2016

Aquí lo tenemos ya, vivito y coleando, este recién estrenado año que llega en una especie de transición. Se me antoja como los exámenes de septiembre, donde acaban quienes no fueron capaces de superar la materia en junio. En este año ya comienzan a repetirse las mismas historias de siempre, y sin solución de ver concluido, bien concluido, nada que comience o haya comenzado. Ahí tenemos ya los primeros martillazos a la sociedad con las primeras asesinadas por violencia machista. Y todo sigue igual, es algo normal en nuestra sociedad, entre nosotros. Ahí tenemos ya a los políticos dándose codazos de gusto por los datos de la bajada del paro, sin preocuparse, quienes deben, de que se trata de contratos que posiblemente se habrán acabado antes que las vacaciones, y con situaciones laborales miserables. Ahí tenemos ya una población que no sabe si tendrá que volver a las urnas en abril o mayo, porque los dirigentes políticos prefieren jugársela en su septiembre particular antes que poner la capacidad de diálogo, de consenso, de equilibrio sobre la mesa. Alguien ganará con estas jugadas de perdedores que pagamos entre todos, aunque unos más que otros.

En el plano doméstico, este año de transición debiera ser en el que el metro entrara en marcha de forma definitiva, y desaparecieran ya las zancadillas que el ayuntamiento ha estado poniendo para poder intentar golpear a una Junta, que tal vez debería haber hablado más fuerte y más claro. El AVE debería entrar en la ciudad tras la enorme cantidad de millones invertidos en su obra, aunque lo haga por deseo del partido gobernante a una estación de medio pelo. La segunda circunvalación tendría que ser concluida, aunque esto lo veo imposible porque parece no interesar a nadie, es una de esas obras que nadie ve y por tanto que a nadie preocupa. El PTS debería cobrar la vida que de él se espera, y a la cabeza el nuevo hospital, orgullo de la corona que tantos titulares está dando. Y esto último, añadido a la entrada en funcionamiento del centro comercial Nevada, va a originar un espantoso nudo en los accesos, por lo que la ejecución de una alternativa de comunicación en la zona debiera estar ya ejecutándose. Y más bien parece que alguien desea que se monte el lío ahí para echar culpas al contrario y poder seguir ocupando un sillón gracias a ese esperpento que se avecina. Al final, las cosas salen por aburrimiento, que es como pasan las cosas en esta ciudad, que todo tarda mucho más, que los avances son a base de sartenazos, que no se ve un proyecto de futuro, por la sencilla razón de que quienes nos gobiernan están más pendientes de su proyecto personal que de generar un sueño para esta sociedad por el que luchar, no solo ellos, sino el conjunto de la ciudadanía. Y así nos va, y nos seguirá yendo mientras la mediocridad siga instalada en la Plaza del Carmen. Feliz 2016.

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