Privilegios

Le ha dicho Montoro a los altos cargos de empresas públicas que se vayan bajando de los confortables asientos de los aviones y se coloquen en los de la gente normalita. Lo mismo debe ocurrir en los coches oficiales, que estamos a pocos meses de las elecciones y hay que dar ejemplo. A mi entender el ejemplo lo deberían tomar todos los que conforman las clases dirigentes de este país, no solo los altos cargos, también los otros. Los coches oficiales, con sus lunas tintadas y conductores, recogiéndolos por las mañanas de la puerta de su casa, viva donde viva, no son lo más gratificante para la ciudadanía, ni la caravana de escoltas, ni comidas gratis, y algunos hasta los pelaos se los llevan de gorra. No, y no por el tiempo que corre, por dignificación social. Además, ¿dónde se aprende más que en un bus urbano, caminando por la calle o viajando en un autobús interurbano en la fila 34? Del tren no hablemos, porque aquí estamos maldecidos. Y es que da grima cuando se llega al aeropuerto, y se ve a los políticos aguardando el embarque. Luego, los ves plácidamente sentados en la parte delantera, separados al menos por una cortinilla del resto del pasaje, como si no fuesen de este mundo, con sus cafés gratis, prensa gratis y comida gratis. Y sus chaquetas colgadas en perchas. Mientras, la tuya va hecha un higo en los compartimentos de arriba, aplastada por maletas y bolsos. No, no es muy reconfortante.  La clase política, incluidos los directivos de empresas públicas, se deben al pueblo, y deben caminar con los zapatos del pueblo, porque es la única forma de no coger rumbos desconocidos, de no convertirse en alienígenas, fuera de este mundanal espacio que curiosamente ellos gobiernan. Tarde, muy tarde llega esta medida; y corta, muy corta es. No comprendo el mundo de los coches oficiales, ni de los sobresueldos de asistencias a consejos, ni de privilegios en teatros y conciertos, donde están sentados en las primeras y reservadas filas, como si viesen y escuchasen menos, y por eso precisan de esos sillones (tal vez sea por eso). No entiendo que ninguna clase dirigente que cobre de dineros públicos tenga ningún privilegio al margen de servir a sus conciudadanos y cobrar un sueldo digno por ello. Y en lo demás, como todos, con sus hipotecas, utilitarios, bonobuses y esperas a que llegue el transporte. Todo lo demás son reminiscencias de un sistema que debería estar caduco y desterrado, que para unas cosas queremos ir muy adelantados y para otras nos quedamos en los orígenes de los tiempos. Y no es ya por la pasta que cuesta, es por la cara que se nos queda. Ah, y por la dignidad social, que pronto hay que abrir colegios, dotar hospitales, y cumplir con la dependencia. Apeándose de su coche oficial, ¿con qué cara puede decir un ministro, consejero o alcalde que no hay dinero para dar ayuda domiciliaria?

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