Archive for the 'Conciertos' Category

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Lionel Loueke en CajaGranada

Jazz in blue es un nuevo ciclo patrocinado por el prestigioso sello discográfico Blue Note y organizado por la Obra Social de CajaGranada y la Oficina Técnica de los Festivales de Jazz. Lionel Loueke, Avishai Cohen, Ignacio Berroa, Erik Truffaz o Jason Moran son algunos de los relevantes músicos de jazz que actuaran en Granada a lo largo de 2011 para presentar sus nuevos discos.

Tras el impresionante debut con Karibú (Blue Note, 2008), con apariciones de Herbie Hancock y Wayne Shorter como invitados de lujo, Lionel Loueke inaugura el ciclo presentando su nuevo disco: Mwaliku  que toma su título de una palabra swahili que significa “invitación”. Un nombre apropiado para un disco que invita a la escucha de un universo musical único, basado en un viaje sonoro por tres continentes,  plagado de notables y enriquecedoras experiencias musicales.

Natural de Benin (1973), un pequeño país de África Occidental, Loueke estudia música en París y, tras su graduación, consigue una beca en la prestigiosa Berklee School e ingresa más tarde en el Thelonious Monk Institute of Jazz. Su habilidad como guitarrista y cantante llamó la atención de sus maestros (Hancock, Shorter y Blanchard); tanto que Blanchard lo incorporó a su sexteto, Hancock lo reclamó para formar parte de su grupo y grabar River -Grammy al mejor disco del año-, y Kenny Barron lo incluyó en su  disco The Traveler . En sus registros discográficos destacan colaboraciones con Avishai Cohen, Angelique Kidjo o Charlie Haden, entre otros, además de sus propias grabaciones , que ya han ocupado los mejores puestos de las listas de jazz de revistas especializadas.

Lionel Loueke Trio. Teatro CajaGranada, 9 de marzo. 21.00 h.
+ info:  www.jazzgranada.es      www.memoriadeandalucia.es

Linda and James Moody: The World


El gran saxofonista James Moody, al que muchos recordaran por sus estupendas actuaciones en el Festival de Jazz en la Costa con su grupo (1998) o en el Festival Internacional de Jazz de Granada con la Dizzy Gillespie All Stars (2008), está gravemente enfermo. Lleva tiempo luchando con fuerza y entereza contra un cáncer de páncreas. Su encantadora esposa Linda ha enviado una carta a todos sus amigos, entre los que  nos incluimos, haciendo pública su enfermedad e invitando a enviar ánimos y buenos deseos a Moody a través de a su página de facebook.  

Cuando James Moody contrajo matrimonio en 1989 con Linda, el gran amor de su vida, Dizzy Gillespie los recibió en la iglesia interpretando con su trompeta el tema Con Alma. La pasión por el jazz, el amor a su esposa y su gran amistad con Dizzy – permaneció en el hospital junto a él, hasta su fallecimiento-, han marcado la vida de James Moody. Un sensacional músico y una excelente persona que en el interior del viejo estuche de su saxofón guarda, como pude ver con emoción y admiración,  el primer dólar que ganó como músico, una foto de Linda y bajo el cierre, una placa con la siguiente leyenda: “Linda & James Moody: The World.”

Poco importa la edad cuando se ama la música como hemos comprobado en muchos conciertos celebrados en nuestros festivales, como los recientes de Shorter y Lloyd, o el de la Dizzy Gillespie All Stars hace dos años, con una memorable actuación de más de dos horas de duración, con músicos generosos, entregados al límite de sus posibilidades Slide Hampton y James Moody como grandes e inconmensurables estrellas, felices sobre el escenario, con un público agradecido y perfectamente arropados por el resto del grupo: una elegante y sólida sección rítmica con el toque exquisito del pianista Cyrus Chesnut.

James y Linda, desde el Club Blue & Noir y en nombre de los Festivales de Jazz de Granada, nuestro cariño y mejores deseos.

Texto: Jesús Villalba  Fotos: Archivo y Pepe Torres

Esperanza Spalding

Querida Esperanza, perdónanos, pero no te entendimos.

