Ser especialmente tonto

“El truco para ganarse la reputación de ser bueno,

un premio muy valioso, es ser realmente bueno.

Ningún método más barato funcionaría mejor

(aunque la evolución sigue adelante)”

D.C. Dennett

 

Dicen los científicos que vivimos entre el determinismo natural y el indeterminismo cuántico; entre la estabilidad que procede de los hechos regulados por las leyes fundamentales de la física y la inestabilidad que caracteriza el comportamiento variable de determinados sucesos subatómicos. Entre el condicionamiento impuesto por agentes externos a nosotros y el ejercicio de la propia libertad.

Aunque no lo crean, en esto pensaba mientras que algunos asistentes a la reciente charla de Toni Nadal le hacían preguntas relacionadas con su experiencia como entrenador de Rafa Nadal.

También recordaba una frase que, un día antes, había subido a Twiiter tras finalizar una sesión de duatlón: “poner rumbo a un destino cierto exige afrontar la incertidumbre de lo esperado y la certeza de lo inesperado”.

Les explico este circunloquio: la reciente conferencia de Toni Nadal giró en torno a los valores y herramientas que, como entrenador, ha usado para moldear y modelar la técnica de su sobrino pero, sobre todo, para forjar un carácter y una personalidad que hoy cientos de miles de personas admiran y sus directos competidores temen.

De forma resumida, esos principios los clasificaría en dos grandes grupos. El primero relacionado con la capacidad para racionalizar lo sucedido y afrontar fríamente nuevos retos: usar la lógica; analizar las estadísticas propias y las ajenas; aplicar el sentido común para la toma de decisiones; tener en cuenta la experiencia para crecer sobre los errores y sobre los aciertos; actuar con sencillez, con simplicidad, estrategias más complejas llevan al absurdo; trabajar en equipo, aunar los esfuerzos y capacidades de cada miembro respetando las aportaciones que cada uno realiza para alcanzar el objetivo común de ganar; cuidar los detalles, estar atento a los gestos y pormenores que pueden ayudar a engrandecer la imagen propia, y a los del competidor para anticiparse a sus debilidades o a su exceso de fortaleza; y el respeto hacia cualquier contrincante, cualquiera que sea su nivel.

Y en segundo lugar, agruparía el resto en el ámbito donde no entra la razón, sino la emoción y esa capacidad humana de anteponer valores alejados de la comodidad y el egoísmo (que no necesitan explicación pues se expresan por sí mismos): humildad, proximidad en el trato, tenacidad, voluntad, ambición, superación, nunca desfallecer, disfrutar de lo que se hace.

Supongo que hasta aquí, estimado lector, pensará que algo parecido ya ha leído o escuchado de otros entrenadores o deportistas que han logrado grandes victorias o alcanzado retos que muy pocos pueden presumir de haber realizado. Y lleva razón, hay elementos comunes a todos ellos que les hacen grandes, pues de lo contrario no lo hubieran conseguido. O la “evolución”, a la que alude D.C. Dennett al principio de este artículo, les habría puesto en una posición diferente.

Me gustaría destacar tres frases y una reflexión de Toni Nadal. Las frases: “el sentido de la responsabilidad nos ayuda a gestionar las cosas que dependen de nosotros”, “el aguante nos ayuda a gestionar la adversidad, lo que no depende de nosotros” y “siempre hay que estar dispuesto a hacer cambios”. Por ello les hacía referencia a mi tuit del día anterior. Porque cuando nos ponemos un objetivo es porque sabemos dónde está y presumimos saber lo que nos va a costar alcanzarlo. Pero en el camino vamos a encontrar que lo que dábamos por cierto puede comportarse de manera diferente aunque lo conociéramos suficientemente bien, y que ello será similar a la sucesión de hechos claramente inesperados que nos pondrán al límite de nuestras fuerzas.

Sólo hay tres formas de afrontarlo: con responsabilidad, asumiendo los errores; con resiliencia, aprovechando cada revés para avanzar con más fuerza; y con la suficiente flexibilidad para cambiar lo que ya funciona bien para que el resultado sea aún mejor.

O como dijera S. Godin: “si no estás dispuesto a hacer nada al respecto, mejor no desperdicies tus energías deseando lograrlo”.

Y para finalizar, la reflexión: “la única forma de sentirse especial es siendo especialmente tonto”. Nadie, por muy bueno que sea en su especialidad, es un ser especial, superior al resto de sus congéneres. Esto es algo que no precisa aclaración y es aplicable tanto al terreno personal como al empresarial.

 

José Manuel Navarro Llena

@jmnllena

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