Más allá de la ecología.

En el momento de escribir este post, dos noticias han teñido la prensa del día destacando, a mi juicio, entre la rancia uniformidad de la información política y económica a la que tan acostumbrados estamos.

Empecemos por la mala. Muy difícil de calificar y de describir. Aun esperando que sucediera, la destrucción de uno de los santuarios de Palmira esta semana por los combatientes de EI viene a subrayar la barbarie extrema a la que son capaces de llegar, no sólo cometiendo actos execrables e inhumanos contra cualquier persona que no comparta su doctrina, también eliminando rastros de la historia y la memoria de culturas y sociedades que han sido el origen de la civilización que hoy compartimos.

No se trata de poner en una balanza la vida de un ser humano y la de un resto arqueológico para determinar qué tiene más trascendencia o qué debe afectarnos más. La comparación es tan inútil como imposible. No son equiparables. Ambos producen estupor, rabia, odio, deseo de justicia (o de venganza)…, pero en planos diferentes de nuestra animadversión ante tales brutalidades. La vida de una persona es única y, por tanto, inviolable y sagrada. Y el resultado de ella a través de la cultura, el arte y el pensamiento, también debería serlo pues trasciende la propia vida de un individuo e impregna y favorece el crecimiento y perfeccionamiento de las que la suceden.

La segunda noticia, en el extremo opuesto, recoge el dictamen de la justicia holandesa en el que ordena al gobierno de su país a reducir en un 25% la emisión de gases (CO2) causantes del efecto invernadero, para el año 2020. Lo destacable es que el fallo judicial se produce a partir de la demanda de una ONG, Urgenda, respaldada por un conjunto de ciudadanos preocupados por la laxa legislación europea actual sobre política medioambiental, que marca una reducción del 16%,

De esta manera, se crea un importante precedente protagonizado por la sociedad civil, concienciada por la vulneración de los derechos humanos respecto de las consecuencias que está teniendo el cambio climático y la escasa voluntad política de los gobiernos por ponerle freno, sea a nivel continental o mundial. No han esperado a cumbres medioambientales para acudir a los tribunales y reclamar el derecho a preservar la salud de los habitantes de la Tierra. Y los jueces les han dado la razón en dos meses.

Este fallo sienta jurisprudencia para que el resto de países hagamos lo mismo. La carrera la ha iniciado Urgenda, pero el testigo que ha levantado debe ser recogido por los ciudadanos que poblamos el resto de países de este planeta para que se actúe en el mismo sentido.

Entre ambas noticias, un abismo. Una muestra la crueldad de la sinrazón y la reducción de una ideología o religión a la práctica del terror y la falta de respeto por la vida (en todas sus dimensiones). La otra dignifica el carácter altruista de las personas y evidencia que la conjunción de voluntades para alcanzar objetivos que beneficiarán a toda la sociedad es más valiosa que los intereses de una economía y una política ciegas y cortoplacistas.

Y sobre las dos noticias, la Carta Encíclica Laudatio Si’ del Papa Francisco. Causa original de la redacción de este artículo. No como una reflexión en clave religiosa, sino desde un análisis “marketiniano”. Espero no se sorprenda: detrás del marketing también hay filosofía. Y si despojamos del carácter religioso la redacción de la encíclica, encontramos una visión estratégica impulsada por Jorge Mario Bergoglio, basada en una filosofía medioambiental que recoge líneas del idealismo, del existencialismo, del estructuralismo e incluso del pragmatismo, para hilvanar un discurso sólido, comprometido y esperanzador (si además de ser leído su contenido, es aprehendido y secundado).

Este documento parte de un principio fundamental: “Nada de este mundo nos resulta indiferente”. A partir del reconocimiento de cómo estamos integrados en la naturaleza, procedemos y formamos parte del propósito común de los procesos evolutivos, podremos saber qué papel representamos en la actualidad y qué queremos ser en los próximos años, o dejar en herencia a nuestros descendientes.

Los desafíos a los que nos enfrentamos son de varios órdenes: ético, económico, político, tecnológico, patrimonial, cultural, científico… Y las fuerzas competitivas a las que debemos prestar atención no están fuera de nuestro ámbito de decisión ni de interlocución, sino dentro de nosotros mismos y de nuestra capacidad para anteponer la ambición desmedida y egoísta frente a la búsqueda del bien común.

Laudatio Si’ explora cómo podemos crear, distribuir y añadir valor a los procesos que implican nuestra relación con el medioambiente frente a la actual y triste realidad en la que nos esforzamos por destruir, expropiar y acumular riqueza unos pocos para empobrecer y esquilmar a la gran mayoría.

Pone de manifiesto nuestras debilidades y fortalezas. También las terribles amenazas que nos acucian. Pero también las oportunidades que aún tenemos. Y todo ello lo resumen en un claro diagnóstico: los desiertos exteriores se multiplican en el mundo porque se han extendido los desiertos interiores”.

Quizá Estemos en el momento de descubrir y mejorar nuestros oasis interiores.

 

José Manuel Navarro Llena

@jmnllena

 

2 Comentarios

  1. Me parece excelente el artículo , ojalá nos sirva de reflexión para empezar a poner en práctica todas las buenas intenciones que se plasman en la escritura.
    Parece mentira que no se puede poner freno a las estupideces humanas de unos cuantos desalmados que están destruyendo lo mejor de nuestras antiguas civilizaciones, estoy pensando en Palmira, Alepo, que tuve la suerte de conocer in situ y de tantos otros lugares que nunca mas se van a poder ver.el mundo está perdiendo sus valores interiores , y que se puede esperar entonces?

    1. Gracias Sacri por tus palabras.

      Lo más triste y lo que más frustración causa es que se sabe quiénes son, dónde están, qué van a hacer, cómo y cuándo, … y sin embargo se les permite.

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