Empezamos por no entender que, dada la puntualidad prusiana con que comienzan todos los conciertos del Festival, el tuyo arrancara a eso de las nueve y veinte de la noche. Y seguimos sin entender esa puesta en escena de chica-que-llega-a-casa y se descalza y se toma una copa de vino. ¿Era para hacernos sentir más familiares, frente al escenario? No lo conseguiste, créenos. En la neblina de nuestro recuerdo musical queda algún buen momento, en la segunda mitad, pero había que entresacarlo de un ritual que nos parece prescindible, y que iba del bailo con mi instrumento, me siento en el sillón número dos o ensayo una camuflada posturita. Sorbo a sorbo. Allí vino, aquí agua.

Arrancaste con una pieza muy seria, melancólica e introspectiva, acompañada de una sección de cuerda muy clásica. ¡Menos mal que después llegaron el pianista y el batería, para darle un poco de alegría al concierto! Sin embargo, todavía en frío, aporreaste el contrabajo a modo de percusionista. Y tampoco llegamos a verlo claro, porque gracia, lo que se dice gracia en la percusión … Brillaron mucho más los momentos vocales con Leila Cyr, donde se notaba estilo y sentido de la armonía, con el sello de la Berklee College de Boston.

Querida Esperanza, cuando te dedicaste a tocar, fuiste un cañón, con fogonazos destacables de intensidad. La pena es tocaste muy poco, desperdiciando tiempo y energía en la pólvora mojada de una puesta en escena revisable y que cuenta pocas cosas. ¡Cómo echamos de menos tu concierto en Almuñécar, hace un par de años! ¿Qué te ha pasado en este tiempo? Tanta parafernalia de baja intensidad… nos dejó fríos. Muy fríos. Como carámbanos. Guardamos esperanza en ti para despedirnos de un Festival que sortea la crisis con muy buena nota.

Texto: Jesús Lens y Rafael Marfil

Fotos: José Nieto

Chano Domínguez

A los que nos gusta el jazz y el flamenco suele gustarnos el jazz-flamenco, y a los que nos gusta el jazz-flamenco suele gustarnos Manuel de Falla, que de alguna forma ya lo llevaba dentro sin darse cuenta. Es algo que ya nos demostró Pedro Iturralde con sus maravillosos arreglos jazzeros de la música clásica española hace unos años en el auditorio, y que acaba de confirmar (en el sentido religioso del término) el magnífico proyecto que Chano nos ha presentado, tres días antes de que salga su esperado disco Piano Ibérico. Demostrando que esa unión es capaz de hermanar en el placer a los aficionados de todos estos géneros, también dejó claro que el mencionado mestizaje tiene muchas facetas por explorar todavía, y el jazzman que había injertado el cante jondo en el bebop, y hasta se acercó a la copla de la mano experta de Martirio, vuelve ahora a la carga con un proyecto que redondea su singladura: un homenaje sin pretensiones, tan respetuoso como coherente, a los maestros de nuestra música culta desde el jazz-flamenco. Versiones de Albéniz, Granados, Falla y Mompou adaptadas a ritmos de bulería, soleá, guajira, alegrías y tangos, aderezadas de jugosas improvisaciones jazzeras.¿Quién da más? Un concierto y un disco para recordar (con la garantía de Blue Note) y un resultado que salta a la vista: arrasó.

Texto: Antonio Pamies  Foto: José Nieto

Arrasó Chano. Esperando a Esperanza

Vino, tocó y arrasó, incendiando el patio de butacas del Teatro Isabel la Católica. Imperial, Chano Domínguez, en la presentación de un “Piano ibérico” que dará mucho que hablar. Celebramos su triunfo con las fotos de José Nieto y un corte de vídeo que anticipa lo que este martes, con la edición de su nuevo disco, se nos viene felizmente encima.

Y tenemos que hablar de Esperanza Spalding, otra de las grandes deseadas de este Festival, que esta noche pone el cierre a la anual cita de invierno que Granada tiene con el jazz. Enlazamos la previa que hace Juan Jesús García en IDEAL esta mañana y le damos el toque musical con una de las actuaciones de la fantástica bajista en la Casa Blanca.

Feliz domingo de jazz.

