¿Pod(R)emos?

Salvando las diferencias “socioculturales y económicas” que pueda haber entre los diferentes países con tradición democrática más o menos consolidada, lo que es común a todos es la necesidad que tienen sus partidos políticos de convencer a los votantes de ser ellos los más idóneos para dirigir el destino de sus conciudadanos. Y para esto, en el mejor de los casos, hacen gala de sólidas estrategias para ganarse la confianza del elector.

Estrategias que, en buena lógica, deben ser consecuencia de un marketing político sustentado en otras disciplinas como la sociología, psicología social, ciencia política y, cómo no, la comunicación. Algo que, a pesar de las discrepancias que convencionalmente surgen entre especialistas, es la base de cualquier aplicación del marketing a otras áreas (cultural, turística, deportiva, ambiental, social, etc.), aunque con matizaciones en función del “producto/servicio a vender”.

Si recordamos las P’s que intervienen en cualquier estrategia de marketing encontraremos que, en el ámbito político, el Producto es la conjugación entre ideología y el líder del partido que personaliza su traslación a un programa electoral concreto; el Precio es el valor intercambiado, o sea el voto; la Publicidad y Promoción son todas las tácticas para hacer llegar el discurso al ciudadano de forma clara y convincente (storytelling); la distribución (Placement) es todos los canales directos e indirectos para acercar su mensaje; los Procesos son los mecanismos internos para mantener la cohesión de los afiliados en torno al proyecto electoral y su candidato, junto a una férrea disciplina de partido; las Personas son (o deberían ser) el foco central sobre el que se construye la propuesta electoral para mejorar su calidad de vida y preservar sus derechos fundamentales; y los Principios son los valores éticos derivados de la propia ideología que defiende.

Todo esto debe estar apoyado también en inteligentes sistemas de investigación y segmentación, marketing interno, marketing de guerrilla y, gracias a las nuevas tecnologías, marketing digital y social media marketing. Herramientas y recursos, en definitiva, puestos al servicio de la esperanza de los ciudadanos de abrazar un proyecto político que defienda su futuro.

Les traigo esto a colación del nacimiento del partido Podemos y de las reacciones que está provocando en sus adversarios políticos, todo ello en el más rancio de los estilos y estratagemas que cabría esperar en el siglo pasado, no a las alturas del siglo XXI en el que nos encontramos.

Cuando en marketing hablamos de aglutinar los talentos de empresas y consumidores para generar nuevos espacios de relación en los que los segundos intervengan en el proceso de creación y producción (“prosumidores”), cuando cedemos el poder de decisión a los clientes ubicándolos en el centro de la estrategia empresarial, cuando ponemos en valor las nuevas tecnologías y las posibilidades que ofrecen las redes sociales para estar atentos a la generación de nuevas tendencias, cuando abrazamos iniciativas como el procomún para generar beneficios directos a la sociedad, cuando avalamos los procesos de coworking y le damos la vuelta a los procesos creativos más allá del puro pensamiento lateral, … estamos queriendo revolucionar los métodos y sistemas tradicionales para organizar innovadores mecanismos de relación y de crecimiento, en los que haya tres principios básicos: Responsabilidad, Respeto y Sostenibilidad.

De todo ello, lo asombroso es que los partidos sólo se han apuntado al carro de las redes sociales como la panacea del marketing político. Aunque lo más importante no es esto sino la renovación de los principios ideológicos que los sustentan y la innovación en los procedimientos de consolidación interna y de representación de los poderes que sus afiliados les confieren. Es desesperanzador asistir al empeño en mantener las etiquetas decimonónicas que enfrentan a socialistas con capitalistas, izquierdas con derechas, progresistas con conservadores, etc., cuando lo que quiere la sociedad es una propuesta totalmente distinta, que les garantice igualdad y progreso.

En marketing usamos el término relevancia combinada cuando seleccionamos lo mejor de dos productos o dos procesos para crear algo distinto que ofrezca una solución innovadora y diferencial, además de satisfacer las necesidades esenciales que de forma independiente cubrían por separado. En el terreno político y económico estamos en el momento clave para que surja un sistema híbrido que aúne lo mejor del capitalismo y del socialismo para definir otro paradigma con el que el mercado crezca simétricamente en base a la búsqueda del beneficio común y del mantenimiento de las identidades individuales.

‘Podemos’ está perdiendo la oportunidad de crear ese nuevo paradigma, apoyándose en las esperanzas e ilusiones de unos ciudadanos que reclaman una revolución político-económica que cree un modelo alejado de los caducos sistemas ya conocidos, que sólo han aportado corrupción, desigualdades y desconfianza. Pero se les ve perdidos, usando las mismas armas e inercias que aquellas formaciones que tanto critican.

Francamente, sería una pena que la esperada frescura de innovar en el terreno económico y político volviera a caer en las fauces de los mismos modelos agotados e incapaces de aportar valor a la sociedad, sean de color que sean (si es que con algún color hubiera que etiquetarlo).

 

José Manuel Navarro Llena

@jmnllena

1 Comentario

  1. No es fácil innovar en ideología ni en sistemas de democracia. De hecho las innovaciones que nos llegan no son más que una vuelta al pasado con las técnicas del futuro. Yo no veo frescura en un movimiento surgido del hastío. Pero con personas como el autor de este blog, se podría intentar.

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