Picasso y el jazz, jazz en el Picasso

No se asusten, no voy a anunciar la próxima venta en Sotheby’s de una obra desaparecida del pintor malagueño. No está el horno para bollos. Se trata de algo más cercano, más musical… más económico. Antes de ponerme a escribir pensaba que Picasso y el jazz podía ser un tema para una tesis académica y algo forzada. Pero no. Picasso tuvo relación con nuestra música y además dio nombre a un sello discográfico, Pablo Records, fruto de la amistad entre el pintor y el inefable productor Norman Granz. El mismo que organizaba las giras de los grandes maestros del jazz por Europa a la vez que compraba “picassos” como quién no quería la cosa. No sigo por aquí, esto no es lo que quería decir. Ahora se trata de saludar a la excelente programación jazzística del Museo Picasso de Málaga que este año va por la tercera edición y que se abre el próximo viernes 11.

Si las dos primeras ediciones daban muestras del buen gusto de los programadores, la de este año no les va a la zaga. El Museo Picasso empezó a programar jazz en 2010, dedicando el primer ciclo a mujeres pianistas del jazz actual: Marilyn Crispell, Geri Allen, Myra Melford y Judith Berkson. En 2011 fue el ciclo “Combo Jazz” (Uri Caine, Marc Ribot o Enrico Pieranunzi, entre otros) quién siguió la estela, y el nivel, del primero. Pero ahora en 2012 nos salen con otro ciclo que más de un festival de jazz ya quisiera para sí. Este año el ciclo lleva por nombre “Saxo Jazz”. Mucho saxo…a raudales.

Pero atención al programa: Tony Malaby (11 de mayo), el grupo noruego Atomic (25 de mayo), Greg Osby (8 de junio) y Evan Parker (15 de junio). Es decir, dos propuestas americanas y dos europeas y ambas, claro, diferentes. Más virada hacia la experimentación sonora la europea.

Vayamos por partes. Tony Malaby es para mí el saxofonista tenor del momento. Desde que formaba parte de la Electric Bebop Band de Paul Motian y también en la Liberation Music Orchestra de Charlie Haden no ha parado de colaborar y liderar discos espléndidos. A mí me gusta especialmente su disco “Adobe (2004), junto al recientemente fallecido Motian y Drew Gress. Con este último se presenta aquí, más Nasheet Waits a la batería y Ben Monder, antiguo compañero en el BBB de Motian, a la guitarra eléctrica.

Greg Osby y Marc Copland. Saxo alto y piano. Greg Osby es un músico formado en la onda del M-Base de Steve Coleman. En el primer ciclo del Picasso ya vino otra acólita del grupo, Geri Allen. Osby y Copland vienen trabajando juntos desde que firmaron dos discos “Round to Round” (2003) y “Night Call” (2004), pero lo más reciente que conozco de ambos es un disco firmado por Marc Copland, “Crosstalk” (2011), en cuarteto y dónde ambos sobresalen con intercambios muy buenos.

Evan Parker es el maestro europeo de la improvisación desde hace años y uno de los músicos de jazz más arriesgados y experimentales. Se presenta en Málaga con quienes quizás sean sus partenaires más fieles estos últimos años: Buddy Guy al bajo y Paul Lytton, percusiones, y quién sabe si electrónica. Con este jazz experimental uno debe estar preparado para todo. Casi siempre para lo bueno, sobre todo si andamos escasos de experiencias nuevas. Esto es, como si de pronto en el Picasso, nada más y nada menos, entra Gordon Matta-Clark y se pusiera a echar los muros abajo. A lo mejor he exagerado un poco.

Del grupo noruego Atomic tengo poco que decir porque sinceramente no los he escuchado. Si lo he hecho en cambio con su saxofonista, en este caso sueco, Fredrik Ljungkvist. Como el ciclo tiene por protagonista al saxofón me referiré a Ljungkvist. Además de liderar Atomic está al frente de Kun Yan 5, un quinteto sueco cuyo disco “Badaling” (2010) he escuchado y me recuerda a Ken Vandermark. Por ahí va la cosa. No creo que a estas alturas del relato el programador de este “festival”, Salvador Catalán, haya metido la gamba con este grupo. A mi me da que éstos son los tapados.

