Nunca entendí que en el colegio nos enseñaran a tocar la flauta. ¡Con lo soso que era el instrumento de marras, por mucho que se llamara flauta dulce!
En realidad, creo que nos enseñaban flauta para que, a la hora de hacer los deberes en casa, nuestros padres no quisieran asesinarnos a nosotros, al profesor y a los pobres Agustín Lara y Beethoven, padres de “Granada” y del “Himno a la alegría” que solíamos destrozar durante las horas de práctica. De tener que haber aprendido a tocar la batería, por ejemplo, las leyes sobre el régimen de convivencia en inmuebles de propiedad intelectual habrían sido muy distintas.
Pero, a lo que iba: ¿por qué no nos enseñaban a tocar en clase de música un instrumento igualmente fácil de transportar y mucho más cachondo y atractivo, como la armónica?
Por ejemplo, estás una noche en el campo o en la playa, en torno a un fuego. Quiénes han ligado ya están desperdigados por los roquedales cercanos o en pleno rebalaje y al cuentachistes oficial se le ha acabado el rollo… ¿qué pasaría si va uno y saca una flauta? Seguramente, que lo mazan a palos. Pero, ¿y si sacara una armónica? Porque la imagen del greñúo con pelos de Jesucristo y guitarra al regazo, ya cansa, la verdad…
Y me pregunto todo esto mientras escucho un disco delicioso y encantador: “Colina Serrano Project”, una producción ContraBaix del ya lejano 2009 que acaba de caer en mis manos.
¡Es lo bueno de ser un gran desconocedor musical! Cuando voy paseando una tarde y entro en una tienda de discos, si veo uno en que participa Javier Colina y que, encima, lleva impreso el título de “Project”, yo, lo compro.
Me encanta Javier Colina, su forma de tocar el contrabajo y, sobre todo, su gusto por la experimentación y el mestizaje. Su disco en directo, mano a mano con Bebo Valdés, en el Village Vanguard, es una joya. Y no olvidemos que Colina es una de las manos que meció esa preciosa cuna llamada “Lágrimas negras”…
En el caso que nos ocupa, Colina se une a Antonio Serrano, un monstruo con la armónica, y nos regalan un puñado de canciones originales y otro de versiones de clásicos como Jaco Pastorius, Stevie Wonder, Chopin, Paco de Lucía o Alvaro Carrillo. Les acompañan Guillermo McGill a la batería e Iván “Melón” Lewis al piano, en un disco exquisito, sensual, mestizo y delicioso de escuchar. Sobre todo, la maravillosa “La mentira”, interpretada por una grave Silvia Pérez Cruz.
Si lo encuentran por ahí, en algún vagabundeo entre discos, ni lo duden. ¡Cómprenlo! Hay experimentos que salen bien. El “Colina Serrano Project” es, definitivamente, uno de ellos.
Jesús Lens



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