A navajazos

Si no fuera por la gravedad de la situación, la cosa parecería de mofa. En España han muerto hasta ahora casi cuarenta mujeres víctimas de la violencia de género, asesinadas por quienes las iban a querer para siempre, a golpes, cuchilladas, disparos y las más diversas formas que el ser humano ha inventado para acabar con la vida del otro. Es normal que la sociedad responda ante estos gravísimos sucesos que emponzoñan cualquier convivencia, que intente atajarlos, que se revista de una ley absolutamente contraria a estos actos tan denigrantes para la propia sociedad. Y es lógico que si cualquiera es testigo de una agresión de este tipo intervenga de forma fulminante, utilizando cuantos medios tenga a su alcance para evitarlo. Es por esto que los hechos acaecidos en Alomartes hace unos días, aun aplicando las leyes, que para eso están, no dejen de sorprender al personal. Uno entiende que se intente identificar a aquellos que le dieron lo suyo a este agresor, testigos presenciales del posible intento de asesinato a su expareja. Tal vez aquí Fuenteovejuna podría aparecer de nuevo, y no de manos esta vez de Lope de Vega. Es cierto, la sociedad avanza y la civilización debe imponerse, no intentamos disculpar a nadie, pero sí entendemos que la ira aparezca al presenciar hechos de este calibre. Hay que estar muy absorto en uno no sabe qué para sacar una navaja o cuchillo ante testigos y apuñalar a la exmujer de uno, a cualquiera, y pensar que solo te van a llamar la atención por el suceso. El agresor sabe, porque quien lleva un arma encima no lo hace para llevar peso, que todo puede ocurrir. Tal vez por eso no haya procedido a presentar denuncia contra sus presuntos agresores, a la postre salvadores de la vida de esta mujer, pues quien da una puñalada da ciento. Después vendrá la enajenación, pedir perdón, el arrepentimiento y todos los otros intentos de justificaciones que puedan ayudarlo a salir a la calle lo antes posible mientras la víctima queda enterrada en el camposanto para siempre. No justifico la violencia contra este presunto delincuente, presunto asesino en potencia y presunto maltratador. Pero sí puedo entender la ira en aquellos que no pueden permanecer impasibles al observar semejante acto delictivo, porque por mucha sangre fría que se tenga es muy difícil parar una agresión de estas características limitándose a sujetar al violento, quien con arma en mano puede seguir hiriendo a cualquiera que se acerque a él. Todo lo que venga después es posible que no esté recogido en las normas de convivencia, pero para saberlo hay que estar ahí, presenciar el suceso y actuar en consecuencia. Nadie nos enseñó a dialogar con alguien que tiene un cuchillo ensangrentado en las manos, con alguien que acaba de clavárselo a otra persona tal vez porque pensó un día que era de su propiedad para siempre, o vaya usted a saber. Ya lo dijo Lope: Fuenteovejuna, todos a una, o vivir para ver.

4 Comentarios

  1. Hay varias faltas de ortografía en este artículo de opinión, pero, corrijan, por favor, el error tan gravísimo de contenido: “Fuenteovejuna” es una obra teatral del Siglo de Oro español del dramaturgo Lope de Vega y no de Calderón de la Barca.

    1. Me llena de satisfacción comprobar que al fin se ha percibido este error tan grave. Gracias. Lo que no acabo de encontrar son las faltas de ortografía, que me gustaría que me indicara. Muchas gracias.

      1. Porque supongo que habrá tenido usted en cuenta las nuevas normas ortográficas en vigor desde 2010 a la hora de hacer esa apreciación, normas que lamentablemente se conocen poco y por tanto se usan menos.

    2. Me parece increíble que califique de error gravísimo de contenido un lapsus como ese (y no acentúo el “ese” siguiendo las últimas recomendaciones de la RAE). Las faltas de ortografía no las veo en el artículo, aunque sí aprecio que en su comentario sobra la coma después del “pero”. Debería predicar con el ejemplo… O no levantar la vista de sus sagrados clásicos, porque el mundo real está repleto de errores, de erratas y de lectores resabidos.

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