Un pero. No hubiera estado mal haber incluido en la programación a algún intérprete español de jazz. No es cuota impuesta no. Se trata de no dejar de lado a nuestros músicos. Son muchos y muy buenos. Como hacen los festivales de jazz de otros países europeos.

Sólo queda desear suerte y esperar a ver quién gana, si Europa o América.

 

Juanma Cid

Don’t Let Me Be Lonely Tonight

Hijo de padre argentino y de madre afroamericana, Raul nació de manera prematura en un hospital rural de Embudo, Nuevo México donde él y su hermano gemelo, Marco, quedaron ciegos cuando, después de pasar tiempo en una incubadora sin que les protegiesen los ojos de manera adecuada.“En aquella época  no se sabía que se debían proteger los ojos del oxígeno de la incubadora”,  cuenta Midón. Marco ahora trabaja para la  Nasa como ingeniero eléctrico, y Raúl ha seguido el camino de la música inspirado por su padre. Fascinado por la percusión argentina con solo cuatro años comenzó a tocar la batería pero tal vez escuchar los discos que su padre poseía de  blues y jazz desvió su preferencia por tocar la guitarra y por cantar y lo hacía tan bien que recibe varias becas y premios en la Universidad de Miami, acompaña a Shakira y a Julio Iglesis. Pero inquieto decide embarcarse rumbo a Nueva York. El resultado: conciertos con Steve Wonder, con Herbie Hancock, tres discos ya grabados y… luminarias como Pat Metheny invitándole  para que le acompañe en sus conciertos.

Aquí os dejo este magnifico versión de James Taylor en la que invitado por Pat Metheny, Raul Midon expresa con placer y con la complicidad deMetheny, este bello tema.

Mariche Huertas de la Cámara

Moravia

Recibir el envío periódico que me preparan en la librería “Negra y Criminal” siempre acaba siendo uno de los grandes momentos de la semana.

 En uno de los últimos venía una novela chiquita, con una portada tan atractiva como minimalista. Como la estarás viendo ahí abajo, no hay que extenderse en la descripción, pero sí quiero destacar ese negro sobre blanco, moteado por un rojo apenas esbozado, esparcido sobre el bandoneón y a la izquierda de la figura humana que, como una sombra, preside la imagen.

“Moravia”. Así se llama la última, cortita, directa y electrizante novela de Marcelo Luján, uno de esos argentinos que nos honran con su afincamiento en España y que, como cuentista, no tiene precio, habiendo ganado infinidad de certámenes de narrativa más o menos breve.

 Hermosamente publicada por El Aleph Editores, llega a nuestras manos una novela que se abre con la siguiente dedicatoria: “Para Paco Ignacio Taibo II, por regalarme Moravia, aquella tarde, en la rue Broca de París”.

 ¡Ays, PIT II, el Jefe Taibo! ¡Cuánto, cuantísimo no le debemos a ese torbellino humano, todos los que amamos la literatura, los libros y las historias, sea leyéndolas, soñándolas, imaginándolas, viéndolas…!

 En 1950, un barco llega al puerto de Buenos Aires. A partir de ahí, deberías reservarte una tarde, una noche o una mañana. Tres o cuatro horas, cinco a lo más, dependiendo de tu velocidad (y voracidad) lectora; para conocer la historia del matrimonio formado por Juan y Lidia, residentes en Nueva Orleans, que llegan ala Argentinaen compañía de su hija pequeña.

 Él es músico. Toca en bandoneón en algunas de las bandas de tango más famosas de Nueva Orleans. Porque en la capital mundial del jazz, además de la música clásica norteamericana tiene cabida toda música del mundo surgida de las raíces, de la tierra, de la pasión y del tórrido calor que abrasa a los seres humanos. Y el tango, desde luego, es una de esas músicas.

