Categoría: Música

Lágrimas rosas

Mucha gente viene a Granada y lo primero que visita antes que la Alhambra es el Ruido Rosa. El local, que acumula casi tres décadas de birras y canciones, está ubicado en la zona de Pedro Antonio de Alarcón, en la calle Sol, y ha anunciado su cierre esta mañana. En Facebook y para desolación de todos los que fueron, todos los que van y todos los que tenían pensado visitarlo.

Natalia, camarera del Ruido, DJ y cantante de Dolorosa, un grupo indie con muy buenas pintas, no puede dejar de llorar cada vez que se da cuenta de que cierran el garito: “Nunca he llorado tanto”. “Nueve años en la barra es mi vida”. “Es una injusticia”. “Luego dirán que si-sí y que no-no”. “Mierda”. Y sigue con sus lágrimas rosas y te das cuenta de que nadie llora como llora Natalia el Ruido Rosa. Su cierre.

Son las lágrimas de dos generaciones, la que se reunía en los años noventa, cuando el local estaba pintado de rosa y tenía la barra a la izquierda. Y la siguiente, la que el año pasado siguió con pasión la ‘Maniobra de Resurrección’ de 091 y dos décadas después se seguía reuniendo en el mismo local, esta vez con las paredes pintadas de verde oscuro y la barra a la derecha.

Dice la leyenda urbana que es cierta que los músicos que han hecho famosa esta ciudad de Granada se reúnen en el Ruido aunque nadie les vea. Que se han reunido siempre. Y es cierto. La última noche que me dejé caer por el Ruido bajé los escalones y tras cruzar la puerta me topé con J de Los Planetas y al escuchar el riff de guitarra que se abría paso por los altavoces le confié: “Sólo tú y yo en el bar sabemos que es Hendrix”. Se descolgó dos segundos de la nube, enfocó la mirada y sonrió.

Una vez abierto el puto baúl de los recuerdos tendré que contar que en esos mismos escalones me estrechó la mano un tipo llamado Joe Strummer. En un spanglish gutural me soltó un “Hola, tío”, y le pedí un autógrafo. Es la única persona a la que le he pedido un autógrafo. Y la última. Luego nos pusimos a fumar a beber y a bailar y brillaba entre todos el bueno de Jesús Arias, el amigo del líder de The Clash, que nos lo presentó.

Hay muchas más historias que contar. Seguro que cada uno de vosotros, cada una de vosotras, tiene la suya. Si te apetece, puedes compartirla en los comentarios y contamos entre todos la historia de un bar que es, fue y será como Roma cuando el Imperio, una idea. Que es el lugar donde vive el alma y la música, el amor y nuestra juventud.

El comunicado publicado en Facebook, completo:  “ESTA NO ES MANERA DE DECIR ADIÓS. Sí, amigos, durante los últimos 30 años hemos intentado hacer de Granada una ciudad mejor. Nuestro empeño ha sido difundir la cultura musical en todas sus formas, contribuir a crear una escena musical alternativa a la corriente mayoritaria y también, por supuesto, hacer de Granada una ciudad más divertida. Pero nos vemos obligados a decir adiós.

Han sido tres décadas en las que hemos formado una gran familia en torno al Ruido Rosa, un lugar en el que nos hemos visto reír y llorar, amar y odiar, cantar, disfrutar en la búsqueda constante del mejor arte. Tras las puertas del Ruido hemos sido capaces de crear un pequeño espacio para la libertad, pero ahora esa libertad no es posible.

No queremos despedirnos sin dedicar un recuerdo muy especial para los que se quedaron en el camino, para los que de un modo u otro habéis trabajado en el Ruido, y a todos los que asiduamente o de vez en cuando os apoyasteis en nuestra barra, vosotros lo hicisteis grande. Y, cómo no, a todos los artistas que os subisteis a su pequeño escenario, a todos muchas gracias por vuestro arte, gracias y adiós.

