Moclín y su castillo

Cada día se puede aprender algo, lo que no quiere decir que se consiga. Hay que querer, porque algunos se pegan la vida entera y están peor que cuando salieron de la escuela, de chicos. El caso es que ahí está Moclín, con su castillo, con su Señor del Paño. Yo aprendí hace poco que lo del Paño no venía referido a la tela en la que está el Señor, que es una banderola que los Reyes Católicos, más bien ella, entregó a Moclín como reconocimiento. Que no, que el paño era lo que ahora se conoce como catarata, en el ojo, sí. Y que quien cuidaba de la iglesia la padecía en aquellos entonces, y se obró, cuentan, el milagro gracias al Señor. De ahí lo de Señor del Paño. Y encima, justo, oteando el horizonte, está el castillo, o lo que queda de él. Un espacio que otrora fue decisivol en la conquista de Granada, en la caída del reino Nazarí. A mí me lo contó quien lo sabe, allí mismo, con la vega por delante, y los montes rodeando la atalaya. Con precisión, dónde se colocaron las huestes, cómo fueron las maniobras militares, la impaciencia de la nobleza, los ataques furibundos, a cañonazos, contra la fortaleza. Allí mismo, con La Mota enfrente, con Olivares, Tózar y Limones en el Camino, con Tiena atenta. Allí, donde se fraguó la penúltima hazaña de los católicos antes de hacer rendirse al musulmán, con el hijo del árabe encerrado en la torre de este castillo durante años, torre que tiempo después serviría de vivienda a quienes tras la guerra, la otra guerra, se quedaron sin nada. Y ahí está, con su magnífico aljibe, con las piedras aguardando a que alguien tome la decisión de restaurarlo, de ponerlo en valor, de situarlo de nuevo en la historia y que venga a complementar la esencia cultural de esta tierra, que en este caso va mucho más allá, porque no se trata solo de la historia granadina, forma parte de la historia de España. Como tantas otras cosas, si estuviese en otra parte sería preciso hacer colas para visitarlo, pero aquí, con las carencias que hay aún, todo nos parece mucho, o nada. Y esta tierra hay que levantarla, seguir levantándola, a partir de ella misma, de poner en valor su historia, paisajes, futuro, con la realidad existente, que no es poca. Granada es mucho más que Sierra Y Alhambra, tenemos esa suerte, pero aún no lo hemos sabido, o no hemos podido saberlo, o si lo sabemos, no podemos lanzarla. Y ya es hora, es preciso buscar los recursos económicos para restaurar este castillo y sus alrededores, porque cada euro que se invierta ahora en él traerá trabajo, prosperidad, futuro y dinero a una tierra que está inundada de olivos, montes, agua y esperanza. Solo falta creer en ella, que alguien desde algún lado le quite el paño de los ojos para que vuelva a ver con la energía que encierra.

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