Dónde vas, Bartolo

Los cuatro senadores granadinos acaban de votar a favor de que la Agencia del Medicamento vaya a Barcelona. En septiembre el Ayuntamiento Nazarí presentó una declaración institucional apoyando la candidatura granadina para acoger a esta Agencia, que saldrá del Reino Unido como consecuencia del Brexit. El Parque Tecnológico y la Universidad de Granada parecían suficientes atractivos para que pudiese recabar acá esta importante referencia europea. Pero nos olvidamos varias cosas. En primer lugar, de las conexiones entre Granada y el mundo. A una ciudad que está aislada por ferrocarril, y cuyos vuelos son pocos y los más caros de Iberia es difícil que acuda algo así. El turismo llega como puede, y porque vienen a descansar, pero venir a trabajar y a vender y a defender desde aquí son ya otros López. Hay que ser consciente de que el aislamiento al que estamos sometidos históricamente nos está retrasando de forma palmaria, sin remisión. Ni llegando otros Reyes Católicos se arregla esto, y no precisamente por la orografía. Es la cerrazón interna y los intereses de los embajadores que tenemos fuera lo que aísla a esta provincia. Y aquí radica otra de las razones del aislamiento que impide que aquí recalen empresas y entes poderosos, el papel que estos embajadores asumen cuando cruzan las fronteras del Reino Nazarí. Olvidan las necesidades y prioridades para las que desde dentro están mandatados, y se pliegan a los señores de otras tierras, que a la postre también controlan esta, como si tuviesen presos a los hijos de los reyes de acá. Y así, votan y callan a favor de los intereses de aquellos ante un gobierno centralista, obviando que sus votantes, que sus mandatarios les dieron otras órdenes. Pero a la postre quienes en ellos mandan no sirven a estas tierras, lo hacen y viven en aquellas otras que se llevan los privilegios, amparándose en multitud de ocasiones en el alejamiento de nuestro Reino, distancias puestas por ellos mismos desde el punto y hora en los que nos marginan con sus políticas rancias y manipuladoras, gracias a las cuales nos llegan a pedir 250€ por un billete de avión hasta Madrid, y nos cortan irremisiblemente nuestras conexiones por ferrocarril, y tardan 20 años en concluir las autovías, y tantos otros desmanes que hacen o permiten con sus silencios (silencios culpables) que en este Reino ocurran. Mientras, aquí se lucha por destronar al rey que ocupe el trono, un trono envenenado por quienes antes lo ocuparon, jactándose de los malos resultados de la gobernabilidad, causados por desmanes pretéritos. Y nuestros embajadores, cuando regresan a pedir el apoyo (voto), lo hacen resoplando y pegándose a los que protegen, que son quienes a su vez los amparan a ellos, de manera que todo queda en palacio, sin remisión ni alternativas, porque los nuevos emisarios lo primero que aprenden es el camino de ida. Y mientras, aquí nos empecinamos en pedir, que es gratis, en lugar de exigir, aunque nos tengamos que poner en pie de guerra.  Así, ¿dónde vas Bartolo con tanto servilismo?

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