Texto: Jesús Lens  Fotos: José Nieto

Video Chano Domínguez

Video Esperanza Spalding

Universo Parker


Julio Cortázar rindió homenaje a Parker, con su narración “El perseguidor”, desde una Europa en  blanco y negro, intelectualizada y loca por el jazz en lejanos tiempos del pasado siglo. También Clint Eastwood convirtió el mito en imágenes cinematográficas en “Bird” (1988) en una de sus grandes creaciones, que no son pocas hoy día. Todo ello merece un tratamiento aparte, y lo tendrá en este blog, pero es momento para agradecer a Parkerland su apuesta por unirse y hacer música. En primer lugar, por lo atrevido de ese reto tal y como están los tiempos. En segundo lugar, porque han picado muy alto en su proyecto, ya que Parker es el hombre más versionado y homenajeado del planeta jazzístico. Como carta de presentación, ya conocíamos el magnífico disco de estos jóvenes desde el inicio del Festival (Parkerland nonet), una creación que tendrá su merecida reseña en este blog. Además, tuvieron el acierto de invitar al mejor saxofonista alto del territorio patrio nacional, como es sin duda el valenciano Perico Sambeat. El balance de una noche así es muy positivo, ya que el amor por el jazz y el acierto técnico y expresivo dejó algunos de los momentos de mayor calidad del Festival Internacional de Jazz de Granada en 2010. Algunos viejos seguidores recordábamos a un Phil Woods, con su inconfundible gorra de cuero negro, en Granada. El mejor imitador de Charlie Parker. Un hombre tan obsesionado por seguir la estela del maestro de Kansas City que llegó a casarse con su viuda. Momentos difíciles de superar. Sin embargo, Parkerland y Sambeat supieron detenerse con elegancia cuando se asomaban a donde nadie puede llegar, mientras que construyeron otros momentos para un desenfreno lleno de calidad técnica y, sobre todo, de emoción. Charlie Parker es la obsesión de los saxofonistas altos. Estudian al detalle sus improvisaciones transcritas hasta clavarlas. Los tenores, si quieren, pueden mirarse en otros espejos, como Rollins, Coltrane o el más actual Joshua Redman. Perico Sambeat voló por encima, demostrando un talante discreto, pero derramando esencias de su condición de “Grande de España”, como lo calificaba de forma genial hace unos años JJG en Ideal. Estuvieron a la altura el trompetista Julián Sánchez, al que no debemos perder la pista porque ha entrado en una dimensión superior; el saxo alto Antonio González, que ha crecido exponencialmente en estos años; el flautista Valentín Murillo y el saxo tenor y clarinete bajo Pepe Viciana. Este último contagió la emoción por Parker y por el jazz, devorando el escenario del Teatro Alhambra. También marcó los tiempos con oficio el contrabajista Cuni Mantilla. Los demás músicos aportaron una variada muestra de voluntad combinada con diferentes grados de acierto, pero ya es admirable el hecho de estar ahí regalándonos una sesión de verdadero jazz. Fantástico estreno de Parkerland en el Festival. Les deseamos “grandes éxitos”. Parker vive, y el jazz en Granada también.