Adiós porque esto muere, desaparece, se pierde por el empeño de las administraciones en aplicar leyes que impiden el desarrollo de actividades musicales en locales como el nuestro.

El apoyo a la escena musical de nuestra ciudad no debe consistir sólo en gestos y proyectos de cara al turismo. Al menos habría que cuidar que no se destruya el tejido musical ya existente.

Teníamos una larga lista de actuaciones para este año, pero la estricta normativa y la presión de las sanciones han terminado por asfixiar uno de los últimos templos de la música granadina. El Ruido cierra sus puertas para siempre.

En estos 30 años hemos visto pasar por el Ayuntamiento de Granada todo tipo de opciones políticas, todas con un denominador común: la constante persecución a la música en cualquiera de sus manifestaciones. Tres décadas de constantes normativas, tanto del Ayuntamiento de Granada como de la Junta de Andalucía, que limitan, vigilan, presionan y hacen imposible el desarrollo normal de cualquier actividad. Claro está, con un claro y desbocado afán recaudatorio.

En el Ruido se ha movido buena parte de la escena musical granadina, y ellos lo saben. Hemos sido la contracultura, los que contestan, los que no se callan, y eso no les gusta.

Esto es lo que está pasando realmente en Granada, “la ciudad del rock”, la misma que entierra sus rios, mata a sus poetas y ahora también calla su música.

Esta vez ganan ellos, pero a veces hace falta un cadáver para que empiece una revolución. Pues bien aquí, lo tenéis.

Hey hey, my my, rock & roll will never die!

RUIDO ROSA”.

 

 

Strummer no Falla

 

•Dirigido a: estudiantes del Grado de Historia y Ciencias de la Música, estudiantes de los distintos grados de Educación, alumnos de conservatorios de música, profesionales en activo en el ámbito de la enseñanza musical y la interpretación, y en general a todos aquellos interesados en los contenidos del curso.
•Contenidos: en conmemoración del XV aniversario de la muerte de Joe Strummer, este taller se centra en el análisis de las músicas populares urbanas incidiendo en el sonido como materia base de esta música, la producción musical y la música en los medios audiovisuales.
•Fechas y lugar de celebración: del 20 al 22 de octubre en sesiones de mañana y tarde.
-Sede: Residencia Universitaria Carmen de la Victoria (Cuesta del Chapiz, 9).
•Número de horas: 30.
•Coordinador: Fernando Barrera (Universidad de Granada).
•Profesorado:
-Bob Davis (Leeds Becket).
-Franco Fabri (NIMIMS/Università Statale di Milano).
-Steve Parker (Leeds Becket).
-Sergio Lasuén (Conservatorio Superior de Música de Córdoba).
-Philip Tagg (Liverpool University).
•Tasas:
General: Inscripción 30 € y Matrícula: 110 €.
-Alumnado de universidades y conservatorios de música y danza públicos de toda España:Inscripción 30 € y Matrícula: 70€.
*Actividad gratuita para alumnos del programa de doctorado Historia y Artes (UGR).
*(Imprescindible acreditar la condición de alumno mediante el envío del certificado de matrícula o carta de pago correspondiente al curso académico 2016-2017).
•Plazas: 30.
•Selección de alumnos activos: las plazas se cubrirán por riguroso orden de recepción de solicitudes completas, incluyendo un currículum vítae que indique edad, procedencia y centro donde se han cursado estudios musicales.
•Plazo límite de inscripción: 6 de octubre.
Con la colaboración de:
-Net for including music in music studies (NIMIMS).
-Residencia Universitaria Carmen de la Victoria.
-Escuela Pública de formación cultural de Andalucía.Agencia Andaluza de Instituciones Cultura

 

