ETA

El Día de la Cruz ETA comunicó que dejaba el terrorismo, el asesinato, la extorsión, el bandidaje que aterrorizó a este país durante sesenta años, que acabó con la vida de 854 personas, con alrededor de 2.500 atentados. Uno de esos atentados lo sufría quien firma esta columna. Apenas un niño de 8 años, olí la pólvora, el polvo, la desesperación ante unas paredes que se abren y unas puertas arrancadas. Y la indiferencia de un pueblo que a la mañana siguiente salía a la calle como si no hubiese pasado nada. El recuerdo acumula ambos hechos, la explosión, el caos, la humareda, los cuerpos apenas reconocibles por las consecuencias de la explosión de una bomba colocada cobardemente en una casa cuartel, y la normalidad en Beasain, como si todo fuese natural. Acababan los años sesenta, y aún no nos podíamos imaginar lo que aún quedaba por delante. Posteriormente, aquí, en Granada, volví a sentir al terrorismo etarra muy cerca, en varios atentados que se llevaron por delante vidas humanas. Pero la gente se echó a la calle, si bien se echaba de menos poner algunos nombres en el papel de la denuncia. Y es que el miedo siempre fue el principal aliado de esta banda de malhechores que el día de la Cruz anunciaron que ya lo dejaban, que con sesenta años pareciese que les había llegado la jubilación. Sin pedir perdón, porque son cobardes, no dieron una palabra al aire sobre las víctimas. Ahora vamos conociendo datos, a través de los cuales a lo largo de estos años unos y otros se reflejaron, con los que algunos, unos más que de otros, buscaron ventajas políticas a costa de esta barbarie; ahora se deberían dar a conocer muchas cosas para que el pueblo, víctima de ETA, se entere de las verdades existentes tras esta sangre y sufrimiento. Y se deben conocer por justicia, no por venganza, para que el pueblo conozca lo que hay detrás de cada cual. Pero quienes entonces controlaban aún están en la mesa. Y no lo van a permitir. Y los bastardos que vivieron a costa de la sangre y de las lágrimas, todas inocentes, como supuestos soldados de una independencia por la que reventaban cabezas a tiros, mataban a niños en cuarteles, bombardeaban supermercados, tiroteaban a quienes pensaban…, esos que daban órdenes también, todos ellos querrán que se les perdonen y que se olvide, que perdieron su guerra, aunque no lo dicen. No, no se puede olvidar, y sobre el perdón, que cada cual actúe, porque el perdón forma parte de la intimidad de cada uno, y ahí nadie tiene derecho siquiera a sugerir. ETA ha acabado su actividad, ahora la sociedad debe poner a cada cual en su sitio, y cada conciencia debe autoanalizarse en el papel que ha desempeñado a lo largo de todos y de cada uno de estos miles de días, y que lo lleve como pueda, aunque las almas también crean callos.

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