Texto: Rafael Marfil Carmona  / Foto: José Nieto

Cariño, humedad y maestría


Ayer estuve dentro de una Big Band. En realidad a 3 metros, pero es la sensación que se tiene en la fila 1 del Teatro Alhambra, un escenario oportunamente seleccionado por la Oficina Técnica de Festivales. Cercanía en todos los sentidos, tanto física como afectiva, en un lugar que también tiene su historia y en el que se han vivido grandes sesiones, sobre todo de aquel jazz que viene del sur. Esa inmediatez y proximidad se unió a un auténtico y húmedo ambiente de club, creado por esa máquina que expulsa vapor de agua y recuerda a la estética de las calles de Manhattan. En ese hidratado ambiente, el trombonista invitado Tony Belenguer se sumó a la causa consumiendo alrededor de cinco botellines de agua y ofreciendo un verdadero recital de calidad. Pude ver caras nuevas, y eso es bueno, pero también a personas queridas y conocidas. A mis maestros en la primera fila de la cuerda de saxos, dándome una nueva lección musical. Al gran Kiko Aguado, que siempre destaca por su temperamento prudente y su virtuosismo en un instrumento endiabladamente difícil para el jazz, como es la guitarra. Tenemos cuatro formaciones de este tipo en Granada, si no me fallan las cuentas. Un modelo que funciona en los conservatorios, así como en Atarfe, donde también se va creando escuela. Me consta que sacar adelante esta Big Band es un ejercicio de tesón, amor y constancia. Cualidades que ha venido demostrando el director Aguado (ya les digo lo del ambiente hídrico) en sus propuestas y arreglos. Un aire respetuoso en su sonoridad, sin estridencias ni rarezas, pero valorando y difundiendo la esencia de esta música. Era un buen momento para ofrecer un recorrido por los temas destacados de la producción discográfica de esta formación. En esa travesía estuvo presente la genialidad de cada uno de los artistas con los que ha colaborado activamente la Granada Big Band: Benny Golson, Perico Sambeat, Pedro Iturralde, Vince Benedetti y Bob Mintzer, entre otros. El saxofonista tenor Agustín Sánchez no pudo demostrar mejor su admiración por Mintzer, abriendo fuego con un solo elegante y extenso, en el que demostró que había aprendido mucho después de compartir escenario con él hace un tiempo en este mismo Festival. Ni se imita ni se quiere ser una Big Band como aquella que homenajeaba a Mingus, o como la compuesta por el All Star de grandes nombres propios. Sin embargo, individual y colectivamente se mejora cada año, como muestra la mayor soltura de su pianista José María Pedraza, la aportación del contrabajista Xavier Astor y el swing de Andrew Lynch en el saxo, sin olvidar la acostumbrada maestría sonora de Rogelio Gil, el carisma de Julio Pérez y la aportación del profesor de la Banda Municipal Juan José Rodrigo, en una de las primeras improvisaciones que le recuerdo, realizando una aportación magnífica. Igualmente, el trompetista Miguel Ángel Romero mantuvo un buen nivel, aunque intervino menos que en otras ocasiones. Los trombones, por su parte, respetaron discretamente el espacio del solista de esa noche. En el Teatro Alhambra estábamos los incondicionales. Gente con buen gusto, como la que debería escuchar esta noche a Parkerland Nonet con el maestro valenciano Perico Sambeat y acudir el viernes al Conservatorio a escuchar a su Big Band. Menudo ejercicio de constancia. No sé si algunos se merecen una calle, tal y como comentó Belenguer, pero otros miramos, escuchamos y aprendemos.

Rafael Marfil Carmona

Video del concierto de la Granada Big Band

Charles Lloyd New Quartet

El Festival de Jazz de  Granada no es un concurso, ni falta que hace, pero si lo fuera está claro quien sería el ganador, y eso que aún no ha terminado. Es difícil explicar en qué consistió exactamente el motivo de este prodigio, pero cualquiera que haya asistido tendrá que de darle la razón a Juanje García cuando escribe que fue un concierto de esos que te hace decir con orgullo: yo estuve allí“. Tal vez por la gran sabiduría musical acumulada con tesón y modestia durante cincuenta años de tablas en los que no siempre se le reconoció su verdadero mérito, o tal vez por elegir tan juiciosamente a cada uno de los miembros de la banda: todos ellos colosos de su instrumento (Jason Moran al piano, Reuben Rodgers al contrabajo y Eric Harland a la batería) y saber sacar lo mejor de cada uno de ellos. Tal como ocurría con los primeros Jazz Messengers, su implicación en el proyecto es tal que se produce un efecto multiplicador por inspiración mutua. Cuando tocaron Monks Mood parecía realmente que los espíritus de Coltrane y Monk se habían confabulado para comemorar su duo del 57, usando a la banda de Charles Lloyd como medium. Sin ánimo de blasfemar, el milagro de los panes y de los peces debió ser algo parecido. ¿A no ser que haya pacto con el Diablo?