 El plan de Juan, sin embargo; la idea con la que desembarca del Murray II, no es del agrado de su esposa. Ni la entiende, ni la comparte. Pero le acompaña.

 Porque… ¡qué vidas, las de Juan y Lidia! Y las de sus familias, de origen europeo. Y trashumante.

 ¿A qué vuelven, ala Argentina? ¿Qué se trae entre manos Juan y por qué no le gusta la idea, pero ni un poquito, a su esposa? A través de una narración tan pausada como precisa, Marcelo Luján nos hace sentir el bullicio del puerto, los nervios al ingresar en el país y la excitación del viaje.

 ¡Ay, el viaje!

 El viaje y el mito del eterno retorno. La llegada. Y el Extranjero, de Camus y de otros antes que él.

 Sí. “Moravia” es una novela publicada en una colección llamada “Página Negra”. Y sí. Es una gran novela. Negra. Y de viajes. Y de historia(s).

 Sí. “Moravia” es una gran novela.

Jesús Lens
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Sólo son cuatro letras: jazz

Me suele pasar que cuando llega el día de la madre, cercano por cierto, me da por no llamar y felicitar a mi mamá. ¡Qué demonios hago llamándola hoy si la quiero igual el resto de días del año!, pienso. Al final claudico, no sé por qué, quizás remordimiento de conciencia, y acabo llamándola bien entrada la tarde. Amor de hijo supongo.

Algo igual me ha pasado cuando me enteré que Herbie Hancock promovía, con el respaldo de la UNESCO, la celebración de un día mundial dedicado al jazz. ¿Qué había que celebrar, si cada uno lo celebra a su manera cada día? Me sorprendía que alguien tan alejado desde hace tiempo de esta música estuviera detrás de la iniciativa. Bueno, tampoco es eso, al fin y al cabo este tipo ha firmado y colaborado en algunos de los discos más bellos de la historia del jazz. ¡No nos pongamos estupendos! No obstante, no dejaba de parecerme curioso que el anuncio tuviera lugar tan sólo unos meses después de que un joven, ¿o no tanto?, trompetista de jazz, Nicholas Payton, anunciara la muerte del jazz. En un encuentro celebrado en el Birdland de Nueva York en enero pasado clamaba a los cuatro vientos que él no tocaba jazz sino BAM (Black American Music). Antes, en noviembre de 2011, había colgado en su blog un poema que terminaba así: “…el jazz es una mentira, América es una mentira. Soy Nicholas Payton y no toco jazz, toco BAM”.

Más allá de las discutibles dotes poéticas de Payton –para eso ya tenemos las poesías del norteamericano Langston Hughes– hay que decir que el trompetista hierra en los métodos y en el objetivo. No se trata de cambiarle a estas alturas el nombre a una música para pretender así revitalizarla. Tampoco creo que tenga la culpa la nomenclatura: Jazz, BAM, “música clásica americana”, “música negra”, etc. Todas estas denominaciones ha tenido. A estas alturas de la historia, no son los problemas raciales sino los comerciales y finalmente los artísticos los que acabarán colocando a nuestra música en el lugar que se merece. Y en este sentido, uno sigue disfrutando tanto de los clásicos (Duke Ellington, Thelonious Monk, Miles Davis, John Coltrane, Ornette Coleman, etc.) como con los más jóvenes (Craig Taborn, Ambrose Akinmusire, Peter Evans, William Parker, Tony Malaby…), sin olvidar a todos los que entre unos y otros jalonan la historia de esta música.

Qué cada uno elija lo que más le guste y le ponga los adjetivos que quiera al jazz: be-bop, hard bop, free, fusión, nu, étnico, rock, clásico,… La suerte que tenemos es que hay dónde elegir.

