La caloré del alcalde

Que la noticia ha dado varias vueltas a la Península, que a nuestro alcalde le gustan las mujeres mientras menos vestidas mejor, por aquello de las calores, que luego matizó, no vayamos a pollas. Los hombres bien vestidos, aunque les crujan los perniles por los cuarenta y tantos grados. Es cuestión de gustos, no se vaya usted a creer, porque igual una parte del personal piensa de forma diferente. Sí es cierto que pocos cargos públicos se atreverían a manifestar sus gustos tan íntimos ante prensa y estudiantes que han obtenido las mejores calificaciones en selectividad. Pero es que Pepe tiene ese gracejo natural con el que la naturaleza lo ha dotado, y además está ya de vuelta de tantas cosas que para qué se va a contener. Ya lo anunció en su investidura, aspiraba a ser hombre de consenso. Con esto ya está manifestando que quiere consensuar mientras dure en el sillón de la alcaldía. Él improvisa, no lee un papel ni aunque se lo mande Mariano, y claro, le salen sus esencias, su naturaleza, su pensamiento, sale en estado puro. Torres Hurtado representa a toda la ciudadanía granadina, de hecho en las noticias, donde de nuevo hemos vuelto a ser protagonistas y por casos similares a aquel de mujeres sumisas y esas cosillas a las que muchos no les dan importancia, se hablaba de Granada. Cosas de nuestra ciudad, que parece que la encasillan en lo más rancio y cutre de la nacional patria en la que vivimos quienes tenemos esa suerte. Y es que a la postre estos comentarios solo reflejan lo que ahí hay, la realidad de quienes la manifiestan, sin pararse un instante a pensar que esto ya debe ser otra cosa, que la educación, cultura, hábitos sociales, los esfuerzos por arrancar determinadas actitudes ante la opinión pública deben cumplir sus objetivos, que hay cosas que no pueden ser justificadas, que la igualdad de sexo va mucho más allá de cifras y palabras en función de intereses, que la realidad debe ser otra, y que hay que respetar al conjunto de la población, y el respeto pasa por erradicar estas cosas, en las que el cuerpo de una de las partes se sobrepone de forma implícita a la persona. ¿Cuestión de educación? Creo que Torres Hurtado no habría precisado que Salvador exigiera primero, y apuntara después, su no nominación a la alcaldía. Está haciendo los deméritos precisos para que se le sople al oído que gracias por los servicios prestados, que la salud le aconseja que pase a otra actividad más lúdica que la alcaldía, aunque en ella se le ve muy divertido, pero tal vez ese alguien le dirá que se divierta en otro contexto. Que es imperdonable e injustificable ya ha sido manifestado por la inmensa mayoría. Aún faltan algunos por decir algo, pero esos siempre callan cuando la picazón les sobreviene en sus partes propias, entiéndase en su propio cuerpo, quizás porque piensen lo mismo, tal vez por vergüenza ajena, pero eso en este instante no lo sabremos. ¡Ay la caloré!

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