin estar con el ¡Ay! permanente en una existencia soliviantada por el devenir de los acontecimientos. Aquel que se siente seguro y tranquilo porque sabe que la sociedad lo apoya y respalda si lo necesita, y en la que cada cual tiene un sitio desde el que puede ser feliz y juega su papel como miembro de ella. Devolver una parte de una paga hurtada por ley, o el derecho a unos días para gestionar, o restablecer en parte una pensión sirven de poco mientras las familias sigan siendo desahuciadas a la par que otros se ponen las botas con el esfuerzo del trabajo vital de esos desdichados que a lo mejor solo ayudaron a los suyos para salir de una situación precaria, mientras los jóvenes se refugian en los botellones porque no hay otra oferta. Puede parecer demagogia o utopía. Es mejor esta demagogia que nos puede acercar a un futuro que una realidad cáustica que nos mantiene anclados en el pasado, y Rajoy parece más en el ayer que en el mañana.

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