Filosofía y Letras abre la puerta a los graffiteros, les deja pintar en el aparcamiento a ritmo de DJs y debaten con los profesores de Patrimonio

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Durante las pasadas 48 horas el espacio del aparcamiento de la Facultad de Filosofía y Letras ha sido conquistado por los graffiteros y toda su parafernalia. El momento estelar de esta actividad fue la mesa redonda al aire libre, rodeados de graffitis pintados para la ocasión en el lugar en los paneles de pladur dispuestos por los organizadores.

El debate llevaba por título ‘Granada, Graffitis y Patrimonio’ y participó Pepe Castillo, profesor de Patrimonio de Historia del Arte, grafiteros clásicos y reconocidos de la ciudad y los propios estudiantes.

Jesús Prieto fue el encargado de abrir el debate y de organizar el turno de intervenciones. Tomó la palabra el profesor Castillo en primer lugar, quien trató de situar el debate en su justo término:«la idea trasladada en Granada es que todo lo que es graffiti es suciedad, y no siendo cierto, es complicado valorarlo».

Por eso, prosiguió, «lo primero es ver qué graffitis aportan valor a la ciudad, porque la imagen de la ciudad histórica nos corresponde a todos los ciudadnos, y cuando se pinta, afecta a la imagen de la ciudad y se actúa sobre un bien que es público. Es de todos los ciudadanos y hay que tenerlo en cuenta, porque es la imagen que pertenece a los ciudadanos».

Remató que «la ciudad tiene su propia dignidad, que la da su propia imagen» y que «los graffiteros tienen que darse cuenta de que privatizan algo que es público, que es de todos, por lo que no todo vale».

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En el otro sentido, significó que «los graffitis aportan mucho porque la ciudad tiene que estar viva. Pueden aportar valores nuevos siempre que no alteren la propiedad de un particular o el monumento». Sí está de acuerdo el profesor en que «los graffitis ponen de manifiesto el grado de deterioro o de abandono que tiene una ciudad o un espacio determinado».

Es decir, que «cuando se pinta en espacios abandonados se pone de manifiesto que no cumple las funciones como ciudad y lo convierto en un espacio de creación. Es una llamada de atención sobre la necesidad de actuar sobre este espacio. Que la ciudad funcione».

Su conclusión es que «hay que diferenciar. Los graffitis tienen cabida en la ciudad histórica si son respetuosos con el valor que le damos los ciudadanos al valor histórico. Hay que hacerlo de forma armónica y respetuosa y tiene cabida desde esa perspectiva. desde la dualidad. Hay que buscar la manera de incorporar el graffiti desde el respeto».

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Uno de los graffiteros explicó que «si pintas en un lugar abandonado antiguo, se te multa». Yse preguntó «¿Qué pasa con la casa que el ayuntamiento no arregla? Con la dejadez se cae». Significaba que tampoco las administraciones cuidan el patrimonio, que se pierde, y no se les multa por esta dejación de funciones y, sin embargo, a ellos se les persigue.

Raquel matizaba por su parte que «la pintura reivindicativa se mezcla con el graffiti», y ponía como ejemplo «que no es lo mismo escribir en una pared ‘Los políticos son unos cerdos’, que hacer un graffiti con valor artístico. No se puede meter en el mismo saco».
Sin embargo, otro graffitero sostenía que aunque no es lo mismo la la pintada que el graffiti hay que tener en cuenta que «la pintada está en la cueva y en Pompeya. Están en los árboles y en los bancos. Es humano. Es la necesidad de comunicación. Que lo queramos rechazar porque un arquitecto diga que la ciudad tiene que ser blanca no es correcto».

Y continuó:«La pintada merece un respeto enorme. Es un joven que dice que te quiero o un pueblo que protesta. No se puede rechazar actitudes que son tan antiguas. ¿Por qué hay que rechazarlas? Vamos a cambiar esto un poquito. Es fácil llegar a Gran Vía y ‘comerte’ el nombre de Adidas y cosas así». Destacaba que hay letras por todas partes y que unas, las de las marcas comerciales son legales y las suyas no lo son.

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También tuvo mucha repercusión el valor de la libertad y de la expresión. Se destacó que «controlar una expresión artística es poner control de la expresividad de quien está pintando» o que hay que saber que «no todas las obras de arte han sido valoradas igual a lo largo de la historia».

Otro participante sostuvo que «el discurso institucional es control de la expresión. Yo entiendo que hay lugares de la ciudad donde no hay que pintar pero hay mucha ciudad y hay mucho cemento».

Hubo dos conclusiones. La primera:«El graffiti no es institucional. Es una reacción». Yla segunda, fatalista:«No se fían de nosotros».

MÁS INFORMACIÓN
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2 Comentarios en Puertas abiertas al #UGRaffiti

  1. Hola. La frase del profesor Castillo : «cuando se pinta en espacios abandonados se pone de manifiesto que no cumple las funciones como ciudad…« expresa perfectamente las pintadas en el palacio de Dar-al-horra y el callejon de las monjas

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