AVE que no vuela

Asiste Granada a cierta ceremonia de la confusión a cuenta del AVE, la estación en la capital y a su paso por Loja. Las declaraciones de la concejal de Urbanismo, Isabel Nieto, abrieron la caja de Pandora, a la que se sumó el alcalde Torres Hurtado, así como el subdelegado del Gobierno, Santiago Pérez. Después de todas ellas, no sabemos a ciencia cierta las cuestiones claves e importantes. Daremos por descartado que la estación del prestigioso y consagrado arquitecto Rafael Moneo que tenía un coste previsto de unos 200 millones de euros (no 400) parece algo imposible, dada la escasez presupuestaria que vivimos. Otra cosa es que se adapte la construcción a un menor gasto, algo que seguramente Moneo podría hacer, dado su carácter y extraordinaria profesionalidad. Tampoco nos meteremos en los gastos del soterramiento por La Chana, por el momento, a lo que se comprometió el alcalde con los vecinos.

De lo que no cabe duda es que la estación tiene que estar donde la actual, en el centro. Un edificio de esas características, tan singular, tendrá una vigencia de decenas de años, como el siglo que ha cumplido la de Andaluces, por lo que se merece un diseño a la altura de lo que es Granada desde el punto de vista cultural, artístico y turístico, gracias al lugar que ocupa. Cualquier pasajero a su llegada puede contemplar una vista inmejorable, la Alhambra, Albaicín y Sierra Nevada. Todo un privilegio que hay que aprovechar, de la mano de la creatividad de un profesional de talla mundial enamorado de Granada, como es Moneo.
Desde luego, no puede situarse en la periferia, por cuanto uno de los grandes éxitos del AVE, y más en una ciudad turística como la nuestra, es la accesibilidad al centro y su casco histórico. Tampoco puede carecer de conexión con el metro o tranvía que se está construyendo, cuyo trazado está previsto para permitir la intermodalidad.
Decir que Granada, gracias al corredor ferroviario mediterráneo, ya no puede ser estación término sino que tiene que ser de paso, resulta un tanto absurdo cuando esa infraestructura europea está prevista en el horizonte del año 2030. Pero ya sabemos lo que son los deseos y la realidad en materia de infraestructuras. Conocemos y padecemos en carne propia el retraso, precisamente, en este AVE o en la A-7.

También el problema del tramo de la variante de Loja es el económico, entorno a los 200 millones de euros. Difícilmente asumible en estos tiempos. Esperemos a saber cuál es la propuesta del Ministerio de Fomento, pero lo que sí hay que aplaudir es su intención de que a Granada llegue el AVE lo antes posible. Porque ya sabemos que el que no vuela va a la cazuela y se lo comen otros, como nos ha pasado tantas veces en Granada. De la utilización de este tema como arma arrojadiza entre partidos, mejor no hablamos. ¿No les parece?

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