En clave de Luna (microrrelato de una despedida)

En clave de Luna

Sonaba de fondo la voz lábil de Nick Drake en los auriculares de Paula. “I saw it written and I saw it say”. Hacía mucho frío aquella madrugada de enero en la estación de Santa Ana. El sol, aún oculto tras la Peña de los Enamorados, la roca con forma de corazón que da sombra a Antequera, teñía la atmósfera de color vino y la Luna llena de rosa y amarillo apagado. Paula recordaba el calor de sus labios y el roce de sus manos. El olor del mar. El brillo de su mirada mientras la abrazaba. Mientras la amaba.

“Pink moon is on it’s way”. Apenas faltaban cuatro minutos para que llegara el primer tren. El que iba de Málaga a Madrid. El que toman los madrugadores y los arrepentidos. El tren que nunca espera. Donde las desilusiones viajan en ‘business’ y las emociones y los besos robados en clase turista. En el andén solo estaba ella. Y el tren, que ya se aproximaba con demasiadas prisas. Un poco más lejos, varias sombras que se despedían con un beso en la mejilla. La liturgia del adiós. Del adiós efímero. De un viaje de veinticuatro horas con billete de ida y vuelta.

No llegaría. Lo sabía. Nunca llegaría. Lo había visto en las películas. Y en las novelas de Tellado, esas que leía su madre de forma compulsiva cuando le faltaba el cariño. Sí, todo empezó y acabó a las menos cuarto. Cuando él la besó, cuando él se despidió… para siempre. Un minuto (sesenta segundos). Una vida.

Entonces Paula alzó la vista. El cielo, cuarteado por las catenarias como si dibujaran una partitura, sonaba frágil en clave de Luna. Como la voz de Nick Drake. “Yeah, it’s a pink moon”.