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Van ganado los grafitis. Van perdiendo las pintadas. El arte urbano que representan los primeros debe permanecer. La falta de educación y de ciudadanía debe desaparecer con las segundas, las malditas pintadas que afean la ciudad. El debate debe ser sobre los grafitis. El consenso sobre las pintadas. Hay que ayudar a los artistas urbanos, a los escritores, a que desarrollen su creatividad. Hay que articular soluciones, buscar espacios, crear protocolos y aprovechar que Granada es una potencia en arte urbano y está reconocida internacionalmente como tal.

Es cierto que los grafiteros son como un grito de rebeldía y que pintan o escriben, como dicen ellos, para expresarse. también es cierto que más allá del quebranto de las leyes, saben que su arte, por definición es efímero y sujeto a las inclemencias meteorológicas, al paso del tiempo. O, directamente, a que te repinten encima, como ha pasado tantas veces. La última, por señalar, el ‘ecce homo’ que han hecho al retrato de Joe Strummer de los Chas en su propia placeta.

Otro reto que hay que resolver y que es asimismo peliagudo es el derecho que tiene cualquier ciudadano a privatizar un espacio público. Es decir, por qué un grafitero puede pintar en tal pared y a un ciudadano que pase por allá todos los días le tenga que gustar, tenga que aceptarlo y transigir. Si el espacio de la ciudad es de todos, todos podrán opinar sobre lo que se ahce con él. Sin ánimo de polémicas pero con ganas del debate, ánimo a crear un espacio de discusión al respecto. Y aviso que me pondré de parte de los grafiteros, por supuesto.

Para demostrar mi posición, me he pillado mi cámara de fotos y he fotografiado unos cuantos que me parecen que tiene cada uno de ellos y a su manera, un toque especial. Que habría que buscar la forma de protegerlos y de que tengan todas las bendiciones de las administraciones, sí; pero también de los vecinos que van a convivir con ellos.

Claro, lo que me interesa es saber tú qué opinas

A propósito del Nevada: En las tiendas del Realejo te llaman por tu nombre (Y tú les llamas por el suyo)

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Llevo veinte años viviendo en el barrio del Realejo de Granada porque hay mucho y bueno que me gusta. Hoy escribo apabullado por la inauguración del Centro Comercial Nevada, en Armilla, frente al PTS, con modelos femeninas, arzobispo de Granada, el presidente del Puerto de Motril, el árbol navideño más grande de Europa y fuegos artificiales para un espacio más dedicado al consumismo que crea puestos de trabajo a tutiplén. Esto último, hay que reconocer y aplaudir.

Entonces, pese a que hay productos culturales interesantes en la oferta del Centro Comercial Nevada, como los cines Kinépolis o la FNAC, un chollo de idea porque parece que vas a una librería lo que queda absolutamente cool pero realmente la peña va a comprar cacharrería multimedia y móviles y todo eso…. ¡Que me lío! Que digo que sí, que guay, que otro megacentro comercial que sumar a la oferta que ya rodea prácticamente la ciudad de Granada por todos los costados posibles.

La pregunta es, ¿qué hacemos con los comercios del centro? ¿Y con los de los barrios? Porque el comercio da vida al barrio y construye ciudad, la ciudad que queremos vivir con nuestros amigos, nuestras familias. Reflexionemos sobre este asunto.

Panoramica Realejo

El viernes pasado atardecía y saqué la cámara para tomar esta panorámica de la calle Molinos, eje central del Realejo. En el centro se ve la terraza del bar restaurante Papaupa, que se ha hecho un hueco en el corazón del barrio de la mano de Marga y Paco. No voy a hacer publicidad de ellos ahora, no la necesitan. Pero sí voy a contar que el pan se lo compran a la Conchi, a menos de dos pasos el uno del otro, y que les hacen bollos especiales de hamburguesa. Y que las frutas y las verduras y las hortalizas se las pillan a Del Pino, justo un poquito más allá. Y así, mayormente con todo. Compran en el barrio. Como Paco, del bar Molinos, que a diario le veo tirar con la motillo al Mercado de San Agustín a comprar pescadito fresco. No en vano, sigue teniendo uno de los mejores de toda la ciudad.

Pongo estos dos ejemplos, pero hay muchos más. Miguel, del Bar Candela, también compra el pan en la Conchi, se le ve a diario, sobre las once de la mañana, con un saco lleno de bollos de pan rumbo al bar para levantar la persiana, y su mítico jamón se lo compra a Diego, de Casa Diego, también a poquísimos metros el bar de la gran charcutería y carnicería.

