Mejor dejarse el cuello libre, por lo que pueda caer
Mejor dejarse el cuello libre, por lo que pueda caer

Qué lástima que mis sentencias no sean vinculantes. Les cuento textualmente y ya me dicen de parte de quién están.

Antecedentes de hecho: Suena el teléfono. Carlos Parras, antiguo novio millonario que reaparece tras seis años, me informa de que quiere verme, se ha acordado mucho de mí todo este tiempo, y tiene un regalo sencillamente perfecto que no puede esperar para darme.

Fundamentos jurídicos: La vida por fin sonríe al futuro sentimental de la joven e ingenua Daniela. Un exnovio arrepentido siempre es un caso prometedor, y si viene con regalo, el asunto mejora.

Sólo queda concretar. ¿Cuál es el regalo perfecto?

Pruebas realizadas:

Flores: Ni mucho menos. Es cosa sabida que hace años me pirraba por las flores, hasta que me di cuenta del estrés que me ocasionaban. Todo el día cambiándoles el agua y ellas cada vez más pochas. Menuda relación poco gratificante. No, Carlos no haría algo así.

El collar de diamantes: No es ningún secreto que tengo elegido un diseño de Bulgari. Llevo dos años ahorrando y ya casi llego a los 130 euros, así que apenas me faltan 12.745  para que sea mío. Carlos ha decidido ahorrarme ese éxodo. Lo adoro, lo adoro. Nota 1: No llevar nada en el cuello el día de la cita.

Un Mercedes descapotable: Mis continuas quejas acerca del Golf y sus cambios de humor por fin han surtido efecto. No es mi collar pero francamente es más práctico. Lo amo, lo amo. Nota 2: Imprescindible ir en bus, que luego traer dos coches es un engorro.

Un chateau con lago privado: La foto que tengo pegada en mi cuarto no deja mucho lugar a la imaginación. Ahí si les digo que se ha pasado, pero miren, si le apetece hacer una locura de amor tampoco  soy yo nadie para imponer mi voluntad. Que la haga, que la haga.  Nota 3: Avisar a mi casera de que es más que posible que no renueve el alquiler.

Conclusiones: Me presento a la cita sin ningún adornito en el cuello. Llego en metro, me marcharé en Mercedes si todo sale bien. Mi casera tiene instrucciones precisas por si no vuelvo. Allí está Carlos. Ha engordado diez kilos y sus entradas se juntan con las salidas, el pronto es a Caillou cuarentón, jersey amarillo inclusive, pero estoy dispuesta a pasarlo por alto. No todos los días le regalan a una un chateau.

Sonríe, saca una bolsita (no es de Bulgari pero lo mismo quiere disimular) y sin preámbulos saca el contenido de la citada bolsa. Un libro sobre Cetáceos corcovados al que ha dedicado los últimos 6 años. Al parecer cierta ballena azul que sale en la página 23 resoplando era clavadita, clavadita a mí si la mirabas de perfil.  Mi expresión lo dice todo, siento como el miedo lo atraviesa.  A este lo corcovo yo libro incluido.

Estoy hasta el gorro de oír que un libro es el regalo perfecto. Un collar de diamantes es un regalo perfecto, un Mercedes descapotable es un regalo perfecto, un chateau con lago privado es un regalo perfecto, lo del libro es un apaño si no tienes dos millones de euros para el detalle. No se lo dije así a Caillou, pero que lo pensé es un hecho, y se lo cuento porque es la pura verdad.

Fallamos: Me lo cargo y me lo cargo. ¡Que le corcoven la cabeza!

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