Lorca & Alhambra Sound: De Joe Strummer a Leonard Cohen


OKOK0OK

Ahí están. Jóvenes, chulos, vestidos de negro, artistazos, radiantes, poseídos, embriagados, pensativos, adoptando exactamente la misma postura, piernas entreabiertas y las manos reposando en los muslos, sabiéndose fotografiados en el lugar que buscaban desde hacía tiempo. Hoy, que ha fallecido Leonard Cohen, se apaga una voz que susurraba a Lorca y le conmovía. Era el poeta que desde el ronquido y la intelectualidad transmitía una voz de esperanza, un último vals o simplemente un buen momento, unas palabras bellas, comprometidas, tímidas, de simple amor. La fotografía fue publicada en el periódido IDEAL y es de 1986, de Charo Valenzuela. La imagen inferior es de Juan Jesús García y tan solo tiene dos años menos. Es de 1984. En el mismo exacto sitio de otro tipo que también es poeta pero que llega a Granada, la Alhambra y a Lorca desde el lado salvaje de la juventud y el punk. Se llama Joe Strummer. Ambos, fallecidos, lorquianos y músicos, mitos de un Lorca & Alhambra Sound que marca las raíces, el magnetismo de una ciudad única, inabarcable. Mágica.

De Leonard Cohen, lo cuenta Eduardo Tébar: “Cohen le pone el nombre de Lorca a su hija. En 1986, cuando se produce la feliz visita a la capital nazarí, el artista peina canas y exhibe algún pliegue en el rostro. Aterriza un Cohen en fase de reinvención. En el rutilante cancionero destaca ‘Take this waltz’, adaptación del ‘Pequeño vals vienés’ de Lorca. El tema aparece por primera vez en el álbum colectivo ‘Poetas en Nueva York’. Su lanzamiento homenajea al creador de ‘Bodas de sangre’ en el 50 aniversario de su asesinato. Por el trabajo desfilan figuras dispares del panorama español e internacional. Desde George Moustaki hasta Lluís Llach. Desde Chico Buarque o Donovan hasta Paco de Lucía o Patxi Andión. Una pintura de Eduardo Úrculo en la portada. Texto ilustrador de Ian Gibson. Y la intervención estelar de Cohen”.

De Joe Strummer, contado por el inolvidable Jesús Arias: “Su primer contacto con su poesía fue a través de los discos vinilos de Paco Ibáñez que las hermanas Romero habían traído a Londres desde Málaga. En concreto el disco de Lorca y Góngora -con dibujo de Dalí en contraportada- y el directo de Olympia de Paris”, cuenta Richard Dudanski, amigo de Joe Strummer y batería de 101’ers, la primera banda de un joven John Graham Mellor. Era la época de los squats londinenses y su relación amorosa con Palmolive, Paloma Romero, una joven andaluza que acabaría siendo batería de The Slits y The Raincoats.

La admiración se transformó en versos de homenaje que viven en canciones como Spanish Bombs (London Calling, 1979): “Me contó que la escribió en un viaje a Costa Rica y en ella dice Oh, please, leave the ventana open (Oh, por favor, dejad la ventana abierta), en clara alusión a los versos del poema Despedida de García Lorca”, explica Jesús Arias, músico, periodista y amigo granadino de Joe Strummer. Esa misma admiración lo llevaría a querer encontrar el cuerpo del poeta de Fuente Vaqueros en una de sus múltiples escapadas a Granada: “Me recogió en un coche enorme que había comprado gracias al dinero que le prestó Santiago Auserón y fuimos hasta Viznar. Allí quiso que compráramos palas para desenterrar el cuerpo de Federico García Lorca, pero le quise hacer ver primero el lugar para que se diera cuenta de que aquello era imposible. Una vez allí y después de la profunda emoción que sintió al verlo me hizo prometer que escribiríamos una canción juntos y que algún día iríamos allí todos los amigos y tocaríamos”, cuenta Arias, que aún tiene grabada una de las frases que Strummer le susurró cerca del lugar donde está enterrado Lorca: ‘Aún puedo escuchar el grito de los muertos'”.

