Contubernios nazaríes

El Partido Popular nazarí está calentito a pesar de la gelidez que corre por las calles granadinas, esas calles que los altos dirigentes solo recorren en tiempos de elecciones. Y es que hay tres facciones en busca del poder, ese animal que caldea las distintas partes del cuerpo y del alma. Dos de ellas son manifiestas, con Juan como adalid de un pasado reciente, en el que apostó de forma absoluta por Torres, con enroque incluido, cuyo cuerpo le jugó una mala pasada que le obligó a faltar por primera vez a un pleno en trece años, que parece una sentencia judicial, y cuyos compañeros de cuotas no están dispuestos a dejarle pasar. Juan, hombre sembrado en la cultura, animoso a la música y a los libros, quiere mandar en este partido en el que aún milita, y no duda en defender su derecho a ello, que lo tiene como cualquier otro pagano de cuotas. Y con manifestaciones pulcras en la forma deja caer el fondo de que él cree en esa democracia interna, y a por todas va. Luego está Sebastián, quien según Juan ha faltado más de treinta veces a los plenos, sin que se le esfaratara la barriga como le ocurrió a él, y nadie le ha dicho nada. Pero Sebastián es el que manda, por ahora, y quien manda es el que va llevando las cosas según sus intereses, y aunque no sea tan amante de la cultura como lo parece ser Juan, sí es amante del poder y de la imagen, que no hay más que recordar los únicos estandartes con su foto en algunos procesos electorales. Y es que el poder empica, y si no, eche un vistazo a cualquier plana mayor y verá que ni con agua hirviendo hay manera de mover al personal, salvo que se aplique la norma eclesiástica de elevar para apartar. Y ahí se encontrará a los dinosaurios del poder, aunque no a todos, pues hay sanos y maravillosos ejemplos, sin contar, claro es, a los que son apartados por los tribunales, pero esos son harina de otro costal.

La cosa es que ahí andan los dos, enzarzados de forma florentina, más con estiletes que con garrotes, siendo observados por la tercera pata, la interesada en que estos dos se despiecen, eso sí con la sonrisa en los labios, para ponerle la solución a Moreno sobre la alfombra, una solución renovadora y de rostro poco conocido, que venga a traer aires nuevos a un partido que tiene que justificar demasiados años ya en el poder capitalino en los que se han desgastado hasta los brazos de las chaquetas. Y porque su electorado es fiel como la misma vida, pero hasta la misma vida se acaba, y ellos lo saben. Por eso, Paco Cuenca puede estar tranquilo al menos en este año. Después tendrá que empezar a vender resultados, porque la derecha nazarí vendrá con las armas cargadas, y aunque los números solo sean números, las fuerzas serán otras.

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