El escatológico excusado

La Asamblea General de las Naciones Unidas, que tenía el día libre, ha instituido el 19 de noviembre como Día Mundial del Retrete no solo para loar solemnemente los beneficios derivados de su adecuado uso, sino también como estimulante laxante para que el paisanaje deje de excrementar en el verde prado o bajo el puente en compañía del transcurrir del agua cantarina. Yo me imagino a nuestros primeros padres en el paraíso haciendo sus necesidades junto al manzano y a la serpiente zigzagueante en la huida desesperada por los fétidos olores que desprendían las evacuaciones de esos cuerpos desnudos, sin pecado original, pero hediendo de manera nauseabunda. Sospecho que los primeros paisanos escogerían lugares bucólicos para expeler de tal modo que el mundo comenzó con mucha mierda por doquier y así continúa.


Al parecer los primeros recipientes para defecar los idearon los romanos pero, desde aquella época a nuestros días, son los ingleses quienes se arrogan la paternidad del “moderno” wc. Se dice que en 1589 John Harrington lo diseñó con cisterna y todo y se lo regaló a la reina Isabel I, pero no tuvo en cuenta el necesario drenaje y quedó fatal ante su serenísima majestad que le denegó la patente. Años más tarde en 1775, curiosamente, un relojero obtuvo la primera patente gracias a las mejoras de su colaborador y carpintero, Joseph Bramah y pudieron comercializar un trono para las posaderas en acto de servicio.

En España recordamos aquellos excusados públicos donde acudía el viandante con la necesaria premura biológica. A veces sugerían, en su plasmación abigarrada de heces multiformes, verdaderas joyas plásticas de la más moderna abstracción pictórica que solían desdibujar a base de zotal las sufridas limpiadoras. O aquellas letrinas compartidas en las viejas corralas donde hacían turno, pacientemente, vecinos, vecinas y allegados en fila de a uno para miccionar o hacer de cuerpo.

En Tarragona, su ayuntamiento, ha aprobado una norma para que en las tiendas de “souvenirs”, ?como son “independientes”?, no se vendan ni gitanillas ni el toro de Osborne de España. Yo creo que el mejor símbolo que pueden exhibir y vender es el popular “caganer” en sus múltiples variables. Por cierto, que según algunos naturópatas, defecar en cuclillas es tremendamente saludable para el organismo e impide el estancamiento fecal, previene las hemorroides y las patologías intestinales.

Para muchos el inodoro es algo propio al que se le toma cariño y cierto apego como hemos podido comprobar, recientemente, con el político andaluz Raúl Perales, director general del Instituto de la Juventud, que ha ordenado desmontar el wáter que usaba con carácter exclusivo en su despacho oficial para que fuera trasladado a la nueva sede del organismo sustituyendo al que allí había instalado.

El retrete es lugar de aposento para excretar pensamientos filosóficos, de lectura ociosa de historietas, de auditorio audiovisual, de refugio onanista o como vomitorio de ideas y proyectos que suelen acabar en la alcantarilla, con papel higiénico, cuando tiramos de la cadena.