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Son negocios del barrio que compran en el barrio. Por eso el Realejo está vivo y da gusto el ambientazo que tiene a diario, donde estudiantes universitarios se mezclan con maris y perroflautas, vecinos de viejo y de nuevo, y todo el mundo se saluda y comparte vivencias, con exquisita educación, cortesía vecinal, orgullo de barrio.

Me encontraba el otro día con Lola Boloix, presidenta de la Asociación de Vecinos del Bajo Albaicín, en la calle Molinos. Estaba de compras, “porque en mi barrio no hay nada, como no suba a Plaza Larga…”. Mal destino el de un barrio que se muere por dentro. Algo hay que hacer al respecto.

Mientras se abre el Centro Comercial Nevada y se une a esa Vía Láctea de grandes superficies que rodean el perímetro de la ciudad desde Pulianas hasta Armilla, yo sigo de momento haciendo mis compras en mi barrio. Y también el ocio, mis cañas y mis cenitas. Y si me apuras, algún día salgo del barrio y paseo por la ciudad, me pierdo en el Albaicín, el Zaidín o La Chana. Y ya puestos, iré al cine a algún centro comercial, que en la variedad está el gusto.

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Pero tengo que reconocer que me brota una sonrisa cuando Diego o su hermana, en la foto inferior en su comercio, rodeados de jamones y todo tipo de productos, me dicen: “Buenos días Señor Javi”. O el cariño que prestan a mi enano, Andrés, que ha aprendido a hacer la compra en todos los comercios del barrio. Y si le dejo solo y debate entre tal o cual pieza de carne, ya aparece, como el viernes pasado, Pablo de la sidrería asturiana El Trasgu, en el Campo del Príncipe, para recomendarle una buena hamburguesa de buey.

O Virginia, en su farmacia en la Plaza del Realejo, otra sonrisa mientras te sirve los medicamentos que te han recetado en el centro de salud del Campo del Príncipe. O del Bar Antonio, donde mi socio Alfonso posa con su amigo, el día que ganaron el premio a la mejor Cruz de Mayo, que nunca pone un solo impedimento y ya no es una sonrisa, es que le da alegría cuando entras a ver el partido de fútbol correspondiente.

O Luis, que pone a punto las bicis con otra sonrisa, y las engrasa, y te da consejos y te regala un candado y yo qué sé… siempre te saluda cuando te cruzas por el barrio. O Diego, en la Plaza Fortuny, probablemente el mejor ferretero del mundo, donde su ferretería es un microcosmos, una pandemia de artilugios de todo tipo.

Y todos te llaman por tu nombre. Y tal y como escribo hoy, yo también les llamo por el suyo. Y mi hijo también. Así que no necesitamos arzobispos, ni fuegos artificiales, ni presidentes del Puerto de Motril, ni modelos. Si eso, que venga Estrella Morente, que cantó en la inauguración del Nevada, que aquí se le quiere como se le quiere a su padre, siempre vivo en cada esquina de este barrio que es el suyo, el nuestro, el de todos.

20140116.- FOTOGRAFIA: GONZALEZ MOLERO SUPLEMENTO DE GASTRONOMIA.CASA DIEGO.
Virginia Ortega. 08-05-08. Argider

XXXX. Foto: Alfredo Aguilar

AMIGOS GRANADINOS DE CADEL EVANS, GANADOR DEL TOUR 2011. FOTO:ALFREDO AGUILAR

20151029. FOTOGRAFIA: GONZALEZ MOLERO. PLAZA FORTUNY.

Todas las comidas del mundo según el Realejo

0_DSF0437Apenas doscientos metros separan Santa Escolástica de la calle Molinos. Entre medias se cruza la plaza Fortuny y la del Realejo. A lo largo de estos escasos doscientos metros se acumula un aluvión de garitos que ofrecen comidas del mundo que se combinan con las propuestas clásicas de tapas y raciones, y también con los gastrobares de rabiosa actualidad o los restaurantes más coquetos.

La explosión de sabores que envuelve al Realejo esta primavera ha llamado incluso la atención de la guía gastronómica más consultada de todo el mundo. No. No se molesten. No es ni la guía Repsol ni la guía Michelín. Ni tampoco sus parientes más alternativas como las guías de ‘Trotamundos’. ‘El New York Times’ acaba de publicar una artículo que explica la transformación de la vieja judería granadina en un barrio para sibaritas.

