El plan

La hoja de ruta está trazada, una ruta en la que cada cual juega su papel, a priori en función de ideologías, deseos, tendencias y tripas. Porque con frecuencia las tripas marcan caminos, o se espera que las ajenas salgan a flote y hagan desembocar los hechos según se marcaron en la hoja de ruta. Y aquí les están saliendo las cosas como las plantearon, desde dos ópticas diferentes que vinieron a converger bajo una misma señera. Los independentistas catalanes sueñan con su independencia, y no es preciso tener ocho apellidos catalanes, un nombre traducido es bastante. Lo demás es cuestión de presionar lo suficiente como para demostrar que con el Pep ya vale. Los otros, quienes buscan los beneficios por encima de todo, saben que achuchando los alcanzan, y la pela es la pela, así que suben al carro que sea pensando que antes de tirarlo por un tajo alguien parará, aunque sea con un montón de billetes en las ruedas. Ambos, independentistas y los interesados se unen en una misma marcha. Saben que con un gobierno conservador podrán alcanzar mejor sus propósitos, porque Madrid reaccionará de la forma que más les interesa a ellos. Y más aún con un presidente que calla, amorra hasta que pase la tormenta. Así lo hizo con los problemas del país cuando era vicepresidente, así lo hace con la corrupción de su partido. Es fácil de prever por dónde discurrirán las cosas. Se beneficiaron con la actuación policial el 1-O, estaba en la hoja de ruta, y su policía debía recular. Sabían que Europa comenzaría a mirarlos si eso ocurría. Y ocurrió. Ahora frenan, dan un paso atrás para coger más impulso. El gobierno dará otro paso más que si se le va de las manos ocasionará más voces dentro de Cataluña a favor de la independencia, voces que ni se lo planteaban hace cuatro días. Después llegarán las elecciones, y ahí, con el clima generado por las actuaciones desde Madrid, los votantes mayoritariamente les darán el sí a los independentistas. Si algo falla, estarán los interesados, que sacarán pingües beneficios de esta carrera. El caso es que la banca siempre gana. Si a esto añadimos el hecho de que si se adelantan las elecciones al Congreso, la derecha, y ahí ya incluimos definitivamente a Ciudadanos, es más que probable que alcance mayoría absoluta, ambas partes habrán triunfado. ¿Quién pierde? Esa otra inmensa minoría que está cansada de todo esto. Con lo fácil que habría sido una reforma constitucional, tan necesaria en muchos de sus puntos ya, que viniese a actualizar la Constitución, no solo a los tiempos en los que vivimos. También para los venideros, porque esta España ya no es la de hace cuarenta años, y ya se hace más que preciso que ciertas cosas se actualicen. La broma está en que todo esto ya estaba escrito, que ellos lo sabían, y han dejado que la situación llegue hasta aquí, hasta el hastío de la mayoría para el beneficio de unos pocos. Como casi siempre.

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