“Muncho Motril y mierda pal Chaquetas”

Motril siempre fue ‘muncho’ Motril, para todos menos para el Ministerio de playas, litorales y Arenas, y ahora ya quisiera yo escuchar a los mandatarios que lo gestionan, que seguramente sacian su sed y sus hambres en la misma cantina que los del AVE, la justificación inventada para cerrar playas de Motril en el golfo del verano, el 18 de julio, nada menos. Y es que para ellos esto ya no es lo que era, evidentemente. No han tenido tiempo, debían poner a tono las otras playas, las del resto de la Península Ibérica, incluidas las portuguesas, gallegas y catalanas. Pero en esta homilía nadie dirá nada. Su panegírico derivará a culpar seguramente a Susana Díaz o a Zapatero, que en su día no ordenó los vientos ni las mareas. O callarán. No se trata del hecho en sí, dos días sin playa no son significativos, lo señero es que aguarden a esos días. No, no hubo tiempo en abril, ni en mayo, tampoco lo hubo en junio. El ayuntamiento motrileño ha de resolver como pueda la situación, aunque seguramente habrá quien lo culpe de desidia, de desinterés por ser la playa que es, de no echarle cuentas a su litoral más que para cobrar impuestos, de descuidar sus obligaciones. Esas culpas son irreprimibles por quienes tienen derecho a echar siempre las culpas a los demás, que es su sino más natural, y el de sus palmeros. Y ahí se ha estado, con camiones yendo y viniendo, abriendo hoyos y extendiendo Arenas, y ganándose el jornal como antes, como cuando en este país no se votaba, de sol a sol, descansando para el bocadillo y para el cigarro. La falta de respeto hacia la provincia vuelve a ser evidente, lacerante; una provincia que ha votado mayoritariamente al Partido Popular, en el que militan y pagan sus cuotas quienes deciden estas cosas, pero a ellos eso no les importa, se han convertido en dependientes de la política y solo les interesa mantener sus puestos, y Motril es solo Motril; ignoran, porque lo son, lo de “mierda pal Chaquetas”. Ahora ya está todo resuelto, y todo el mundo callado y a seguir, porque dirán que la han dejado de dulce, de merengue blaugrana, y harán como aquel presidente de comunidad de vecinos que habiendo tenido el edificio hecho unos zorros durante todo su mandato ordenaba pintar y limpiar la semana anterior a la renovación del cargo. Nadie decía nada, porque todo estaba reluciente. Nadie se atrevió a llamarle en su cara ni sinvergüenza, ni descuidado, ni caradura, porque miraban a su alrededor y sentían que les habían pintado sus argumentos de color rosa pálido, como el ron, pero sin alcohol. Y así volvía a salir una y otra vez. Y es que estos detallillos solo marcan la línea entre el respeto y la ignorancia, entre lo serio y lo zafio, entre el cortijo y el cacique. Y no hay rediles que arreglen esto, estamos maldecidos en estos sures.

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