Magisterio

Sonia Gaya, consejera de Educación, ha anunciado en el Día del Maestro, que la Junta convocará 12.603 plazas para docentes en los próximos tres años, un paso fundamental para paliar necesidades del sistema educativo, pero que ha de ser acompañado por medidas sociales que ayuden a mejorar la eficacia de la escuela en nuestra sociedad. Atravesamos momentos en los que se hace más imprescindible que nunca la colaboración global en la formación de nuestras niñas y niños; colaboración entre todos, pero sin olvidar que donde descansa la educación es en la familia. No es tolerable que se deje en manos del magisterio la total responsabilidad del hecho educativo. Son las familias quienes han de educar a sus hijos desde el primer momento, y apoyar y respaldar a los docentes a lo largo de toda la escolarización. Flaco favor hacen a los pequeños si en casa no respaldan a quienes viven para formarlos. Sin embargo, es cada vez más frecuente arrebatar la autoridad al maestro, hablar mal de los educadores ante los niños, criticar sus decisiones, enfrentarse a ellos. No todo vale. Quienes dedican su vida a formar a quienes en el futuro serán quienes lleven esta sociedad no pueden ver comprometida su tarea por aquellos que son ayudados en la educación de sus hijos. Ser maestro es una vocación, porque no se puede entender de otra forma dedicar la vida a trabajar con personas cuya meta es la vida misma. La tarea docente no empieza ni acaba en el aula, es de los pocos trabajos que se llevan sobre los hombros casi las 24 horas diarias. Quien lo ejerce o lo ha ejercido lo sabe bien. Los padres deben aliarse de forma indiscutible con los maestros de sus hijos, y si en algo no están de acuerdo, piden tutoría y plantean sus disensiones, pero jamás hacerlo ante los niños, pues de forma automática están invalidando en gran medida el trabajo de los docentes. Ser maestra o maestro va mucho más allá de enseñar lengua o matemáticas, o historia o medio ambiente. Ser maestra o maestro es transmitir valores, conductas, respeto, trabajo, sencillez, compañerismo…, cosas que no recogen los libros, actitudes ante la vida, normas de conducta que son imitados por quienes tienen ante sí miles de horas en los comienzos de sus vidas a estas personas que la sociedad pone ante ellos, a cambio de mucho menos de lo que la gente cree. Respetar al docente es respetar a la sociedad misma, es respetar a la familia y al futuro. Ser maestro es mucho más que estudiar una carrera o aprobar unas oposiciones, es abrir el alma cada día durante muchas horas ante ojos y oídos, ante mentes despiertas que están enjugando todo lo que ven, todo lo que escuchan y todo lo que sienten, que están construyendo el futuro de esa persona que hoy llamamos niño. Y luego vienen las correcciones, las libretas, la generación de actividades, los modelos de vida… Ser maestro es pensar siempre en quienes tienes frente a ti, aunque esas personas aún no lo sepan.

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