La hoja de ruta

Se les torció a todos su hoja de ruta, al rey, a Rajoy, a Sánchez, a todos. Y es que Iglesias tocó la campana cuando se autopropuso como vicepresidente de un gobierno que no existe, con ministerios no pascuales en tiempos de carnaval. A Sánchez le torció el gesto y los planes, y a Rajoy le ofreció una escapatoria soñada. Las hojas de ruta cayeron del árbol de hojas perennes, porque todos aspiran a jubilarse ahí, aunque en ramas más altas, y es que hoy si no tienes tu hoja de ruta no eres nadie. Por eso hay quien pasa de concejal de la transparencia a concejal transparente, porque no lo ve nadie en el ayuntamiento, marcando su ruta vía Madrid cada semana, y a la provincia el resto del tiempo, porque cuando se es transparente hay tiempo para todo, pues nadie te ve, nadie te juzga y nadie te controla. Y es que todos tienen sus propias líneas rojas, unos las tienen puestas, para luego quitarlas y que salten las alarmas donde sea. Porque ahí está la otra parte, la otra madre del cordero, las bajadas de pantalones o saltos de líneas rojas, que donde dije aquello ya pongo ministros de las cosas que suenan bien y justifiquen lo que interesa al personal. Y en medio de esta fiesta que pagamos todos nos encontramos a Rajoy, que pensaba que subía, pero que cuando le preguntaron no lo tenía claro, que sí pero que no, o tal vez todo lo contrario. Que ha sacado más votos, más concejales del congreso y senadores de esa cámara que llaman alta, y que también podrían llamarla transparente, porque nadie la ve. Y Rajoy, abducido por Iglesias, ha decidido que sean otros los que se gasten la pana, que a su edad ya no está para que le hagan desaires, pero que sigue, como Felipito Tacatún., aunque no sabe para dónde. Y todos llamando a todos, y nadie escuchando a nadie, como los niños de dos años, cada cual jugando con su juguete, menos Garzón, al que se lo han quitado, por ahora, y Felipe lo sabe, que es por ahora, por eso lo ha llamado para hablar con él también. Como buen republicano, Garzón ha ido y se ha hecho la foto. Total, que entre las líneas rojas, que han pasado a ser rosas; las hojas de ruta, caídas con los aires de enero, y las aspiraciones de ser nos encontramos con que es posible que todos echen el trasero fuera para no señalarse demasiado. Y digo yo que hay que ver cómo aguanta el pueblo, el que paga, el que vota, el que mira y pronto estará estupefacto con el personal, con este juego de drones en el que cada cual piensa en sí como si fuese un ombligo, un único ombligo que quiere ser el centro del universo político de este país, aunque se les intuyen las pelotillas y pelusas por mucho que las escondan.

 

 

 

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