El pluripartido socialista

Los militantes socialistas eligieron a su líder. Vuelve Pedro Sánchez, de manera inapelable y legítima, aunque el partido está deconstruido y tiene como objetivo cerrar la hemorragia interna, con el congreso federal en tres semanas a la vista, y edificar una sólida oposición que se convierta en alternativa seria de gobierno. Susana Díaz no tiene otro remedio que ponerse de perfil ante el tsunami sanchista y no ha planteado batalla alguna a la hora de elegir los compromisarios andaluces a ese cónclave. Por fin se centrará en Andalucía para que sea su mejor escaparate. No sé si en este caso las segundas partes serán buenas o no. Hay aspectos del reincidente secretario general que sí conocemos, como el «no es no» y su opinión sobre lo que es una nación: «Un sentimiento que tiene muchísima ciudadanía, por ejemplo en Cataluña, por ejemplo en el País Vasco, por razones culturales, históricas o lingüísticas». La réplica de Patxi López en el debate a tres fue contundente y dejó sin armas a Sánchez, pero ahora la ponencia política de cara a la cumbre socialista ha abierto la caja de los truenos con la plurinacionalidad. Desde luego, hay más de un PSOE pero sólo hasta que haya una convocatoria electoral y sus correspondientes resultados no se podrá juzgar a Sánchez en su tercera reválida.


La cuestión clave es si el renovado dirigente socialista está dispuesto a sumarse o no al referéndum que propugnan los independentistas catalanes, que pretenden un nuevo Estado o si estará por la labor de intentar nuevamente instalarse en la Moncloa. Acabar con Rajoy es posible numéricamente con una moción de censura. No parece que la iniciada por Podemos lo vaya a conseguir, pero habrá que esperar si Sánchez la presenta más adelante y con qué apoyos. Todo dependerá del espacio político y sociológico que sea capaz de ocupar el Partido Socialista entre Podemos y Ciudadanos. También influirá el grado, es verdad, de desgaste del PP, atenazado por la corrupción. Hasta la Comisión Europea esta semana en sus recomendaciones a cada país, más allá de los aspectos macroeconómicos, recrimina a España que «no se han desarrollado estrategias preventivas específicas para mitigar los riesgos de corrupción». Vergonzoso que desde Bruselas nos den tal tirón de orejas.
Mientras tanto, desde la política judicial asistimos perplejos a decisiones incomprensibles, como que una magistrada que fue apartada del juicio del caso Gürtel, ahora sea colocada al frente de la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional, a la que llegarán causas como el citado anteriormente o los referidos a la Púnica, Lezo o Bankia. Como tampoco se entiende que en lo de las nuevas salas del Tribunal Superior de Justicia de Andalucía (TSJA) se imponga el capricho personal y la influencia de unos pocos en beneficio propio.
Y acabo con el azote terrorista sufrido este pasado lunes en Mánchester sobre el que sólo cabe expresar solidaridad, pero también respuesta y colaboración internacional, imprescindible en materia de seguridad por mucho que el Reino Unido vaya a salir de la Unión Europea y que Donald Trump pretenda erigirse en un líder con una visión del mundo sumamente egoísta y planteamientos unilaterales, como ha demostrado en la cumbre del G7 ¿No les parece?

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