La voz y la palabra

Juan Pinilla y Enrique Moratalla, o Enrique y Juan, que tanto monta. Música que va más allá de la música, que fusiona el tiempo en la cultura del verso y de los compases. Flamenco y ritmo de todos los tiempos en un espectáculo cuyo contenido logra saltar mares y épocas, que sintetiza corazones y figuras al compás de pitos y palmas, de voces desgarradas y voces claras, en cuyo centro habita el verso, o algo más, la palabra. Pinilla y Moratalla han compuesto algo más que un musical con Pessoa, Saramago, Lorca, Rosales, Egea, San Juan de la Cruz, Juan Ramón Jiménez, Piazzola, Ángel González, Aleixandre…, y también Woody Allen, Groucho Marx, en tanguillos deliciosos, textos musicados con un acierto exquisito, y sorprendente.

El cuadro conseguido es capaz de completar todos los sentidos, más allá de la vista, del oído, del tacto. Incluso el sentido común se ve reflejado en esta Voz y palabra, en La voz y la palabra que conforman esta obra artística que introduce estrofas en árabe perfectamente casadas con la voz en castellano, palos y astillas de la misma madera cultural, de la misma esencia humana a pesar de lo que algunos llevan intentado separar utilizando los peores medios. Y ello junto a la melosa lengua portuguesa en sus sonidos más suaves tras los guiños que unifican poesías íberas en un solo disco más allá de fronteras, rotas por la música, que no entiende de leyes ni montañas. Pinilla pone su portentosa voz, su fortaleza rítmica, su alegría y versatilidad, su inconmensurable y frenético arte al servicio de una idea globalizadora a la que Moratalla aporta tiento y calma, ronquido y melodía, poesía y experiencia, llevando y trayendo la memoria desde un tiempo que está más allá de los tiempos, que permanece como permanecen las sensaciones y emociones en el espíritu humano. Ambos complementan un cuadro, este cuadro, con todos sus matices y rincones llenos de frescura, llenos de emoción, llenos de un arte que solo algunos pueden gozar en su plenitud, pues aunque la poesía no tiene límites, el acceso a su comprensión está vetado a aquellos que buscan la materialidad en la esencia de todas las cosas. Y aquí la materialidad es sentimiento, es memoria, es un camino que se recorre a lo largo y ancho del tiempo. Al fin, el camino se va haciendo mientras se avanza, por eso estos artistas, acompañados por unos músicos que complementan a la perfección su arte, van haciendo camino en su cantar. Granada cuenta con más arte del que a veces parece sentir, incluso, con más arte del que a veces parece apreciar y valorar. Por eso todo es posible en Granada, incluso que por las noches, como en las gacelas de Federico, muera un niño, imprescindible para que amanezca un nuevo día. Hay aún quien es incapaz de comprender su propia vida si no es así.

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