Donde dije digo…

Llegó la tercera votación para la investidura de Susana Díaz y seguimos en las mismas. Nadie se ha movido, no sea que alguien se caiga de la foto. Además, un auto judicial sobre la presunta adjudicación irregular para la explotación de la mina de Aznalcóllar ha irrumpido esta semana como elemento desestabilizador y en plena campaña electoral. Complicado escenario para la dirigente socialista, que incluso ha llegado a señalar que «si hay que ir a otras elecciones se irá». Díaz fue tajante este viernes cuando afirmó que no consentirá apoyos a su investidura a cambio de otros que preste su partido en otras instituciones, como pueden ser ayuntamientos.
Las espadas están en alto y bien afiladas. En función de los resultados de las urnas, la situación es susceptible de empeorar. La previsible irrupción de los denominados partidos emergentes en muchas corporaciones municipales y en parlamentos de comunidades autónomas provocará situaciones inéditas hasta ahora.


Ciudadanos y Podemos se configuran, entre otras cosas, como alternativas a la derecha y la izquierda, al tiempo que pueden significar un voto de castigo a las respectivas fuerzas tradicionales. Estos partidos neófitos empeñados en poner el listón muy alto en cuanto a necesarias exigencias de regeneración política, algo que les hace llegar con facilidad a muchos votantes, pueden tener la llave para facilitar, o no, la gobernabilidad en muchas instituciones. Tendrán entonces que cruzar el Rubicón y cumplir muchas de las promesas, pero también de las exigencias que, por ejemplo, ahora han planteado en Andalucía a los socialistas.
Ciudadanos pone como requisito para llegar a pactos la existencia de primarias, algo que afecta al Partido Popular. De no desdecirse la formación de Albert Rivera con aquello de que donde dije digo, digo Diego, eso haría inviable el apoyo a las huestes de Mariano Rajoy.
Ya sabemos que las promesas electorales se hacen para no cumplirlas y también que la política crea extraños compañeros de cama. Nos queda mucho por ver a partir del 24 de mayo, incluso que después Andalucía siguiera sin gobierno y acabemos en otras elecciones en septiembre, algo deplorable pero posible. Susana Díaz ha rechazado el cambio de cromos para ser investida.
Aquí no hay otra alternativa posible de gobierno, pero imagínense que se tratara de formar una coalición, como puede ocurrir a partir de la semana que viene en muchos municipios o comunidades. El panorama se pone interesante y nos demuestra que las cosas no suelen resolverse como uno quiere, sino que también dependen de los demás. ¿No les parece?

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