«Es una zona mágica de la ciudad», comienza el relato que firma la periodista Sara Lieberman y en el que ha entrevistado a un ramillete de protagonistas de esta transformación, como se asegura en el texto, que ha remozado la zona. A lo largo del reportaje habla con los responsables de Gar-Anat Hotel, en la placeta de los Peregrinos; con los de la Taberna del Jamón, en la plaza de los Campos; la tienda de alimentos Agroláchar, en la calle San Matías; o con los dueños del colmado italiano Cacho e Pepe, en la calle de la Colcha. También en el mismo Realejo podría haber entrevistado a los responsables de Casa Diego, una de las mejores tiendas de delicatessen de Granada; o con Évora, que venden vinos de todo el mundo escogidos por ellos mismos.
_DSF0441Otro de los protagonistas es Papaupa, en la calle Molinos, que con su oferta ‘retrofashion food’ y su decoración a medio camino entre Manhattan y el salón de tu abuela, ha combinado el remojón granaíno y las papas a lo pobre con las arepas y el ceviche colombiano.

Calle arriba acaban de abrir Colagallo, con un maravilloso pulpo seco y, en el siguiente número de la misma calle, aparece un mexicano con tapas y margaritas, primo hermano del más antiguo, en la mismísima plaza del Realejo, de muchos conocidos por su celebre pintada en la pared que reza: «Prohibido bailar encima de las mesas». Más una invitación que otra cosa.

Arriba, el bar Damasqueros con su codiciada terraza y enfrente El Jergón, alternativo y con propuestas culturales como su Festival de Cortos Ateos. Y, prácticamente encima, El Gato Gordo, la Casa del Microteatro, que ofrece representaciones cada jueves y viernes por la tarde desde hace un año y sortea las entradas a través de Facebook.
Ya tenemos los sabores de América con tacos, fajitas, arepas y ceviche. Bajamos la pendiente y nos encontraremos con el resto del mundo. En la plaza del Realejo hay pizzas para comer a bocados y Terra, sencillo pero confortable, que ofrece desde muffins a unas alitas tereyaqui, que es una preparación oriental que deja a la altura del barro a la otrora ganadora, la salsa barbacoa.

_DSF0409En la plaza Fortuny, dos establecimientos asiáticos ofertan comida para llevar: woks tailandeses uno y sushi y nigiri el otro, ambos perfectamente escoltados por un local de papas asás exprés y el mítico Sota, que resiste al ‘invasor’ culinario ahora y siempre junto al bar Molinos y su maravillosa colección de fotografías antiguas de la ciudad.

La esquina siguiente está ocupada por el gastrobar La Borraja, uno de los grandes renovadores de la oferta en el Realejo con Lola y su restaurante Damasqueros, una propuesta gastronómica única en la ciudad. En la misma plaza acaban de inaugurar estas pasadas Navidades otro local de calidad.
Se llama 3 Maneras y te puedes comer un perrito caliente de cangrejo y levitar. Frente por frente, probablemente los mejores kebabs de la ciudad, o al menos, con los del establecimiento compañero de Santa Escolástico, los que cuentan con más solera y tradición.

_DSF0423Ya queda menos por recorrer de estos doscientos metros de cocina de los mundos y dos pubs jalonan la meta. Irlandeses y de madera, ofrecen pintas de las mejores lagers de la verde isla esmeralda. Poco queda por terminar el recorrido hasta llegar al mítico bar Candela, que acaba de renovar su oferta y ofrece bocadillos para cinco personas. Traineras se llaman. No podía faltar el toque vasco en esta oferta con las mejores cocinas del mundo.

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LOS CINCO CONTINENTES (Vale, falta Australia)
Europa. Los dos pubs ofrecen todo el sabor de la verde Irlanda con toques de madera y pintas.
África. Los kebabs en todas sus variaciones se ofrecen las 24 horas al día a precios económicos.
América. Los clásicos tacos y toda la parafernalia mexicana aderezada con margaritas y coronitas. Además, arepas y ceviches colombianos o patacones de banana.
Asia. La gran novedad. Están de moda los woks de verduras y el sushi con toda su variedad de colores y sabores.
Y de Granada. No hay que olvidar que estamos en el Realejo, con bares y restaurantes de gran altura y tradicionales repartidos por todos los rincones. Y, por supuesto, el Campo del Príncipe.

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Danza Social en la Facultad de Letras

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Escribe la periodista Cristina Vera: “Es delicioso escucharla. Inteligencia sin postureo y una capacidad de compartir su mirada y contagiarte su curiosidad que quita er sentío. Mercedes Peinado Vera presenta ‘DIEZ’ mañana miércoles, Día de la Danza, en la Facultad de Filosofía y Letras”. Añadir que es además gratis.

