Hablemos catalán

Que ya ha llegado hasta donde los independentistas querían, que ya hay más habitantes de Cataluña que la quieren fuera de España, y si pudieran también fuera de la península (los aragoneses, felices, ya tendrían sus playas). Eso dicen las encuestas, lo que no dicen es cuál es la realidad de esa Cataluña que aspira a tener una sede diplomática en Panamá, para que los Pujol no tengan que hacer virguerías con sus dineros. Y es que uno se puede encontrar allí, en Barcelona mismamente, a David, joven psicólogo sexitano, trabajando de camarero en un restaurante, o a Jesús, de Campotéjar, en un bar sirviendo pinchos, o a Nuria, descendiente de La Peza, en la Boquería, o a Cristiam, descendiente de Íllora, de cocinero frente a la Sagrada Familia, o a Miguel, de Huelma, de taxista…   Y así tantos miles que superan con mucho el millón. No, no sabemos cuál es la realidad de esa Cataluña que ahora quiere ser independiente, que pretende dejar de pagar sus impuestos al Estado porque ella quiere ser el estado. En realidad ellos piensan, los que allí habitan y dicen hoy querer ser, que las cosas les irán mejor, porque los demás, los que allí solo vamos a dejarnos la pela o el esfuerzo y el sudor, ya somos un lastre para sus intereses. No es cosa de profundas raíces, porque algunos de esos pensadores las tienen como las orquídeas. No, la cosa es la de siempre, los intereses de unos pocos con mucho predicamento y espíritu enaltecedor sobre un porcentaje elevado de gentes, intereses económicos, no de libertades, ni creencias, no de raciocinio secular, intereses económicos, puros y duros. Todo tiene un precio, y desde Madrid lo saben. Por eso, salvo que algún desenfrenado pierda el sentido, los dineros vendrán a arreglarlo temporalmente todo. Pero no olviden esos catalanes que si hoy son lo que son no es solo por la sangre que corre por sus venas ni por sus ocho apellidos. No, es por el sudor de tantos andaluces, extremeños, castellanos y demás currantes que fueron allí porque interesó volcarse laboralmente en esa zona española en determinados momentos de la historia para aplacar y mezclar, fomentando tal movilidad desde estamentos gubernamentales, privando a otras tierras españolas de ese trabajo y obligando a la población a ir para buscarse la vida, y muchos, millones, allí se quedaron. La lengua catalana es uno de los principales patrimonios lingüísticos de España, no es exclusiva de ellos, y el desdoro que desde fuera a veces se hace es uno de los mayores errores políticos, además de una afrenta al patrimonio lingüístico nacional, lengua que debería ser enseñada en todo el Estado, lo que llevaría a fortalecernos a todos, aunque esto tal vez sea difícil de entender, pero no nos quepa la menor duda, la mejor manera de unir y de igualar es con un dominio lingüístico similar. Y el catalán se habla en más de un 25% del territorio nacional y es de todos, aunque no lo conozcamos.

 

 

2 Comentarios

  1. Seré muy breve, decir que me ha encantado.
    De temas ya tan machacados aún se pueden decir- y escribir- buenas cosas. Éste es uno de ellos.
    Un saludo cordial
    Carmen Rienda

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