
Ayer estuve dentro de una Big Band. En realidad a 3 metros, pero es la sensación que se tiene en la fila 1 del Teatro Alhambra, un escenario oportunamente seleccionado por la Oficina Técnica de Festivales. Cercanía en todos los sentidos, tanto física como afectiva, en un lugar que también tiene su historia y en el que se han vivido grandes sesiones, sobre todo de aquel jazz que viene del sur. Esa inmediatez y proximidad se unió a un auténtico y húmedo ambiente de club, creado por esa máquina que expulsa vapor de agua y recuerda a la estética de las calles de Manhattan. En ese hidratado ambiente, el trombonista invitado Tony Belenguer se sumó a la causa consumiendo alrededor de cinco botellines de agua y ofreciendo un verdadero recital de calidad. Pude ver caras nuevas, y eso es bueno, pero también a personas queridas y conocidas. A mis maestros en la primera fila de la cuerda de saxos, dándome una nueva lección musical. Al gran Kiko Aguado, que siempre destaca por su temperamento prudente y su virtuosismo en un instrumento endiabladamente difícil para el jazz, como es la guitarra. Tenemos cuatro formaciones de este tipo en Granada, si no me fallan las cuentas. Un modelo que funciona en los conservatorios, así como en Atarfe, donde también se va creando escuela. Me consta que sacar adelante esta Big Band es un ejercicio de tesón, amor y constancia. Cualidades que ha venido demostrando el director Aguado (ya les digo lo del ambiente hídrico) en sus propuestas y arreglos. Un aire respetuoso en su sonoridad, sin estridencias ni rarezas, pero valorando y difundiendo la esencia de esta música. Era un buen momento para ofrecer un recorrido por los temas destacados de la producción discográfica de esta formación. En esa travesía estuvo presente la genialidad de cada uno de los artistas con los que ha colaborado activamente la Granada Big Band: Benny Golson, Perico Sambeat, Pedro Iturralde, Vince Benedetti y Bob Mintzer, entre otros. El saxofonista tenor Agustín Sánchez no pudo demostrar mejor su admiración por Mintzer, abriendo fuego con un solo elegante y extenso, en el que demostró que había aprendido mucho después de compartir escenario con él hace un tiempo en este mismo Festival. Ni se imita ni se quiere ser una Big Band como aquella que homenajeaba a Mingus, o como la compuesta por el All Star de grandes nombres propios. Sin embargo, individual y colectivamente se mejora cada año, como muestra la mayor soltura de su pianista José María Pedraza, la aportación del contrabajista Xavier Astor y el swing de Andrew Lynch en el saxo, sin olvidar la acostumbrada maestría sonora de Rogelio Gil, el carisma de Julio Pérez y la aportación del profesor de la Banda Municipal Juan José Rodrigo, en una de las primeras improvisaciones que le recuerdo, realizando una aportación magnífica. Igualmente, el trompetista Miguel Ángel Romero mantuvo un buen nivel, aunque intervino menos que en otras ocasiones. Los trombones, por su parte, respetaron discretamente el espacio del solista de esa noche. En el Teatro Alhambra estábamos los incondicionales. Gente con buen gusto, como la que debería escuchar esta noche a Parkerland Nonet con el maestro valenciano Perico Sambeat y acudir el viernes al Conservatorio a escuchar a su Big Band. Menudo ejercicio de constancia. No sé si algunos se merecen una calle, tal y como comentó Belenguer, pero otros miramos, escuchamos y aprendemos.
Rafael Marfil Carmona
Video del concierto de la Granada Big Band


Comentarios recientes