 ¿Y el jazz en España? ¡Ay qué dolor! Se clausuran festivales (el ciclo Jazz es Primavera en el San Juan Evangelista), se cierran revistas impresas (“Cuadernos de Jazz” sólo tiene su correspondiente versión digital, ¡al menos!), nadie se ocupa en la televisión pública de programarlo, apenas en la radio (aún nos queda el “Cifu” en RNE y nuestro Javier Domínguez en Canal Sur, entre otros pocos), y los sufridos músicos en ocasiones se autofinancian para sacar adelante sus discos (caso del último trabajo de Jorge Pardo “Huellas”).

Nada nuevo bajo el sol de nuestro querido país. Pero al lado de este desolador panorama, creo que es justo decir que nunca antes hemos tenido a tan buenos músicos de jazz como ahora. Ahí están el citado Pardo, Carles Benavent, Chano Domínguez, Lluis Vidal, Jorge Rossy, Baldo Martínez, Perico Sambeat, Javier Colina, Jorge Rossy, Miguel Ángel Chastang, Alberto Sanz, José Luis Gutiérrez, Agustí Fernández, Ramón López, Iñaki Sandoval… ¿y en Granada? la Granada Big Band, Celia Mur, Sergio Pamies, Julián Sánchez, Rubem Dantas anda por aquí, el Eshavira, el Booga Club, el Festival de Jazz de Granada y su hermano de Almuñécar… y los muchos aficionados que en la ciudad hay. Todos a su manera ponen su granito de arena.

Cuando se propagó la noticia de la muerte de Charlie Parker aparecieron inmediatamente en las paredes de Greenwich Village una serie de pintadas que decían “Bird lives” (Bird vive).
Pues eso: el jazz vive.

Juanma Cid

Chano Domínguez en NYC, más flamenco que nunca

Cuando leímos que Chano Domínguez estrenaba su nuevo disco, en directo, en el Standard Jazz, no lo dudamos un instante y tiramos para allá. Puede parecer contradictorio, estar en Nueva York e irse a un club de jazz para escuchar a un pianista gaditano, pero los caminos del jazz también son inescrutables.

Hace un par de años, nuestro músico andaluz más universal se despedía de nosotros para instalarse en la Gran Manzana de la mano del sello Blue Note, por el que acababa de fichar. Le escuchamos en el Festival de Jazz de Granada, presentando su incendiario “Piano ibérico”.

“Estuvo guapo ese concierto ¿eh?”, nos decía Chano hace unos días mientras firmaba a toda prisa nuestro flamante CD de “Flamenco sketches”, la última genialidad parida por una auténtica bestia de los teclados.

¡Ya te digo, si estuvo guapo! Como guapa fue la presentación en vivo de su nuevo trabajo, en el mismo club en que lo ha grabado, en directo, pudiendo escucharse de fondo el entrechocar de los cubiertos con los platos mientras los prodigiosos dedos de Chano se deslizan sobre las teclas de su piano para homenajear uno de los discos capitales de la historia del jazz: el “A kind of blue” del trompetista Miles Davis.

El jazz, en Nueva York, es otra cosa. Bueno, el jazz y todo lo demás, son diferentes en la Gran Manzana, una de las ciudades que acumulan más tópicos por metro cuadrado, muchos de los cuáles son rigurosamente ciertos. Una ciudad que no duerme, que no descansa, radicalmente cosmopolita, que excita los sentidos cada una de las veinticuatro horas del día.

Una ciudad, sin embargo, absolutamente abierta y acogedora con el visitante. Al menos, con el visitante ocasional y temporal, porque imagino que tratar de ganarse la vida en la oficiosa Capital del Mundo no tiene que ser nada de fácil. Ahora bien, comunicativa, al máximo. Y colaboradora. Todo el mundo habla español, o lo intenta. Y te anima, aconseja, ayuda y contribuye a hacer tu estancia lo más cómoda, agradable y sencilla posible.

