El crecimiento del ridículo

Bueno, se acabó el turrón. Hemos celebrado, en Granada, unas navidades por lo general sin sobresaltos aunque con singulares y esperpénticas novedades. Por aquello de la defensa frenética y absurda de algunos –que no saben qué inventar– por la igualdad de género o por ese interés disparatado de cambiar la historia. Nos llegó, curiosamente, una Mamá Noel, con cien doncellas carteras en Otura y una puja por mujeres danzarinas en Chite, en el Valle –tradición de lo más ancestralmente inocente– que fue abortada a borbotones hipócritas en base a estúpidos argumentarios incluso con el mea culpa de provincianos políticos de todo signo.

En la capital sacaron a la calle, el Día de la Toma, no sólo el cortejo protocolario municipal con las primeras autoridades y el Pendón de Castilla, que fue tremolado en el balcón del Consistorio como manda la tradición –tradición que brilló, especialmente, durante la República por si algunos no lo sabían– Como nota colorista hubo desfile de las cuadrillas de moros y cristianos de Benamaurel, Cúllar y Zujar como ejemplo –digo yo– de la alianza de civilizaciones y con el objetivo, según voces autorizadas, de «sacar del extremismo» la conmemoración. El problema es que, curiosamente, actos similares y con el mismo espíritu de reconquista se celebran en Baza o en Almería, por poner dos ejemplos, y no se genera ningún extremismo ni polémica que suelen promover los grupúsculos extremados. Y anoche, en la cabalgata de la ilusión sin pasar por ‘pleno’, acompañaron a los magos tres reinas tituladas –no como otros años que venían figurando dentro del cortejo del vasallaje– que desfilaron ante el entusiasmo de la grey infantil y abuelos paragüeros. Granada, siempre en la avanzadilla de la innovación, la investigación y el desarrollo, cuenta desde anoche con seis reyes magos paritariamente. Alguna mente iluminada pensaría que SS. MM. Melchor, Gaspar y Baltasar, llevaron a sus respectivas esposas, guiados por la Estrella hasta el Portal de Belén en el que, según la tradición, ofrecieron al Niño Jesús, oro, incienso y mirra. Pero la histórica figuración, salvo que eran dos blancos y un negro llegados de Oriente, no precisa que estuviesen esposados y que sus consortes les acompañaran siguiendo apesadumbradamente la lumínica y larga trayectoria, entre otras cuestiones, porque desconocida es la condición de género de los presuntos individuos. ¡Vaya usted a saber!

En la localidad madrileña de Vallecas han ido más lejos y la asociación Orgullo Vallekano había organizado la Cabalgata de este año, con el beneplácito del Ayuntamiento capitalino, en la que una ‘drag quen’ –más conocida como ‘La Prohibida’– iba a encarnar una de las tres reinas magas. Esta «propuesta inclusiva» tuvo un serio rechazo popular pero, pese a ello, ‘La Prohibida’ figuró en una carroza como ‘reina destronada’ y la cabalgata que incluía otras gracietas aberrantes salió a la calle con las bendiciones de la sacerdotisa Manuela Carmena.

Parece claro que existe una minoría social que detesta las tradiciones y los símbolos tan arraigados en la mayoría y cuando intencionadamente confunde, desvirtúa y empozoña esos valores que, sin duda, forman parte del acervo cultural del pueblo, lo está haciendo con malas artes e irrespetuosamente. Muchos se darán por ofendidos por esta ‘tolerancia’ impuesta aunque, por lo que a mí respecta, en ése circo de despropósitos, lo único que visualizo es cómo se puede hacer el ridículo grandilocuentemente con la mayor desfachatez. Aunque, sinceramente, a veces observo que el ridículo no existe si nadie lo percibe.

 

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