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Chico & Rita

Mariscal conserva perfectamente intacto al niño que fue algún día, y le bastan unos pocos trazos para despertar al que se oculta en el fondo de todos nosotros. Su ingenua y contagiosa alegría de vivir puede hacernos llorar o reír, desde una mirada que desconoce la pretensión e hipocresía que tan a menudo envenenan el arte supuestamente adulto.

La valentía de Trueba y el corazón de Bebo Valdés son el inesperado trampolín que le permite al genio creador del dibujante valenciano el tremendo desafío de esta versión “latin jazz” de las Fantasías de Disney, en una explosión de colores y formas que nos hace olvidar todos nuestros mezquinos problemas terrenales y viajar a una felicidad que sólo consigue crear el cine digno de este nombre.

Antonio Pamies

Chico & Rita

“Le dije a Fernando: Oye, tenemos a Bebo (Valdés). Tú eres muuuuuuy bueno produciendo jazz y un gran director de cine. Yo sé dibujar. ¡Ostras! ¿Por qué no hacemos algo a partir de esto?”

El que así habla es Javier Mariscal, uno de los co-artífices y co-responsables de lo último de Fernando Trueba: una película de animación basada en la historia apócrifa del pianista Bebo Valdés, con La Habana y el Nueva York de los años cuarenta como telón de fondo.

Pero, ojo, que nadie se piense que es una película de jazz, algo para iniciados. O que, por ser de dibujos animados, es algo menor. Ni mucho menos. “Chico & Rita” es una historia de amor en forma de bolero, clásica y universal, como no se cansan de repetir Trueba y Mariscal.

 Y de ahí vienen algunas de las críticas que se han hecho a la película: no hay historia. Es decir, la historia es sencilla. Demasiado. Tirando a simple y, desde luego, mil y unas veces vista antes. Pero eso es lo que pasa, precisamente, en los boleros y otras canciones de amor: en tres minutos hay que enamorarse, perder al objeto del deseo y pasarse la vida entera lamentándose…

 Me ha gustado la película. También confieso que iba rendido de antemano, aunque eso pueda ser un arma de doble filo: cuando llevas demasiadas esperanzas y altas expectativas, la decepción puede ser abrumadora. Pero no es el caso. Porque de “Chico & Rita” me gusta todo, desde la música del Bebo a la sensualidad de su protagonista femenina. ¡Vuelve a ser posible enamorarse de un cartoon!

Me gustan las bulliciosas Big Bands de las excelsas y lujosas salas como el Tropicana y los íntimos tríos que tocan en clubes oscuros y tenebrosos. Porque la película es un canto de amor por el jazz, que es tanto como decir por la vida. Los cameos de Dizzie Gillespie o Charlie Parker son una gozada y un personaje como Chano Pozo podría aspirar al Oscar al Mejor Actor Secundario.

Y luego están La Habana y Nueva York. Sus calles, sus coches, sus tiendas, sus edificios, sus anuncios luminosos, los puertos y los barcos. Y los bares y cafés, claro. Porque el alma de las ciudades son sus garitos, de los más famosos y reconocibles a sus antros más escondidos y peligrosos. Extraordinarias, esas recreaciones de las capitales de Cuba y EE.UU., “construidas” a partir de cientos de imágenes, libros, fotografías y fotogramas de otras películas.

Porque “Chico & Rita” rezuman autenticidad a raudales. Por ejemplo, el asesor para los diálogos cubanos es nada menos que el novelista Pedro Juan Gutiérrez, uno de los representantes más reconocidos del realismo sucio contemporáneo. O ese Michael Mossman que está detrás de los arreglos de buena parte de las canciones que componen la extraordinaria e imprescindible banda sonora de una película que, más allá de la todopoderosa campaña de marketing organizada en torno a ella (ver la rompedora portada de la revista “Fotogramas” de este mes), espero que sea un rotundo éxito de taquilla: las apuestas arriesgadas, los proyectos que se piensan con el corazón y se ejecutan por tripas, merecen llevarse al público de calle y arrasar en el box office.

 Y, si de paso, cientos, miles de personas descubren el jazz gracias a los dibujos animados de Trueba & Mariscal… ¡larga vida a “Chico & Rita”!

Valoración: 7

 Lo mejor: Rita y La Habana. O Rita en La Habana.

 Lo peor: Efectivamente, la historia. El argumento. Su liviandad y falta de peso.

Jesús Lens Espinosa de los Monteros.