Como cada año por estas fechas, y desde hace ya la friolera de 33 años, los aficionados al jazz han disfrutado de una nueva edición del Festival Internacional de Jazz de Granada. Estos últimos años además, debido a la coyuntura económica y política de nuestro país, aparte la lógica expectación, se añadían ciertas dosis de incertidumbre… ¿seguirá contando el festival con el apoyo necesario para seguir adelante? Por el momento, recemos a Charlie Parker por ejemplo, el apoyo se mantiene y el festival no sólo sigue ahí sino que además mantiene una salud artística yo diría que envidiable habida cuenta lo que se cuece por otros lares.
Si uno echa la vista atrás y examina los carteles del festival durante todos estos años es fácil encontrar a muchos de los grandes nombres de la historia del jazz en el siglo XX. Por aquí han pasado músicos como Miles Davis, Dizzy Gillespie, Art Blakey, Oscar Peterson, Ahmad Jamal, McCoy Tyner, Joe Henderson o Wayne Shorter, por citar a algunas figuras del panorama jazzísitico internacional. Pero el festival, algo que es justo reseñar, también apostó desde sus inicios por nuestras figuras locales, desde Tete Montoliu a Jorge Pardo, pasando por Chano Domínguez y tantos otros.
Es de justicia agradecer a las autoridades regionales y locales, amén de a los patrocinadores privados, su apoyo inquebrantable (por cierto, ¿por qué los festivales de jazz de nuestro país siempre cuentan con el patrocinio de una marca de cervezas?). Si se puede hablar hoy de un XXXIII Festival Internacional de Jazz de Granada es gracias a la aportación institucional – no sólo van a ser críticas, la mayoría creo que merecidas, para nuestros responsables políticos –. Y en éstas, desde Francia (¡cómo no!), nos llegan las palabras de su ministra de Cultura, Aurélie Filippetti, tomemos nota: “de cara a la crisis económica Francia dispone de un recurso inestimable: la cultura” (Libération, 28 de octubre).
Esta mujer ha dado en el clavo. La cultura (no es necesario utilizar las mayúsculas), llámese jazz, flamenco, o cualquier otra expresión artística, es necesaria. Porque además de alimentar lo poco que nos pueda quedar en nuestro interior de creatividad, resistencia, crítica, arte, emoción, o amor, tan necesarios como devaluados hoy día, también resulta ser un motor económico que genera riqueza. Y en este sentido creo que el festival de jazz de Granada ha resultado ser un aventajado. Al programa del festival de este año me remito.
Tantos años de buen jazz, exposiciones, publicaciones y actividades paralelas han terminado por crear un ambiente jazzístico que resulta difícil encontrar en otras ciudades. Puede que sea cierto que Granada tenga alma musical, pero no deja de ser aún más sorprendente que una ciudad como ésta cuente este año con una programación “paralela” tan rica y variada como la del propio cartel del festival granadino. Nada menos que ocho locales y bares nocturnos forman parte de la programación de los llamados “Trasnoches de Jazz”. Una iniciativa que ha ido creciendo con los años paralelamente al programa central de cada certamen. En estos espacios se ha podido escuchar (todavía siguen) a músicos locales y nacionales de primer nivel. No me olvido de los conciertos en Caja Granada, en la Universidad, las clases magistrales,…
Tengo para mí que el éxito de una iniciativa cultural como ésta del festival de jazz se mide también en función del número de adhesiones que recibe, no sólo ya del número de asistentes a los eventos (indiscriminado rasero por el cual se miden los éxitos de los acontecimientos culturales hoy día), sino también por el apoyo de aquello que ahora se da en llamar la sociedad civil. Éste sí que es un buen criterio para medir la salud cultural y la iniciativa privada de una ciudad. Por eso hay que dar la bienvenida a esos nuevos locales que empiezan a programar jazz cada noche en Granada y que tienen vocación de permanencia. O a la recién creada asociación “Ool Ya Koo Granada Jazz”, que un grupo de aficionados granadinos ha creado para difundir esta música. Creo que esto es también en parte mérito del festival.
Por cierto, y no menos importante, la programación de este año ha contado con un auténtico cartel de lujo plagado de estupendos músicos (una apuesta más del festival por el jazz sin aditivos), entre los que ha destacado (opinión personal) quién ha sido considerado este año por la prestigiosa revista norteamericana Downbeat como Mejor Artista, Mejor Álbum, Mejor Grupo, Mejor Pianista y Mejor Compositor, Vijay Iyer; pero también destacaría a Paolo Fresu & Omar Sosa y a Roy Hargrove. Un acierto de los responsables del festival y su equipo técnico, a la cabeza del cual se encuentran los infatigables Jesús Villalba y Mariche Huertas.
Coda. Después de que acabara la programación oficial del festival vino una sorpresa. Para aquellos que todavía tenían más ganas de jazz, Kenny Garrett actuó el sábado 24 en el recién abierto Granada Jazz Club. En 1988 Garrett actuó en Granada acompañando a Miles Davis en el festival de jazz de ese año. Veinticuatro años han pasado desde entonces, toda una vida.
Juanma Cid
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