Pinos, Puente cultural

El pasado sábado, mientras el país asimilaba el cambio de presidente, mientras las quinielas de ministrables comenzaban, mientras el Granada ganaba el último partido, mientras el Corpus echaba el cierre y en el mundo ocurrían algunas cosillas más, en Pinos Puente se entregaban los premios de la XLII edición de su Certamen Literario de Poesía y Relato Corto Castillejo Benigno Vaquero. Pareciese que solo los grandes acontecimientos marcan los rumbos venideros. ¡Qué gran error! El día a día, el gota a gota, el paso a paso, el partido a partido son los que van haciendo la historia de cada persona, de cada pueblo, de cada espacio. Al final, las sumas vendrán a posicionar la importancia de los pequeños hechos, y sus resultados se sentirán pasado tal vez mucho tiempo. Y así lo entiende el Ayuntamiento de Pinos Puente y la Asociación Benigno Vaquero, que desde hace nada menos que cuarenta y dos años (remontémonos a 1976), vienen convocando este certamen de relato y poesía, uno de los más longevos de Andalucía. Cientos de autores presentan sus trabajos cada año, y bajo la dirección de Pura Vaquero, con la complicidad del ayuntamiento pinero, han puesto este certamen en el mapa nacional. Prueba de ello es la enorme cantidad de trabajos que llegan desde todos los puntos del mapa patrio. Pero todo esto, que es importante, no suma ni tan siquiera una décima a la verdadera importancia de este certamen. Lo fundamental es su vertiente infantil y juvenil. La infancia y juventud de esta zona tienen cada año una llamada inexcusable a su desarrollo, no ya como poetas o como afamados escritores. No, la tienen a practicar la escritura para participar en un certamen literario, a escribir algo tan ‘siniestro’ como es poesía y relato. Sí, ahí mismo, donde Lorca, Federico que también fue niño, pasó una parte de su infancia, retratando luego campos, faenas, costumbres, coplas, letras de esta tierra, de esta parte de la Vega que también cuarenta años después de su muerte inició este certamen, sin beber de las aguas que la fama de Federico podría haber traído. Pero bebiendo de las mismas aguas que Federico bebió, respirando el mismo aire, pisando la misma tierra. Y con la humildad de los grandes. Sí, Pinos Puente es tal vez el pueblo que mejor ha mantenido una tradición de hacer que sus nuevas generaciones compongan poesía, escriban relato, y se suban a un escenario enorme a leer al pueblo sus creaciones. Y a publicarlas en un libro, cada año. Y a darle el relieve y la importancia que merecen los grandes eventos, sin cohetes, sin tracas. Con constancia, trabajo y una proa dirigida hacia un futuro en el que todos sepan que escribir y leer no perjudica nada más que a la ignorancia. La colaboración de sus maestras y maestros es imprescindible, pero ellos estarían dispuestos a estar ahí en cualquier pueblo. Lo que marca la distancia, además, es la labor cultural de quienes arriba han quedado señalados, desde hace 42 años. Cualquier cosa.

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