Y la profesionalidad. ¡Ay, la profesionalidad! Desde el taxista al recepcionista, pasando por el guía ocasional y voluntario, el transportista, el dependiente, el farmacéutico y los camareros, que se merecen un monumento. Así, no es de extrañar que, entre los más efusivos agradecimientos que Chano hace en su disco estén los dedicados al personal del Standard Jazz, uno de esos clubes en los que te sientes como en casa y en el que, para entrar, hay que bajar un puñado de escaleras jalonadas por fotografías de los más insignes músicos que allí han tocado. Y que son todos los grandes de los últimos diez años, claro.

Como ocurre en el “Blue Note”, más grande, más impresionante, más industrial; donde pudimos escuchar un prodigioso concierto del cuarteto del contrabajista Ron Carter, ¡una hora seguida tocando sin darse ni un respiro, antes de saludar al público! O en el Birdland, que teníamos a tiro de piedra de nuestro hotel y que sirve una comida cajún que quita el hipo. Y la respiración. De lo sabrosa y picante que está. El concierto de la banda de Arturo O’Farrill, residente habitual del garito, resultó correcto, pero la presentación de su nuevo trabajo del mítico batería Billy Hart, “All our reasons”, tuvo momentos hipnóticos y arrebatadores.

Si la crisis no lo impide, algunos de estos músicos estarán girando por nuestro país el próximo verano y, si la suerte nos acompaña, podrán pasar por ese imprescindible Jazz en la Costa en que Chano Domínguez se siente tan cómodo y a gusto.

Pero, si la fortuna nos resulta esquiva, siempre nos quedarán los discos. “Flamenco sketches” ya está a la venta. Al menos, on line. Y es una gozada. Atentos a la letra del tema “Blue in green”, extraída de un poema de Alberti y especialmente alabada por el crítico del New York Times tras el concierto en el Standard Jazz. Y agárrense cuando empiecen a sonar los míticos e inconfundibles acordes del “So what”, con el contrabajo, el piano y las palmas dialogando y vibrando entre sí.

Flamenco y jazz, Chano y Miles, pianos, contrabajos, clubes, comidas, mitos, sueños y realidad que cristalizan en una ciudad prodigiosa, Nueva York, cuyo recuerdo ya está indisolublemente unido a un valiente músico de Cádiz que ha hecho el mismo viaje que millones de personas antes. Y que los más osados, arrojados y decididos seguirán haciendo en los próximos años. Porque, efectivamente, Nueva York es un inmejorable ejemplo de la máxima de Paul Auster: “Lo real siempre va más allá de lo que podamos imaginar.”

Jesús Lens 
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Concurso


Cartel VI Festival de Jazz y Blues de Las Alpujarras. Villa de Busquístar.
El Ayuntamiento de la Villa de Busquístar convoca el Concurso anunciador del cartel del VI Festival. Los trabajos han de ser originales e inéditos, no habiendo sido presentados en otros concursos y que no supongan en todo o en parte, copia o plagio de obras publicadas propias o de otros artistas. Los autores serán responsables, ante el Ayuntamiento de Busquístar y frente a terceros, del cumplimiento de lo establecido en estas bases.
+ información: www.jazzgranada.es

 

Sergio Pamies presenta su nuevo disco

No hay dos géneros más afines y distantes a la vez que el flamenco y el jazz. Su conjunción es ya una hibridación musical clásica, aceptada y respetada, aunque el desarrollo creativo y discográfico de esta música ha dado lugar a todo tipo de variantes, de mayor o menor calidad. Siempre respetando a las grandes referencias, de Pedro Iturralde a Chano Domínguez, la pureza del pianista granadino Sergio Pamies es una propuesta de autenticidad. Su sonido no deja indiferentes a ninguna de las dos aficiones. Las personas aficionadas al flamenco disfrutan de otro sonido, diferente al que están acostumbradas; la gente del jazz, por su parte, conoce bien a uno de los mejores teclistas que ha dado la tierra granadina y andaluza en los últimos tiempos. “Borrachito” es el nombre del disco que presenta el viernes 13 de enero, a las 21 horas,  en el Teatro CajaGRANADA (12 €), en el que han colaborado maestros como Pepe Luis Carmona (Habichuela) en la guitarra flamenca, Rubén Dantas en la percusión, Antonio Serrano en la Armónica y el trompetista Christian Scott.

