Un 28 de febrero optimista

Este miércoles se celebra el Día de Andalucía, fiesta conmemorativa del 28 de febrero de 1981. Han pasado 37 años de aquel espíritu, que incluso arrancó antes, el 4 de diciembre del 77, con el que los andaluces salieron a la calle, se movilizaron en busca de un mejor futuro. Rememorar esta fecha hace inevitable reseñar la hegemonía del socialismo en esta tierra, que arranca de entonces, cuando Felipe González y Alfonso Guerra se fueron a conquistar Madrid para hacerse con todo el poder del PSOE, aunque nunca dejaron de estar sobre ella.


El socialismo en España se fue construyendo y desarrollándose a lomos de su fortaleza en Andalucía y alguna otra región más, pero aquí tuvieron la visión y el acierto, con la llegada de la democracia, de anticiparse y ponerse a la misma altura que las que invocaban derechos históricos, especialmente Cataluña y el País Vasco. Los últimos cuarenta años Andalucía ha gozado de una innegable transformación, siembre bajo el paraguas de una Junta socialista, a la que se le pueden criticar muchas cosas pero no la legitimidad de sus resultados electorales ni su habilidad en no haber dejado hueco a otras opciones políticas.
El poder se refleja donde se gobierna y es curioso que este 28F acuda a Sevilla Pedro Sánchez, después de que la presidenta Díaz se excusara de acudir a un comité federal en el que su secretario general sacó adelante un reglamento con el que los barones regionales ven limitados sus poderes frente a Ferraz y las bases. Díaz afronta esta celebración con cierto optimismo. Alguna de sus últimas acciones políticas como la gratuidad de las matrículas universitarias o la vuelta a las 35 horas de los funcionarios, a pesar del revolcón en el Constitucional, manifiestan iniciativas que antes no se habían visto y una generalizada aceptación.
Esta semana hemos sabido que la administración autonómica, tras cumplir por quinto año consecutivo los objetivos de déficit y ofrecer datos positivos macroeconómicos, está en disposición de abandonar la tutela del Fondo de Liquidez Autonómica (FLA), con el que el gobierno ejerce de banco con las comunidades, y ser capaz de salir a los mercados y financiarse de manera más barata. Además, el año pasado Andalucía consiguió ser la segunda comunidad exportadora de España y hay un indicio importante, también por vez primera, al percibirse un cambio de modelo productivo al desbancar la aeronáutica al aceite de oliva en las ventas al exterior, cuando éstas también alcanzan su mejor registro histórico. El reto sería rentabilizar esa tendencia con resultados que hagan disminuir notablemente el paro, problema secular de esta tierra que ni desde el autogobierno se ha sabido afrontar.
A Rajoy, en cambio, la economía como motor de apoyo electoral le vale de poco según las encuestas. Además, si los ciudadanos de más edad, los jubilados, gran base de su sustento en las urnas, se levantan en armas ante la exigua subida del 0,25 por 100 de sus pensiones, lo tiene crudo. Sería el momento apropiado para que hiciera una amplia remodelación del Gobierno y diera los impulsos que este país necesita. O no, como dice el propio Rajoy. ¿No les parece?

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