El PSOE de Andalucía exhibe Músculo

Semana relevante para Mariano Rajoy por su comparecencia ante la Audiencia Nacional como testigo en el juicio del ‘caso Gürtel’, de la que no salió muy damnificado, por muy rápido que Pablo Iglesias irrumpiera poco después con la cansina retahíla de echarle de Moncloa, un deseo que por mucho repetirse no está en vías de ser realidad. El gallego ha cerrado un curso mucho mejor de como lo empezó, con una cierta estabilidad parlamentaria que le ha permitido sacar adelante los Presupuestos, en un ejercicio de cintura envidiable, capaz de conquistar a los nacionalistas vascos. La economía supera las previsiones y expectativas, los datos del paro van bien, aunque todavía arrojen cifras excesivas y vergonzantes, con mucha precariedad y una calidad de empleo manifiestamente mejorable.


En España la corrupción es un fenómeno difícilmente de explicar cómo se paga en las urnas. Rajoy no sale mal parado, así lo demuestran las tres últimas convocatorias electorales. Impedir que el líder del partido más votado no gobierne es harto difícil, salvo esa unión de la izquierda todavía inédita al máximo nivel. Hay experiencias municipales, comienza la primera en una autonomía como Castilla-La Mancha, pero ir más allá es un terreno aún inexplorado. Sánchez e Iglesias es posible que intenten nuevamente acercamientos, pero ambos tendrán que tener en cuenta la demostración del poderío del PSOE andaluz, que este fin de semana celebra su décimo tercer congreso y cuarenta años de existencia. Su lema lo dice todo, «Andalucía, la fuerza socialista».
Susana Díaz exhibió ayer su gran músculo en un territorio en el que su partido nunca ha dejado el poder desde que nació el Estado de las Autonomías, fruto de la Constitución del 78. Se erigió en sucesora de las esencias socialistas, arropada por Griñán, Chaves y De la Borbolla, y de manera muy significativa por Alfonso Guerra, a quien reivindicó «su página en la historia que no debe ser arrancada», días después de ser descabalgado por Sánchez de la presidencia de la Fundación Pablo Iglesias.
Díaz no se escabulle del debate territorial en el que sus compañeros socialistas se manifiestan distintos y dispares, unos abrazan la plurinacionalidad, otros el federalismo asimétrico o casi el nacionalismo, por no entrar en el apoyo de los socialistas de Baleares a la norma aprobada por aquel parlamento sobre los toros. Su distancia con Sánchez parece kilométrica. Díaz no le citó ayer ni por su nombre ni por su cargo. Intuyo que hoy en la clausura se guardarán los cuchillos y lucirán las buenas formas bajo el paraguas de la unidad, pero la andaluza esgrimirá la igualdad como mejor arma para luchar contra posibles tratos de favor, como eso de perdonar la deuda a Cataluña o Valencia. Susana Díaz se recompone de su derrota en la batalla de las primarias, pero enseña los dientes porque la guerra sigue. ¿No les parece?

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