No obstante, Pamies ha jugado con ventaja a la hora de jugar con ambas sensibilidades. Ser albaicinero (ver reseña adjunta) le ha servido para comprender lo propio, mientras que su ciudad le ha ofrecido desde la infancia uno de los festivales internacionales de jazz con una trayectoria más amplia  en este país. Le acompañan en la presentación de este nuevo disco José Cortes “El pirata” (cante y palmas), Sergio Gómez “Colorao” (cante), Éric Sánchez (trompeta), Víctor de Diego (saxos tenor y soprano), Francis Pose (contrabajo), Gonzalo del Val (batería), Benjamín Santiago “El moreno” (percusión, baile), Miguel Fernández “El cheyenne” (percusión, palmas) y  Julián Heredia “Pipote” (bajo eléctrico).

+ información: http://blog.memoriadeandalucia.com/index.php?listEntrada=74

Jesús Lens: Café – Bar Cinema

De la misma forma en la que corre (siempre me ha adelantado), con pasos rápidos, veloces  y seguros, llueva o brille el Sol, y al igual que los grandes y buenos escritores escriben constantemente, Jesús Lens escribe sin parar, en su trabajo como director de comunicación, en su blog Pateando el Mundo, como ensayista, columnista, crítico de cine o de música, en los periódicos, en diversas páginas y revistas virtuales, en su blackberry, en libretas o en el ordenador; y cada vez mejor, como un gran escritor, como demuestra la prosa sostenida, constante e interesante de su último y original libro. Una estupenda obra escrita con sentimiento  y rigor historicista, cuyas páginas transpiran dos de sus grandes pasiones: el cine y la música.

En Café-Bar Cinema. Cafés, bares y clubes de película, confluyen grandes estrellas del cine, hombres y mujeres, directores, artistas, camareros, músicos, clientes, ciudades, pasiones, cócteles, héroes, villanos, historias, canciones…para conformar una visión diferente de la historia del cine y un excelente y exquisito  recorrido por bares, cafés y clubes cinematográficos, reales o ficticios, donde se cruzan historias y vidas, desde el entrañable e inolvidable Rick´s Café de Casablanca hasta el futurista Dimitri’s Bar de Blade Runner, pasando por el mítico y jazzístico Cotton Club.

No hace muchos años, en el Festival de Jazz de Granada, disfrutábamos de auténticos trasnoches de jazz, en los bares de la ciudad de noviembre, transformados en clubes con alma negra a la medianoche, aún embriagados por el jazz a la salida del teatro, sintiendo los sonidos envolventes y calidos de un saxo o de una voz, el murmullo del público y el tintineo de los cubitos en las copas. Estupendas sensaciones y emociones recobradas con las historias de Jesús Lens que nos transportan a clubes, cafés y bares de película, para hacernos sentir un poco protagonistas o espectadores de primera fila… Si aman el cine, la música y la lectura, por favor, no dejen de leer este gran libro.

Jesús Villalba

Blacksad. El infierno, el silencio

-        “¿Cómo se imagina el infierno, señor Blacksad? Para mí es un lugar sin música … en completo silencio.”

Así se expresa uno de los personajes del último, premiadísimo e imprescindible álbum de Canales y Guarnido, “Blacksad. El infierno, el silencio”.

Y no le falta razón, ¿verdad que no?

Esa frase, que podría estar perfectamente incluida en cualquier antología de aforismos, conecta perfectamente con el arranque del álbum, en el que una bailarina de strip tease se va desnudando mientras la voz en off del narrador desgrana los siguientes pensamientos:

“Para mí el infierno es la nada. Un lugar sin amigos, sin música, sin palabras que estimulen la imaginación ni belleza que exalte los sentidos…”

El nuevo álbum protagonizado por Blacksad, el cuarto de la serie del Gato-detective de los años 50, es más complejo, más abigarrado, con más personajes secundarios y más intenso que los anteriores. Y más cálido, más ardiente, no en vano, la historia transcurre íntegramente en Nueva Orleans.