La directora de ‘DIEZ’ explica que “es una retrospectiva de extractos de obras de danza contemporánea que no he estrenado en Granada. Mercedes Peinado se considera “una coreógrafa social. La danza me permite mostrar mi descontento con el malestar social por un estado de cosas”.

Sobre el espectáculo, destaca que “hay alusiones a la Violencia de Género, reflexiones sobre de qué manera la sociedad se ocupa de sus niños y ancianos, o la controversia del uso de las Nuevas Tecnologías que configura una manera nueva de entender el ocio y las relaciones interpersonales”.

Cuando se ve el vídeo llegan reflexiones y términos como Sociedad, como Estado del Malestar coreografiados para protestar y también disfrutar. Es la vertiente del sarcasmo y de la ironía. Y tintes dramáticos que no se pueden evitar, que explica Mercedes Peinado.

“La música está seleccionada con muchísimo mimo. El espectáculo cuenta con una producción visual de Retroproject, que tiene mucho que decir en el campo de las artes visuales”.

Los protagonistas, un grupo de bailarines totalmente entregados y comprometidos y activos para la gestión de la creación, aunar esfuerzos para un espectáculo de los que sales y dices: “Pues menos mal que he venido”.

En palabras de la arquitecta Blanca Espigares Rooney: “Yo no me lo perdería. El baile es liberación y expresión, seguro que nos sorprenden”.

MÁS INFORMACIÓN
-Estudio de danza de Mercedes Peinado: CuatroxCuatro Multidanza (Link a su página en Facebook)

Realejo: Una pilona en el camino

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Jaime vive en el Realejo. Aquella tarde se encontraba en su casa al cuidado de su bebé de apenas un año, el tercero de su matrimonio. Su mujer se dirigía con sus otros dos hijos, de siete y de cuatro años, a una cena con unos amigos de una organización scout. Hasta aquí, todo sucedía con una completa normalidad.

La mamá y sus dos hijos transitaban por la calle Santiago, paralela a la calle Molinos, y de repente el niño pequeño, de cuatro años, se vino al suelo en un santiamén. “El niño, que para eso es un niño, iba haciendo “el cabra”, canturreando y pegando sus saltos. Pero dentro de lo normal, sin salirse de la acera y bajo la estricta vigilancia materna”, cuenta ahora el papá.

Guillermo “se cayó y perdió el conocimiento tras pegar el calamonazo contra el suelo. Fue un largo minuto. Se generó un corrillo de gente, todos muy preocupados, y la situación fue muy dramática porque el niño no reaccionaba. Gracias a dios, mientras llegó la ambulancia el niño empezó a reaccionar”, recuerda aliviado el padre.
La ambulancia trasladó al pequeño rápidamente a Urgencias del Hospital Materno Infantil. “Le hicieron las pruebas de rigor, más que nada, unas maniobras de movimientos para descartar lesiones… y lo mandaron a las dos horas de estar en observación para casa”. Ciertamente, reconoce ahora el papá, “no fue nada, pero imagínate el susto que nos llevamos y ?sobre todo?, la madre, que lo vivió en directo. Yo estaba en casa con el otro bebé, así que no supe nada hasta que me llamó por teléfono. A partir de este momento y hasta que Guillermo estuvo en casa tras su paso por el hospital, fueron unas horas muy pero que muy tensas”, reconoce.

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La cosa quedó ahí. “Y yo daba por hecho que el niño había tropezado con un pivote de los de la calle, los más normales que se ponen para que los coches no se monten en las aceras”. Pero no. “A la semana siguiente íbamos otra vez por la calle Santiago y mi mujer me dijo “aquí es donde tropezó Guillermo”. ¡Y me encontré con un pivote en medio de la acera de la calle Santiago! Pensé que había que haberlo denunciado sobre la marcha, pero bastante que tuvimos entonces con el susto”.

Así, “en cuanto vi que estaba el pivote en medio de la calle lo que hice fue llamar a la Policía Local. Me atendieron estupendamente por teléfono. Tomaron nota y a los diez minutos me devolvió la llamada. Y me dijo “estoy viendo por Google Maps lo que me está contando, y me dijo, palabras textuales, esto no me lo explico cómo está ahí puesto. No tiene ni pies ni cabeza. Está puesto ahí de forma inexplicable”. Este padre pensaba presentar una reclamación formal, “pero parece ser que el tema era tan sangrante que la Policía Local dio parte y se solucionó de inmediato”.

Se da la circunstancia que este pivote en el medio de la acera de la calle Santiago “protege” el portón que da acceso a la Cofradía del Señor de la Humildad.