5 razones para amar a Bryan Adams

Bryan Adams

1-Tienes 23 años recién cumplidos. Es domingo. Junio. En Euskal Herria, en junio, en la década de los ochenta, hubo sequía, empezaba entonces. Le llamábamos a la tierra que nos había visto crecer mojados Euskadi Tropikala. Ahí estaba sentado yo, en la plaza Malakate, en Maidagan, en Andra Mari de Getxo con uno de los mejores regalos que te puede dar la vida: un amigo como Paúl Zubillaga. Él estudiaba Náutica, es decir, para capitán de la Marina Mercante. Yo, en tercero de Periodismo. Estábamos sentados en un banco en Malakate, y en menos de una hora, en La Casilla, tocaba Bryan Adams.
-¿Vamos?, me dijo Paúl, que tocaba la guitarra en un grupo en Donosti con la cuadrilla, con Alex, Josetxo….
-Tengo examen de Audiovisuales mañana, con Díaz Mancisidor….
-Vale. Tampoco tengo pelas y me viene mal
-Ya, cambié de bando, porque era Bryan Adams, insistí.
-Deja. Deja. Es domingo, exámenes, junio, y como vayamos la liamos… ¿Te sabes el chiste del murciélago?
-No. (Paúl era así, un genio de la diplomacia).
-Ya habría más veranos. Del 69 0 del 88

2-Septiembre de 1986. Dos años antes. Tras 20 horas de bus estaba en un ferry cruzando de Calais a Dover. Iba a Londres. Ahí me enteraría, por ejemplo, que Barcelona iba a celebrar las Olimpiadas del 92 o que el Bing Bang en la Bolsa era ya una realidad (eso es, para el que se haya perdido, el primer hecho de la globalización, una Bolsa que no cierra nunca). Vivía en Holland Park, cerca del mítico bulevar de Sheperd’s Bush, donde vivían y bebían los mods de Quadrophenia. Era un hostel indio que me alquilaba una litera en un cuarto con Laurence, un carnicero australiano, Pete Healing, un buscavidas macarra de madre de Nueva Zelanda y padre de Liverpool, y Conard, un ingeniero irlandés. Pocas veces he sido tan feliz en mi vida como cuando, finalmente, esos tres tipos decidieron que yo era uno de los suyos. Nunca Londres fue un lugar tan maravilloso. Nuestra banda sonora era Bryan Adams y cantábamos sus canciones a voz en grito. Nos bautizamos como The Number Teen Room Boys. Y todavía tengo en mi librería el regalo que me hicieron de despedida.

3-Lejona. Ahora Leioa. Nuestra Universidad. Fiesta de fin de curso para recaudar fondos para el viaje de fin de curso de quinto de carrera. Dubrovnik era el destino. Mi amigo está completamente enamorado. Suena ‘Run to you’ y me dice que “haré todo lo que tenga que hacer para que me mire”. Lo consiguió.

Mientras me contaba esto, sonaba en la fiesta ‘She is only Happy when she is dancing’, y mientras yo le respondía que la que a mí me gustaba estaba justo junto a nosotros, ella le dijo a su amiga sin saber que le podíamos oír: “Me duele el cuello de tanto…xxxxx  xxxxxxx”.
La vida es así, queridos.

4-Granada. 1998. Estoy solo. Y también estoy vacío. Busco canciones. Buceo en una tienda de vinilos. Aparece el viejo Bryan de hace ya dos décadas. Suena ‘Sombeody’ (I need somebody to love) y empiezo a pegar botes. Pienso que le debo uno al canadiense. Una de las buenas.

5-Hoy. Granada. Desde la última vez me ha pasado de todo. Pero, sin embargo, sigo solo. Y también estoy vacío. Bryan Adams está tocando en el pabellón de la ciudad. Yo ando de guardia. Misteriosamente, el chat de Facebook echa chispas. No son más que personas que te llaman para no estar contigo o para no escucharte, algo que realmente no tiene para mí mucho sentido. Y de repente apareces tú, con tus canciones, con tu emoción, con tu ganas de hablar, de escuchar. Y entonces me doy cuenta de que ya no le debo nada al viejo Bryan. Te la debo a ti. Y gracias.