¡Nueva Orleans!

Pocas veces, una música y una ciudad han estado tan entrelazadas. Nueva Orleans, con su picante comida criolla, sus brujas y nigromantes, sus conjuros y sus clubes que no cierran hasta el amanecer. Nueva Orleans, la capital mundial del jazz y el blues.

Hasta allí se desplaza Blacksad, con el encargo de encontrar a un pianista desaparecido. Pero que no deja de aparecer. O de amenazar con hacerlo. En escena, claro. Porque donde Sebastian da su auténtica talla es sobre un escenario, aporreando las teclas de marfil como un poseso. Como ser humano, sin embargo…

Y tenemos a los Chapelle, padre e hijo, auténticos próceres de la comunidad de Nueva Orleans, mecenas del arte y descubridores y promotores de grandes músicos.  Una familia, la de los Chapelle, que arrastra un pasado tras de sí, claro.

Un pasado que nos hace recordar la célebre cita de Balzac que Mario Puzo utilizó para abrir su memorable “El Padrino”:

 ”Detrás de cada gran fortuna hay un crimen.”

En una investigación tan intensa como violenta, a contrarreloj, Blacksad irá desentrañando la historia de los Chapelle a la vez que intenta encontrar a Sebastian… antes de que lo encuentren otros.

Una búsqueda que llevará a nuestro protagonista a adentrarse en la parte más oscura de una ciudad que, fuera de los circuitos turísticos, puede ser muy dura, violenta y siniestra. Como ese garito, el Ebony, donde los bates de béisbol tendrán mucho que decir. O los locales de jazz, en cuyas trastiendas hay tráficos de lo más variado y se improvisa de todo… excepto solos de saxofón.

Bares, garitos y locales que están perfectamente reflejados por el certero dibujo de un Juanjo Guarnido en estado de gracia. Locales excepcionalmente recreados a partir del trabajo fotográfico de J. Berendt y W. Claxton en “Jazz life” -del que hablamos en esta misma bitácora hace unos meses- y a cuyas memorias está dedicado este “Blacksad”. El infierno, el silencio”

Jesús Lens Espinosa de los Monteros

El mejor jazz latino con Negroni´s Jazz Trío

El próximo viernes, 25 de noviembre, actúa esta formación puertorriqueña en el Teatro CajaGRANADA. Negroni’s Jazz Trio está de gira por Europa. Su prestigio convierte a esta formación en una cita obligada para los amantes del jazz latino, que llega avalada por la calidad de sus 5 discos editados, las nominaciones a los Grammys latinos en 2004 y el hecho de haber sido numero 1 en los charts (listas de popularidad) de Estados Unidos. Negroni’s es una formación habitual del circuito norteamericano, incluyendo “santuarios” musicales de Nueva York como el Blue Note. Se trata de una iniciativa de José Negroni, discípulo del maestro Papo Lucca, acompañado por su hijo, el baterista, Nomar Negroni. Esta formación aporta en cada directo la esencia del vínculo entre África y Caribe, sin olvidar otros ritmos latinos vinculados al jazz.

Al Teatro CajaGRANADA vienen acompañados al bajo por Gere, considerado uno de los mejores bajistas del panorama nacional,  de cuya calidad dan testimonio Alejandro Sanz, Salif Keita, Luz Casal, Antonio Carmona o Jorge Pardo, siendo profesor en varias escuelas de músicas del país. En unas fechas vinculadas de forma directa con el jazz en Granada, ya que acaba de finalizar el Festival Internacional, las personas aficionadas a esta música no deben perderse esta cita con uno de los géneros más atractivos del jazz. El próximo viernes, 25 de noviembre de 2011, a las 21 horas. El precio de la entrada es 5 euros.

+ info: http://www.negronistrio.com/