El pasaporte

Ha salido a subasta el pasaporte de Don Juan de Borbón, el rey que no reinó, padre de don Juan Carlos I, por la módica cantidad de 900 euros. La casa Lamas Bolaño, de Barcelona, era, hasta ahora, poseedora del documento de identidad, -fechado en diciembre de 1948-, del que fuera dinásticamente heredero de la corona de España, a cuyo privilegio renunció, por «imperativo legal», en favor de su hijo.

¿Cómo ha llegado hasta Lamas Bolaño un documento de carácter tan privado? Cualquiera sabe. ¿Un familiar? ¿Un próximo cortesano? ¿Un leal mayordomo? ¿Una papelera?

Cuando morimos nuestros deudos aprovechan todo aquello que es importante, valioso o salta a la vista pero siempre dejan olvidados objetos, alguna carta manuscrita o insignificantes documentos, a los que apenas se les presta atención hasta que el tiempo los revaloriza. Pero siempre hay alguien que escudriña y ratonea en mesas de despacho, bibliotecas y mesitas de noche y halla, en apariencia, elementos desestimables que suele hacer suyos en la temporalidad como un simple recuerdo.

Luego terminan en manos de coleccionistas o casas de subastas dependiendo, claro está, del autor o ex propietario de la cosa. No es lo mismo subastar el pasaporte del Conde de Barcelona que subastar el pasaporte del Conde Lequio aunque exista parentesco.

Independientemente de lo insignificantes o importantes que seamos en éste mundo lo mejor, estoy convencido de ello, es incinerar el contenido y el continente con objeto de que solo quede el recuerdo. Yo se que en las últimas voluntades lo mucho o poco se entrega con generosidad, obligada, a todos para que las disfruten. Pero no todo lo de uno provoca interés en otros.

Tal vez sería bueno regresar al pasado y enterrarnos como los faraones egipcios que solían «llevarse» lo principal, el ajuar funerario, a la tumba según la costumbre. Eran momificados, tras extirparle el “menudillo” y les dejaban el “pasaporte” para la otra vida. No se puede ir indocumentado.

Según los egiptólogos, Tutankamón, tuvo una sepultura erecta que es una forma muy graciosa de hincar el pico como el Pelicano pero instrumentalmente preparado, por si acaso, para la nueva vida. A Napoleón, que tenía fama de diversificador con las féminas y enamoradizo, no corrió la misma suerte y le cortaron el pene imperial, -que en centímetros no era nada del otro mundo- y fue subastado la última vez por 4.500 dólares a un urólogo americano. Ya hay que tener ganas.

A lo que íbamos que el pasaporte a la una, a las dos y a las tres ha sido adjudicado en la irrisoria suma de 4.400 euros. Han faltado cien euros para llegar a la puja finalista del pene napoleónico. Con ése pasaporte no se puede viajar pero se puede fardar que es una forma ilusa de estar en las nubes borbónicamente.

1 Comentario

  1. Este Sr. parece que es monarquico de toda la vida como su amigo don Sebastian jejejejejejejjejej

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