 

 

091: El numberuán o de Sinatra al piano en Las Vegas

091-01

Manu Leguineche, el jefe de la Tribu de corresponsales de guerra, escribió el día que murió Frank Sinatra que al mito había que tratarlo en su salsa, al piano, antes de un concierto, con su vaso de whiski y un cigarrillo, perfectamente peinado y enchaquetado, relajado, preparándose.

Ahí es donde salía el mejor Sinatra. Como cuando al teléfono desde NY le cantó una noche entera al oído a su mujer, Ava Gardner, que grababa en España una peli y de paso se tiraba a un torero que, dicen, nada más terminar de hacerle el amor, se vistió y salió de la habitación del hotel justo en el momento en que Ava le preguntaba:
-¿Dónde vas?
-A contarlo
Seguramente fue entonces cuando la actriz de los Ojos de Gata, acuñó para sí la frase aquella de que “se acostaban con Ava y se despertaban conmigo”.

091 2

Ahora, te encargan un perfil del Pitos, el vocalista de 091. Le conoces desde hace 25 años y te buscas a un tipo que le conoce cuándo el Pitos tenía 16 años, el gran J.J.G.. Haces acopio de recuerdos, de Festivales del Zaidín, del segundo aniversario del Arock con Leche, la mítica sección de discos que en los noventa publicaba IDEAL y que organizó un concierto con Amparanoia, Doctor Feelgood y una versión reducida, Lapido y el Pitos, que cantaron a capella con la guitarra acústica la del Espantapájaros, que salió tan rematadamente excelente, que desde aquel momento la incorporaron a sus directos de esta forma.

¿Qué más? Hablas con Santi y con Carlos. El primero hizo la gira de despedida con los Cero hace veinte años y salió en el Zarabanda; y el segundo fue el que en Rentería, Gipuzkoa, me habló de 091 cuando todavía ni siquiera era la década de los noventa. Luego nos bajaríamos juntos a este Deep Sur. También le paso el texto a muchos y muchas. A Ana, por ejemplo, que me lo devuelve con un beso y me lo firma como fan galáctica de los Cero. Y añade un “está bien retratado el Pitos, tú”.

Tengo dudas, porque no sé si centrarme en el chaval que nació en el Padul, que fue punk en los bares de los ochenta o así, que formó un grupo histórico en Huétor Tájar, en el vendedor de ropa de segunda mano, o en el tipo tímido y actitud que canta las canciones de Lapido, como Loquillo las de Sabina, que se dice pronto que aguanta esta comparación.

También puedo relatar el recorrido desde TNT hasta 091 pasando por las Maniobras de Resurrección, el Hombre Garabato o los Guerrero García, Mezcal… es decir, el gran músico, el buen vocalista en que se ha convertido durante todos estos largos años.

Entonces, con toda la info, la experiencia, los conciertos vividos y compartidos, la música de los Cero a toda pastilla en los auriculares, el teclado brillante y la página en blanco, comienzas a escribir. Me gusta recorrer la ciudad, Granada, con mi cráneo y contar lo que veo.

El resultado es este perfil sobre el Pitos: ‘El hombre de negro y luz’. (Leer el perfil en este link). La foto que manda en la página es una joya. No es un posado, no es su estilizada figura, ni una pose Elvis-Morrison, tan efectista, tan elegante, tan actitud. La foto es el Pitos, ojos cerrados, manos agarradas al micro, cuello subido a la cabeza, en pleno esfuerzo, poniendo voz a las eléctricas guitarras-Lapido, a la base rítmica insuperable Tacho-Jacinto. Es el Pitos en ese instante, Sinatra al piano en Las Vegas. El numberuán.
Espero que os guste

014GRA20160123

FOTOGRAFÍAS
-La foto en sus dos versiones, solo ante el micro, en La Rioja, la madrugada del domingo al lunes 3 y 4 de enero, sacada por este menda lerenda desde la primera fila. Está cantando en ese momento la de “Un día en el Sacromonte”… #debajodelaspiedras