Espárragos, habas y ‘maría’

Por esta época, históricamente, el agro provincial nos ha regalado las habas verdes, legumbre con variadas y ricas propiedades que llegó a convertirse en el plato estrella de nuestra gastronomía aparcando incluso a la tradicional tortilla sacromontana. La tortilla al Sacromonte la lograban algunos restaurantes hoy desaparecidos y es difícil que tan sencillo plato pueda degustarse, sin adulteraciones, en la actualidad. Sin embargo las verdes o frescas habas granadinas, que este año llegan con cierto retraso por el frío y la lluvia, se mantienen por su excelencia como genuino plato de preferencia de vecinos y huéspedes. La virtualidad de esta legumbre es que admite la congelación y es frecuente que muchos restaurantes de la Vega te sorprendan con ellas, en pleno invierno, aderezadas con huevos fritos y jamón. Y más de un exquisito gourmet cuando el fruto ofrece el diminuto tamaño ideal las guarda, como oro en paño, en el frigorífico a –18 grados para disfrutarlas el día más inesperado.

El espárrago de Huétor Tájar, Loja, Moraleda y Villanueva, entre otros, que este año por las inclemencias del tiempo ha sufrido en su desarrollo y recogida es, sin duda, uno de los productos de extraordinaria calidad de nuestra agricultura y de los más diuréticos. He leí- do que en el siglo II, Galeno decía que los espárragos eran curativos, ayudaban a controlar la diabetes y prevenían las piedras en el riñón. De haberlo sabido me hubiese atiborrado de espárragos porque hace unos años, quizá superando el Guinness, mi cuerpo mitad hombre mitad cantera, llegó a arrojar la pesada carga orgánica de 16 piedras por la uretra sin anestesia. Pero el espárrago, al margen de sus propiedades, es muy versátil gastronómicamente hablando por lo que los señores de los fogones lo utilizan con gran frecuencia como protagonista o acompañamiento de un buen guiso.

La costa granadina presume de sus cultivos subtropicales, de excelente calidad, como antiguamente lo hiciera de la caña de azúcar. Aunque Granada destaca por ser una de las primeras ciudades de España donde más se cultiva el cannabis, pese a no estar legalizada su producción. La marihuana, de ahí el diminutivo ‘maría’ ha superado con creces en popularidad a las habas, a los espárragos y al aguacate. Se puede cultivar al aire libre o en cautividad con luz eléctrica y ofrece unos beneficios suculentos, sobre todo si el cultivo se lleva a cabo en sótanos con un enganche ilegal a la red. Por mucho que la Policía o Guardia Civil logren, casi a diario, desmantelar o requisar plantaciones de este psicotrópico, más hay.

En California, hace un par de años se autorizó la producción y consumo de la polémica hierba, oportunidad que aprovechó un grupo de ‘monjitas’, mujeres seglares aunque visten hábitos –se hacen llamar ‘Las hermanas del Valle’– constituyendo, a modo de cooperativa, un negociete que se dedica al cultivo de cannabis no sólo para el ‘fumeque’ porque también lo procesan para elaborar cremas y productos medicinales que suelen vender a través de Facebook y otras redes sociales. No parece irles mal a la fundadora Kate –‘madre canuto’– y seguidoras del piadoso comercio porque la ‘orden de las emporradas’ –labora et fuma– se extiende por otros países como el humo.

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