Refundar las cajas de ahorros

Habrá quien piense que ya no tiene sentido refundar las cajas de ahorros, que su tiempo ya pasó, que su esquema decimonónico ya no tenía cabida en nuestro modelo de sociedad. Que la crisis ha puesto de manifiesto sus debilidades y su imprudencia al inflar la cartera de activos inmobiliarios con operaciones especulativas “sobretasadas”. Que la corrupción política encontró terreno abonado para “sacar tajada” al haberse infiltrado en sus órganos de gobierno con el único ánimo de manejar sus beneficios para fines partidistas o de enriquecimiento personal. Y que el desenfrenado esfuerzo del banco central para promover la concentración financiera fue la excusa perfecta bajo el supuesto de incrementar el tamaño de las entidades para garantizar su solvencia, para dejar a un lado las cajas de ahorros y su modelo de negocio.

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No les voy a recordar la historia de esas instituciones, cuyo nacimiento estuvo ligado a las Casas de Misericordia y Arcas de Limosna hace más de cinco siglos y, en el siglo XIX, a los Montes de Piedad. Para ello, les sugiero consulten los artículos y publicaciones de diversos autores y, en especial, del catedrático de historia contemporánea Manuel Titos. Quien puede hablar de ellas no sólo por haberlas investigado sino, más importante, por haberlas conocido y vivido desde dentro. Experiencia que compartimos en algunos momentos de la historia de una de ellas. Muchos de ustedes saben cuál.

Pero sí les voy a recordar que entre sus principios fundacionales estaba su carácter social, por el cual devolvían a la sociedad parte de sus beneficios a través de diversas aportaciones para cubrir necesidades y carencias de índole asistencial, cultural, educativo…, de las localidades donde tenían presencia. Carecer de accionistas, de “propietarios”, fue durante mucho tiempo una ventaja competitiva y, finalmente, la puerta de entrada para que se colase la ambición desmesurada de directivos/políticos jugando a ser banqueros sin tener la preparación ni la experiencia exigidas.

A ello se sumó la laxitud auditora de las instancias reguladoras y la insaciable voracidad de la gran banca, esperando recoger las migajas del desmembramiento generalizado de las cajas a través de fusiones ficticias y forzadas, absorciones encubiertas, adquisiciones exprés, reordenación desordenada y, en resumen, la mayor concentración financiera de la historia de este país. La cual, además, ha necesitado de la aportación “mil-millonaria” del estado para salvar la situación con la esperanza de recuperar un dinero que se ha colado por las “alcantarillas”. El gobierno da por perdida casi la totalidad del dinero aportado para el rescate bancario realizado a través del FROB y, en cambio, no repara el futuro desalentador de las familias empobrecidas ni le importan las decenas de miles de puestos de trabajo del sector que se han perdido hasta la fecha y los que se perderán en los próximos meses.

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Antes del proceso de reestructuración financiera, las cajas tenían más del 50% de la cuota de mercado en depósitos y una cifra muy similar en activos financieros, y destinaban más de 2.000 millones de € a actividades de su obra social. Hoy han desaparecido prácticamente del mapa financiero y lo que es no se cuenta: han perdido el talento, la experiencia y las capacidades de decenas de miles de empleados que no han dado el relevo ni han transferido el conocimiento a nadie de su anterior empresa.

Esto es muy grave porque estos activos, los empleados, han sido menospreciados como intangibles válidos para aportar valor y solidez a sus entidades y han sido tratados como recursos prescindibles para aligerar la cuenta de resultados recortando la cifra de gastos de explotación. Alguno de ustedes pensarán “qué afortunados” han sido los “prejubilados”, los aliviados en ERTE’s privilegiados o los despedidos con importantes indemnizaciones. Pero no se equivoquen, el dinero no compensa (como en cualquier situación similar) los años de esfuerzo, dedicación y aprendizaje para terminar engrosando las listas del paro o del “limbo loaboral” al que se ven abocados.

Lo que me fascina de esta situación es que se desprecie tanto talento especializado en diferentes áreas de la organización mientras el mercado financiero sucumbe cómplice ante la banca más tradicional y especulativa que hemos conocido. Por una parte asistimos a la fastuosa apuesta de los bancos adquiriendo start-up tecnológicas y respaldando el talento joven mientras que, por otra, el talento experimentado pasea las calles en busca de oportunidades que les permitan dignificar su pasado y sus conocimientos.

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A nadie se le ha ocurrido invertir en esas personas. Por ello, creo que es importante buscar la forma de que se asocien para poner en marcha un nuevo modelo de caja de ahorros basado en sus objetivos primigenios aunque a medida de la sociedad actual, más tecnológica, colaborativa y sensible al trato al cliente. Se abren oportunidades para cambiar el sistema conocido aprovechando normativas ya existentes como la de las cooperativas de crédito o las entidades de dinero electrónico, y mecanismos para aportar el capital fundacional a través de plataformas de crowdfunding. La tecnología es la gran aliada y el extenso conocimiento de estos profesionales puede darle forma para refundar estas entidades para beneficio de la sociedad.

Yo apuesto por ello. ¿Y usted?

José Manuel Navarro Llena

@jmnllena

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