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HALLOWEEN

Bruja
A ver si me gano el respeto del vecindario de una vez..

La pura verdad es que me resulta una fiesta de lo más antiestética. Eso de decorar la casa con lápidas y calaveras, pues la verdad, no me acaba de convencer. Ayer estuve en una tienda buscando algún adorno coqueto y sin darme cuenta me estaba interesando por el precio de una telaraña gigante  que por desgracia no formaba parte del atrezzo sino un descuido de la limpiadora. Buena negociante la dueña, sí señor, me la vendía por cinco euros si estaba muy interesada  y me regalaba un murciélago tuerto al que le faltaba una pata. No quise hacer más indagaciones pero para mí que también era material original. Deben de haber aprovechado esta fiesta para hacer limpieza de almacén y encima sacar unos euretes.

Luego está el asunto de los disfraces, yo quiero ver qué pinta tendría de princesa o de hada o algo así pero no siento la menor curiosidad por saber cómo me quedaría un hacha atravesándome la cabeza. Más simpatía siento por las brujas y las calabazas. Una amiga de la infancia decía que toda mujer esconde una bruja. Buena o mala pero una bruja. No sé yo qué decirles, en más de una ocasión he tratado de convertir en gato a un par de indeseables y puedo asegurarles que de momento no he tenido mucho éxito. Y lo de volar en escoba pues también estaría sensacional así que este año estoy lanzada a invertir en una buena escoba y en unas medias a rayas rojas, a ver si salgo volando y dejo a todos los vecinos patitiesos de la impresión. Ya verán como ninguno me vuelve a mirar mal por no ir a las reuniones de la comunidad. Una buena puesta en escena y hasta es posible que me arreglen el jardín de balde. Sí, esta perspectiva me está animando, voy a decorar alguna calabaza y a hacerme la interesante por el barrio. Ya saben, algún comentario del tipo: “¿Habéis visto un pelo de ratón? Lo necesito para una cosita” o bien “¡Uy! Mi frasquito con aliento de murciélago que se me caía”… Ya les contaré, ya les contaré JA-JA-JA-JA-JA (Risa malvada, muy malvada).

El regalo perfecto

Mejor dejarse el cuello libre, por lo que pueda caer
Mejor dejarse el cuello libre, por lo que pueda caer

Qué lástima que mis sentencias no sean vinculantes. Les cuento textualmente y ya me dicen de parte de quién están.

Antecedentes de hecho: Suena el teléfono. Carlos Parras, antiguo novio millonario que reaparece tras seis años, me informa de que quiere verme, se ha acordado mucho de mí todo este tiempo, y tiene un regalo sencillamente perfecto que no puede esperar para darme.

Fundamentos jurídicos: La vida por fin sonríe al futuro sentimental de la joven e ingenua Daniela. Un exnovio arrepentido siempre es un caso prometedor, y si viene con regalo, el asunto mejora.

Sólo queda concretar. ¿Cuál es el regalo perfecto?

Pruebas realizadas:

Flores: Ni mucho menos. Es cosa sabida que hace años me pirraba por las flores, hasta que me di cuenta del estrés que me ocasionaban. Todo el día cambiándoles el agua y ellas cada vez más pochas. Menuda relación poco gratificante. No, Carlos no haría algo así.

El collar de diamantes: No es ningún secreto que tengo elegido un diseño de Bulgari. Llevo dos años ahorrando y ya casi llego a los 130 euros, así que apenas me faltan 12.745  para que sea mío. Carlos ha decidido ahorrarme ese éxodo. Lo adoro, lo adoro. Nota 1: No llevar nada en el cuello el día de la cita.

Un Mercedes descapotable: Mis continuas quejas acerca del Golf y sus cambios de humor por fin han surtido efecto. No es mi collar pero francamente es más práctico. Lo amo, lo amo. Nota 2: Imprescindible ir en bus, que luego traer dos coches es un engorro.

Un chateau con lago privado: La foto que tengo pegada en mi cuarto no deja mucho lugar a la imaginación. Ahí si les digo que se ha pasado, pero miren, si le apetece hacer una locura de amor tampoco  soy yo nadie para imponer mi voluntad. Que la haga, que la haga.  Nota 3: Avisar a mi casera de que es más que posible que no renueve el alquiler.

Conclusiones: Me presento a la cita sin ningún adornito en el cuello. Llego en metro, me marcharé en Mercedes si todo sale bien. Mi casera tiene instrucciones precisas por si no vuelvo. Allí está Carlos. Ha engordado diez kilos y sus entradas se juntan con las salidas, el pronto es a Caillou cuarentón, jersey amarillo inclusive, pero estoy dispuesta a pasarlo por alto. No todos los días le regalan a una un chateau.

Sonríe, saca una bolsita (no es de Bulgari pero lo mismo quiere disimular) y sin preámbulos saca el contenido de la citada bolsa. Un libro sobre Cetáceos corcovados al que ha dedicado los últimos 6 años. Al parecer cierta ballena azul que sale en la página 23 resoplando era clavadita, clavadita a mí si la mirabas de perfil.  Mi expresión lo dice todo, siento como el miedo lo atraviesa.  A este lo corcovo yo libro incluido.

Estoy hasta el gorro de oír que un libro es el regalo perfecto. Un collar de diamantes es un regalo perfecto, un Mercedes descapotable es un regalo perfecto, un chateau con lago privado es un regalo perfecto, lo del libro es un apaño si no tienes dos millones de euros para el detalle. No se lo dije así a Caillou, pero que lo pensé es un hecho, y se lo cuento porque es la pura verdad.

Fallamos: Me lo cargo y me lo cargo. ¡Que le corcoven la cabeza!