Tuits a sus majestades

Si para algo fuesen útiles las cartas a la monarquía sacra, si alguien las leyera, si a alguien con poder interesaran, correrían por buzones y esquinas, de mano en mano, como corren los billetes de quinientos entre quienes compran voluntades. Pero hoy en día ni tan siquiera los correos electrónicos les serían suficientes. Ahora la clase política gobernante, que sabemos que anda por ahí por las consecuencias de sus actos, y la opositora, que asume su papel opositor sin preparador ni academia, ahora decimos han devenido en poner de moda los tuits, con un número limitado de caracteres, que a efectos de arma corta, de disparo que ha de ser certero, penetrante, profundo, claro, e incluso se puede dirigir a la misma compaña de partido, ideas, plato y garbanzos, ha cogido brillo y fortaleza como medio de transmisión de lo que parece que se piensa, de lo que parece que hay que interpretar, de insinuaciones que son, pero que igual no son, de carta de amor o de desamor, de besos morriles, abrazos de dagas y estrangulamientos sonrientes. Postureo al cabo.

Según lo dicho, parece lo más apropiado escribir un tuit a los Reyes Magos, en el que se les pidan los regalos para este recién nacido 2017, en el que en pocas líneas se acuerden de que nuestro metro debe comenzar a funcionar llegada la primavera, quitando tráfico de la ciudad y alrededores, haciendo la sopa boba a determinados centros-ciudades comerciales recién abiertos; pedirles que esta tierra sea tratada con la misma consideración que otras en el tratamiento ferroviario, acabando las obras del AVE con una estación acorde a los tiempos que vivimos, con una entrada a la ciudad que no la divida más de lo que ya está; un aire menos contaminado, por el que los aviones que vuelan aterricen y despeguen desde el aeropuerto, desde donde salen cifras tan rimbombantes como ridículas del número de pasajeros, que nos conecten con el resto de la civilización; empleo para nuestros jóvenes y demás parados que han de mendigar, bajarse las calzonas o marcharse a otras tierras para encontrar la dignidad del trabajo. Una atención hospitalaria con más esencias que ruidos donde, si se entra enfermo se salga sano, y en la que lo más importante realmente sea el paciente; unas escuelas con alumnos que sepan, porque sus padres sepan, que van a que los enseñen, no a que los custodien; unas librerías que vendan libros, porque se lea cualquier literatura, periódico o ensayo, porque solo leyendo seremos más libres; comercios que llenen sus locales de gentes a las que les gusta que se les trate de forma personal y cercana; calles limpias, aunque estemos en los barrios; políticos que velen por los ciudadanos sin pensar solo en los votantes. Regalos que son obligaciones, porque ya están cobrados. Pero a ver cómo ponemos eso en un tuit. Tendremos que sacar varias cabalgatas al año.

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