Antonio Pamies

Kurt Rosenwinkel y Nils Petter Molvaer


Kurt  Rosenwinkel
Todos los guitarristas de la ciudad (y hay muchos) acudieron a ver a ese nuevo crack de dicho instrumento. Quedaron satisfechos, incluso de más, ya que, como a menudo ocurre con ese tipo de tríos, hubo guitarreo como para empacharse por un par de meses. Pensándolo bien, si ni Django ni Wes solían tocar en trío, por algo sería. Excesos malabarísticos aparte, Kurt Rosenwinkel no sólo demostró que es un gran maestro sino que tocó algunas verdaderas joyas como Darn that dream o las monkianas Ugly Beauty y Ruby my dear, que es donde el trío llegó realmente a funcionar como tal. El dominio y la imaginación de su fraseo y el buen gusto con el que Eric Revis y el joven Ted Poor lo acompañaron, hicieron que hubiera realmente Música. Si bien hubo algunos excesos en tempo rápido, donde el guitarrista metía tantas notas por segundo que no se podía oír bien (sobre todo que usa una guitarra de sonido dudoso), las baladas lo compensaron con creces, gracias al asombroso dominio de la armonía que caracteriza el siempre sorprendente juego de acordes que el mago Rosenwinkel se sacaba de la manga como quien no quiere la cosa. No se quedó atrás el contrabajista Eric Revis, que, tanto en lo rítmico como en lo melódico, difumina elegantemente la frontera entre los acompañamientos y los solos, logrando una convincente síntesis entre la tradición y la novedad.

Nils Petter Molvaer
La paradoja del futurismo es que me recuerda el pasado, y la música electrónica del Noruego envuelto en imágenes psicodélicas despertaba en mí el fantasma ibicenco de Pink Floyd. Su concepción de lo experimental delataba un vanguardismo de años sesenta: soplar en la trompeta por el pabellón en vez de la boquilla, en medio de una parafernalia de pedales y ordenadores, bajo grandes amebas fractales multimedia deslizándose sobre los músicos… y otras ingenuidades de fumetas nostálgicos. Al llegar al ecuador del concierto, todos esos efectos y paisajes sonoros tan sugestivos seguían esperando un verdadero protagonista al que acompañar, quedándose como un decorado sin actores. Lo criticable no era tanto la música que hubo como la que faltó (el minimalismo también tiene sus límites). Claro que el problema podría ser mío: a estas alturas, cuando de verdad quiere uno flipar en colores, lo que le apetece son unos huevos fritos con chorizo.

Antonio Pamies

Punk Jazz. E intimista, además

Si Lisbeth Salander, la aguerrida, destroyer y añorada protagonista de la saga Millenium, hubiera escuchado jazz, seguro que habría tenido al Nils Petter Molvaer Group como una de sus referencias ineludibles.

 En torno al trompetista que da nombre al grupo están el batería y percusionista Audun Kleive y el guitarrista Eivind Arseth. Y en torno a los tres, un complicado y abigarrado sistema informático y electrónico que termina de dar sentido y color (o sinsentido, depende) a una música diferente, alternativa, posmoderna y radical. 

Imaginemos que, antes de salir a escena a tocar, los músicos echan un vistazo al respetable concentrado en el Isabel la Católica para escucharles, quedándose contentos y satisfechos por la nutrida presencia de aficionados. ¿Qué sentirán, hora y media después, al ver que un nutrido grupo de espectadores ha ido abandonando progresivamente la platea, refugiándose en bares como el Alegría, musicalmente indignados, renegando de su osado estilo? 

No parecen timoratos y blandos, los tres salvajes integrantes del Nils Petter Molvaer Group. Está claro que si quisieran recibir encendidas y calurosas ovaciones habrían optado por interpretar estándares del jazz de todos lo tiempos. Y punto. Lo que ellos hacen no es fácil. Ni mucho menos. Ni accesible. 

Tras el primer tema, el desconcierto entre el público era espectacular, escuchándose cuchicheos, imprecaciones y negaciones varias. Después, cuando la música subió de temperatura y algunas cabezas se sacudían como si estuviéramos en un concierto de Heavy Metal, comenzaron las deserciones en masa de la parte del público para la que aquello no era jazz. Ni música, si me apuran. En todo caso, música de la Copera. 

Sin problemas. Quiénes nos quedamos, de mil amores, disfrutamos de un concierto diferente, a ratos abrasador y tempestuoso, a ratos intimista y minimalista. Y por los sentidos y cálidos aplausos que se escucharon al final del mismo, a pesar de las deserciones, no éramos precisamente pocos los que conectamos con una forma radicalmente subjetiva, contemporánea y diferente de entender la música. Música de la que abre caminos, explora nuevas rutas y fija los objetivos a lograr en un futuro que ya es presente. 

Jesús Lens. 

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